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La Voz de Gran Canaria

Opinión

Aborígenes machacados

Aborígenes machacados

ANTONIO CACEREÑO

El Ayuntamiento de Gáldar acaba de dirigirse al Gobierno de Canarias y al Cabildo de Gran Canaria para que hagan todo lo posible de cara a que el Museo Canario le devuelva las piezas arqueológicas que se han extraído de los principales yacimientos aborígenes del municipio, que no son pocos. Se trata de una iniciativa que coincide en el tiempo con la reivindicación del Cabildo de Tenerife para traerse al Archipiélago una momia guanche que se exhibe en el Museo Nacional de Antropología y a la que también se le ha tratado de buscar algún tipo de paralelismo -que particularmente no acierto a encontrar- con las reivindicaciones catalanas respecto a una parte del archivo general de la guerra civil, con sede en Salamanca.

La verdad es que mientras en el caso del Cabildo de Tenerife uno de los argumentos que se esgrime está relacionado con lo que supone de canallada que a uno lo saquen de donde le han enterrado y lo exhiban por ahí en plan ´pasen y vean, aquí la mujer barbuda y más allá el hombre elefante´ y tal, en el caso de Gáldar da cierta grima que quienes componen tan norteño ayuntamiento no se preocupen por mejorar lo que tienen más que pedir lo que de momento parece a buen recaudo independientemente de esté donde esté.

No hay más que darse una ligera vueltecilla por algunos de los yacimientos del municipio, de la comarca y del conjunto de la isla de Gran Canaria para comprobar el grado de degradación en la que se encuentran sitios que fueron sagrados no tanto para nuestros antepasados sino para quienes vivieron antes que nosotros por aquí.

Resulta vergonzoso ver desde condones hasta latas de cerveza, no ya por los alrededores, sino en el interior de algunos de los túmulos que albergaban los cadáveres de los miembros de un colectivo desaparecido y en la práctica sodomizado por el progreso. Ahí están los no pocos enterramientos encontrados al paso de las carreteras con las que se colonizó ese sur turístico de Dios esperando por un lugar más digno que la triste nave de tres al cuarto que los cobija. La falta de respeto que demostramos hacia los vestigios que dejaron esos tipos no deja de ser una evidencia más de esa idiosincrasia tan nuestra de no ser nada, no querer nada, no respetar nada. Nada de nada.

En torno a la Cueva Pintada

En torno a la Cueva Pintada

NICOLÁS GUERRA AGUIAR

Uno de los más exitosos poemas de Pedro Lezcano es el de "La maleta", la que usaron abuelos y padres canarios para escapar como emigrantes camino de las Américas, única salida a hambres, miserias, desesperaciones... La prepara, dice, porque abandonados el servilismo a los chonis y la agricultura, ya no le queda nada. Además, se rumorea que llegarán a las Islas fuerzas militares con alambradas para los horizontes, con nidos de muertes en las fincas, con cambios de timples por tambores de guerra... Por otra parte, añade, se comerciaba con su tierra canaria, sus costas quedaban a merced de capitales extranjeros:

Vi vender nuestras costas en negocios
que no hay quien los entienda:
vendía un alemán, compraba un sueco
¡y lo que se vendía era mi tierra!

Y aunque Pedro era consciente de las limitaciones literarias del texto, quedó sorprendido del profundísimo impacto que sus versos produjeron -eran otros tiempos- en mentes y pensamientos de quienes -desde el amor a la paz y al terruño- los hicieron suyos y le pedían, una y otra vez, que recitara el poema, que lo repitiera, que lo pregonara por caminos y escondrijos de las Islas, toda vez que encerraba en sus voces un despertar del pueblo, quizás errante, limitado, pero consciente de que algo muy importante estaba en juego: su propio futuro.

Permítame, estimado lector, que haga míos aquellos versos de Pedro ("Mis palabras son de todos, / si no, ¿para qué las quiero?", escribió en "Que no me pida licencia") para entrar en un tema que se ha vuelto discutido -¡después de veintitantos años de silencio!-, como es el de la Cueva Pintada de Gáldar, a muy poco de su inauguración.

A la vista está que hubo naturales -por humanas- fricciones de protagonismo, de acumulación de méritos, de discusiones sobre qué logotipos y de qué instituciones han de primar en fachadas, cristaleras, paneles, huecos y sombras de aquel inmenso -pero limitado- espacio arqueológico, testigo mudo de mi nacimiento, infancia y primera juventud. Así, la señora Xerach, viceconsejera cultural autonómica, argumentó incumplimiento de una cláusula, la referida a que deben figurar los nombres de aquellas administraciones e instituciones colaboradoras (Unión Europea, ministerio de Cultura, Gobierno de Canarias, Cabildo grancanario y Ayuntamiento galdense, aunque este más bien se ha caracterizado como invitado de piedra).

Pero tampoco han llegado al acuerdo sobre la fecha de inauguración: dice el Cabildo que será el 26 de julio de este año. Sin embargo, desde más arriba se rebate: dependerá de las coincidencias en las agendas de los presidentes autonómico e insular ("si no el 26, será el 27, o el 28, o en septiembre"). ¿Y qué dice el Ayuntamiento galdense? ¿Sigue de convidado de piedra?

Como último ejemplo de desajustes institucionales, el Cabildo era partidario de que no se hicieran públicas imágenes de su interior antes de la apertura. Pero hete aquí que la señora Xerach se presentó hace días acompañada de cámaras, periodistas. En definitiva, sólo un punto de coincidencia entre ambos organismos: que el yacimiento se encuentra en Gáldar, ¡menos mal!

Pero recuperando los versos de Pedro Lezcano, y al hilo de lo expuesto, podríamos plantearnos aquellas palabras del hipotético emigrante: en estas cosas no hay quien entienda, pues discuten las consejerías del Cabildo y del Gobierno de Canarias. Y el Ayuntamiento de Gáldar, y el pueblo de Gáldar democráticamente representado en él, como dueños de aquella tierra, de aquel monumento, callan, silencian sus palabras, ocultan sus pensamientos (si es que tuvieran algo que decir). ¿Acaso no existen una concejalía de cultura, un pleno formado por veintiún concejales, un alcalde, para que se cuente con ellos, para que opinen, para que todos los partidos sean incluidos en los comités que deciden sobre un patrimonio universal que se asienta en tierras cebolleras, que forma parte de su Historia, la que nuestros ascendientes hicieron? ¿Acaso el PSOE galdense y el BNR no representan al pueblo?

Meritoria labor, por supuesto, la realizada económicamente por tantas instituciones durante tantos años (Europa, Madrid, Canarias, Cabildo -sobre todo el Cabildo-, ¿Ayuntamiento?). Como canario, me siento orgulloso de que la Cueva Pintada se encuentre en Canarias. Pero tratándose de tantas administraciones, y desde hace tantos años, la verdad es que también me gustaría saber en qué se emplearon tantos presupuestos, quién maneja el listado de tantas inversiones multimillonarias. ¿Saben algo el Ayuntamiento, el Cabildo, Cultura, el ministerio?

Es normal que en vísperas de elecciones los méritos de la Cueva Pintada, de su recuperación, del recinto arqueológico, quieran ser monopolizados. Pero lo que me sorprende -con todos mis respetos- es que el Ayuntamiento de Gáldar permanezca en el silencio más absoluto, como si no le fuera nada con aquel espacio, recinto de nuestro ayer. Hace días reclamó -con apresuramientos- lo que el Museo Canario ha sabido conservar. Hoy, sabiamente, reduce sus pretensiones: se impuso la cordura. Pero sigue sin decir nada de La Guancha, La Furnia, Barrio Hospital, colecciones privadas...

Carta abierta al grupo de gobierno de Telde

Carta abierta al grupo de gobierno de Telde

JOSÉ CARLOS MARTÍN PUIG

El Ayuntamiento de Telde no paga. Esa es, a día de hoy y desde hace muchos meses, la principal preocupación de cientos de padres de familia que, profesional o empresarialmente, firmaron contratos para la provisión de bienes o la realización de obras y servicios, creyendo que lo hacían con una entidad seria, solvente, dirigida y gestionada por personas responsables y cabales. Esa entidad que no nos paga es la misma administración local que nos exige caros impuestos como ciudadanos, como comerciantes o como empresarios; la misma que nos recarga abusivamente si nos demoramos en nuestras obligaciones. La misma que, sin embargo, en un ejercicio de falta de vergüenza de sus responsables, no paga o lo hace tarde y mal, que pone pegas al cobro de los intereses de demora que van acumulando sus deudas; la misma que está contribuyendo a hacer quebrar a decenas de pequeñas empresas y a destruir cientos de empleos directos e indirectos.

Después de tres años en el gobierno, de mil días para tomar decisiones efectivas al respecto, personalmente no me valen las excusas de la deuda anterior. No me valen porque he visto mucho dinero para el bombo y platillo, mucho proveedor amigo que cobra puntual y religiosamente, pero sobre todo porque he visto poco interés por hacer los deberes, por tomar decisiones de altura. Pero no sólo ha faltado el dinero. Ha faltado la educación para sobrellevar dignamente esto. En su lugar han brillado el desprecio, la desidia y el toreo con que algunos funcionarios y muchos cargos de confianza han tratado y siguen tratando a los proveedores. Una falta de educación y saber estar extendida entre unos concejales que ni reciben, ni dan la cara, ni se ponen al teléfono, demostrando con ello quedarles grande lo de cargos públicos. De poco sirve, pensamos muchos, una alcaldía con las puertas abiertas, si desde sus delegaciones se ningunea a ciudadanos que exigen también su derecho a cobrar lo que han trabajado honrada y diligentemente.

Problemas como éste no se afrontan con palmaditas en la espalda o sonrisas estudiadas, sino con soluciones materializadas por la vía de urgencia. Conductas como éstas no llaman a la confianza y sí a la desobediencia fiscal y hasta civil si me apuran, a poco que lo juntamos con el llamado Caso Faycán. Prácticas como éstas no llaman a votar precisamente, sino a querer botarlos a todos de las instituciones, por incapaces. Invito al señor alcalde a que investigue con qué criterios arbitrarios se está pagando a unos proveedores y a otros no. Invito al señor alcalde a que investigue si esas prácticas pudieran ser constitutivas de delito, no sea que pronto tenga que acudir ante un juez y sólo pueda decir que oyó algún rumor en la prensa. Invito a los y las concejalas a no sentirse estrellas y si tienen que ganarse experiencias positivas, lo hagan tratando a los ciudadanos con el respeto que merecen y haciendo el trabajo por el que cobran, con diligencia. Dice el refranero que, a buen entendedor pocas palabras bastan y que quien avisa no es traidor, sino avisador. La vergüenza está muchas veces unida a la inocencia, pero no se confundan, aquí lo que falta no es inocencia sino vergüenza.

Fenómenos inexplicables o la sanidad en Gran Canaria

Fenómenos inexplicables o la sanidad en Gran Canaria

TERESA CÁRDENES

En materia de gestión pública hay cosas previsibles y otras perfectamente incomprensibles. La destitución sin conflictos previos y sin explicaciones por parte de Sanidad de la directora gerente del hospital Doctor Negrín, Evelia Lemes, no sólo sorprendió ayer al grueso del personal y la escala de jefes intermedios de este centro sanitario, sino a observadores externos que, desde los órganos de control del Ejecutivo, no encuentran lógica alguna al relevo decidido por el equipo que dirige María del Mar Julios.

Sanidad se parapetó ayer en la argumentación de "motivos personales" para explicar una supuesta renuncia voluntaria de la doctora Lemes. Que ni es voluntaria ni guarda mucho menos relación con razones personales. En medios parlamentarios se extendieron ayer otras hipótesis como desencadenantes del sorprendente relevo.

En primer lugar, el hecho de que la destitución de Lemes se hiciera coincidir con el cese del responsable financiero del hospital, Pedro Justo, que, según estas mismas teorías, estaba desde hace meses en el punto de mira del responsable de Recursos Económicos de Sanidad, Alberto Pazos, aparentemente por una razón tan peregrina como su supuesta vinculación a Román Rodríguez y sus gentes de Nueva Canarias.

En segundo lugar, una también presunta falta de química entre la consejera Julios y la doctora Lemes. El resultado, sin embargo, no deja de sorprender. Todas las comparaciones son odiosas, y en este caso, además, surrealistas. Tiene Gran Canaria un complejo hospitalario, el Materno Insular, perpetuamente instalado en el conflicto: si no son las matronas, son los pediatras de urgencia, pasando por los amotinamientos de pacientes, que de todo se ha visto en los últimos tres años.

En contraste con esa imagen de desgobierno, el Negrín se ha dibujado ante la opinión pública como un hospital que funciona, sin aspavientos ni conflictos internos que pasen factura en términos de bienestar de sus pacientes. Con el añadido de ser el único de Canarias que ha sido capaz de reducir de manera efectiva sus listas de espera.

Pero Sanidad consiente lo primero y castiga lo segundo y encima oculta las causas, en un gesto necesariamente incomprensible para los administrados, que no entienden ni de químicas ni de politiquerías, y menos si se trata de salud.

Otro ovillo de negligencias en Telde

Otro ovillo de negligencias en Telde

TERESA CÁRDENES

El caso de los 26 dúplex de Telde afectados por un expediente de demolición por invadir dominio público de Costas es elocuente de cuánto puede costar a un ciudadano la diligencia o la laxitud de las administraciones públicas en el control de lo que se puede hacer y lo que no al amparo del boom de la construcción.

Un Gobierno que reclama respetar la distancia mínima frente a la línea que marca el mar, un ayuntamiento autista que pese a todo otorga la licencia de obras, un promotor que ejecuta el proyecto y vende de las casas y 26 familias ignorantes de toda la trastienda que se enfrentan ahora al drama de ser desposeídos de una propiedad en la que, además de mucho dinero, probablemente habrán depositado ilusiones suficientes como para enfermar ahora de los nervios en medio del laberinto.

Un funcionario del departamento autonómico que ha instado la demolición, la Agencia de Protección del Medio Urbano y Natural, invocaba la necesidad de ejecutar la sentencia de derribo de Hoya Pozuelo no sólo porque las decisiones judiciales están para cumplirse, sino para que se visualice con claridad el castigo a los promotores o constructores que no respeten rigurosamente los límites de aquel suelo donde no es posible edificar. Como argumento, impecable. En efecto, tiene que hacer valer la disciplina si alguien se la toma a cachondeo.

En este caso, ¿un ayuntamiento?. Ni desde la aplicación rigurosa de la legalidad ni desde el sentido común es posible entender cómo un gobierno municipal, en este caso el de Telde, no sólo otorga la licencia para una construcción que finalmente invade diez metros de costa, sino que luego es incapaz no ya de paralizar las obras, sino de hacer algo más que limitarse a una simple comunicación a la Comunidad Autónoma. Es esta inacción la que finalmente hace posible que los célebres dúplex en primera línea de mar sean finalizados y vendidos.

El precio del hecho consumado lo acaban pagando los de siempre: los ciudadanos que, en la total ignorancia del suelo movedizo en que compraban su casa, hicieron sus contratos, firmaron sus escrituras y se entramparon con los bancos. Están libres de pecado, pero expiarán las culpas de un ovillo, otro más, de negligencias. (tcardenes@epi.es)

Ciudadanía

Ciudadanía

JAVIER DURAN

La ministra Cabrera ya tiene claro que la asignatura Ciudadanía va a estar en igualdad con Matemáticas y Lengua, y que los alumnos de Primaria y Secundaria van a tener que examinarse de una materia que contiene repercusiones sobre el medio ambiente, los valores constitucionales y la seguridad vial.

El anuncio ha recibido críticas del PP, que ve la novedad como una especie de adoctrinamiento para la creación de una especie de juventudes del socialismo ZP, una situación que podría socavar la otra ideologización encarrilada desde los colegios y universidades privadas amamantadas por la corrientes religiosas que acuna el Papa. Sólo hay que mirar desde el balcón de la vida para comprender que el catecismo se ha quedado obsoleto por deseo propio, y que se echa en falta conocimientos que ayuden a interpretar los signos que, precisamente, empiezan a hacerse fuertes en las propias aulas.

Yo diría que destaca entre todos ellos la facilidad con que la burla, el acoso o el derribo al compañero y al profesor pasa de distracción a definitivo: el carácter finalista de la acción. El psicólogo Vicente Garrido hablaba hace unos días del Síndrome del Emperador, y comentaba al respecto un asunto clave: los adolescentes que castigan a sus padres, decía el estudioso, no reciben maltrato alguno por parte de ellos, sólo tienen una gran dosis de egocentrismo y se creen que están por encima del bien y del mal. Finalizaba la entrevista con las 5.000 denuncias tramitadas en 2005 por progenitores que, al parecer, viven aterrorizados por la violencia física o verbal del vástago.

Al oír la noticia de que entraba en vigor la asignatura Ciudadanía sentí, como padre, cierta satisfacción, pues de poco sirve tener las universidades llenas de futuros licenciados con expedientes brillantes, pero sin ganas alguna de emitir una opinión sobre inmigración, el calentamiento de la Tierra o simplemente descuidar su ocio por un día para liberar a sus padres de la carga de un abuelo que no puede valerse por sí mismo.

El escritor Vicente Verdú dedicaba el otro día un artículo a la paternidad y sus agujeros, y hacía constar la incomunicación de los padres con los hijos, que han convertido sus casas en una especie de hostal a la que van para dormir, cambiarse de ropa y comer. Pero lo importante, aclaraba Verdú, es que no ocurre nada, que el sistema familiar no se desestabiliza y que no hay intento alguno por parte de los padres para corregir la situación. La síntesis es que cada uno va a lo suyo y nadie experimenta desazón por la ruptura pasajera o definitiva. Está claro que en los años del silencio pasan muchas cosas de las que sólo suele enterarse el mejor amigo del adolescente: todo depende de él.

El temor es que lo que pretende ser un reconstituyente acabe siendo una materia más, con los mismos ajustes disciplinares de cualquier otra asignatura humanística o científica. Quizás la idea deba ser un esquema acorde con la época. De acuerdo que hay grandes cuestiones que preocupan a la humanidad y sobre las que el alumno tiene que alcanzar un conocimiento. Pero no es menos cierto que la introducción en los planes del nuevo estudio es una oportunidad única para ir más allá y tocar en la puerta de cosas que ahora mismo nos resultan insoportables, sobre todo por no entenderlas: sin ir más lejos, que los móviles graben peleas de compañeros de clase.

Ciudadanía puede convertirse en un libro con un índice que cumplir, o bien puede llegar a ser un buen referente de debate, puede que el único dentro de un amalgama educativa que procura bastantes fracasos, no sólo académicos sino también personales. Me gustaría saber qué profesores o colegios están dispuestos a romper la monotonía, a guardar el cumplimiento de los objetivos en un cajón, dejar a un lado la evaluación prevista y obviar los apuntes, y todo ello para hablar de un aspecto de la actualidad. Seguro que pueden darse sorpresas: o se establece un intenso diálogo, o bien se forma una algarabía de difícil control. Sea lo uno u lo otro, el asunto es que la asignatura, al final, tendrá un examen, y ahí se conocerá hasta qué punto existe un nivel de satisfacción o lo contrario.

Todavía recuerdo que don Gerardo Martinón, el director del Instituto, nos sacaba de la clase para llevarnos a su despacho enmoquetado, con olor a colonia, para oír la voz de Pablo Neruda por los altavoces del aparato de música. El gesto del profesor de Literatura significaba, de cara a nosotros, una muestra de confianza al compartir su espacio de autoridad; también era la distracción, la novedad, frente a la rutina; suponía además una forma diferente de aprender, de oír la voz del poeta, y finalmente todos nos quedábamos un poco transpuestos al ver al elegante don Gerardo envuelto en el humo de su cigarrillo, casi perdido en un espacio que todos queríamos tocar. Seguro, pensábamos, que se trataba del peso de la poesía, de su capacidad de transportar. Ya el resto del día nos parecía un aburrimiento, un insulto para la feroz adolescencia.

Medioambiente, la asignatura pendiente

Medioambiente, la asignatura pendiente

JOSE ANTONIO CHOMON VALLEJO

Con motivo del día internacional del Medioambiente, asistí el domingo a una fiesta- exposición en la finca de Osorio (Teror). Aunque es difícil que la información sobre acciones y agresiones medioambientales me lleguen a sorprender, la magnitud del problema, no me dejó impasible: En uno de los vídeos proyectados se informaba de que en la fabricación de un ordenador se generaba 1 tonelada de residuos y en la de un teléfono móvil, más de 70 kg.

La información en temas medioambientales es primordial a la hora de la protección y conservación de la naturaleza. Se protege lo que se ama y sólo se ama lo que se conoce. Pero, como todos sabemos, la información, la concienciación y la sensibilización no bastan, y son inútiles si no damos algún paso más.
Nadie puede negar el empeño y vehemencia con el que la ministra Cristina Carbona trata de llevar su preocupación por la salud de nuestro medioambiente a todos los ciudadanos. Pero hechos son amores y no buenas razones. Nuestra distancia a Kyoto sigue aumentando.

Sabemos que difícil lo tiene, Sra. Ministra. Romper con la inercia y con la insensibilidad más pública que privada, sobre el respeto al medioambiente y a su legislación, no se consigue en cuatro días. Si el grado de desarrollo de este país sólo se mide en términos macroeconómicos, los entendidos dicen que los gobiernos anteriores no lo hicieron nada mal. Pero si consideráramos el legado que nos han dejado con respecto al deterioro medioambiental, otro gallo nos cantaría.

Sra. Ministra, usted sabe que el medioambiente no es un departamento estanco al margen de las demás actividades. Si el ministerio que usted dirige no está coordinado con los ministerios de industria o comunicaciones, pongamos por ejemplo, de poco o nada servirá su labor. Porque, como usted sabe, ciertas acciones son incompatibles: No se puede defender el medioambiente fomentando el consumismo en los medios públicos de comunicación. No se protege nuestro hábitat natural, permitiendo el sistemático incumplimiento de la ley de costas, sin que nadie pise la cárcel. No se salvaguarda el medioambiente si muchos ayuntamientos incumplen la ley de envases y no son penalizados. No se protege el medioambiente, Sra. Ministra si no se desarrollan las energías renovables, aunque ello lleve consigo un aumento del precio del kwh eléctrico producido. No se protege el medioambiente si resultan más baratos los envases de plástico que los de vidrio. No cuidamos nuestro entorno si la palabra reutilización desaparece de nuestro vocabulario, porque no compensa reutilizar los envases de vidrio el papel, los libros, los CDs... La cultura de usar y tirar debe caer por su propio peso, esto es porque resulte más caro adquirir un producto nuevo que reutilizar el que tenemos.

Sra. Ministra, lo tiene usted muy difícil. Renunciar al consumismo barato es algo que no va a ocurrir de forma espontánea, por mucho empeño y concienciación que se ponga. Nuestra salud y la del nuestro entorno no es una cuestión de mayorías. No podemos hipotecar a las generaciones futuras manteniendo este desaforado consumismo. No puede salirnos gratis cambiar de móvil, simplemente porque no contabilizamos los daños causados por los residuos que generamos. Contaminar debería ser más caro.

La protección del nuestro hábitat es una labor de todos, y especialmente de los poderes públicos. El cumplimiento de los acuerdos de Kyoto no es un fin por el que luchar. Es un compromiso que debemos alcanzar. Y cuidado, Sra. Ministra, que el tiempo se va. Ya sé que, en este país, nadie de los que lo firmaron han hablado de desarrollo sostenible, tal vez porque desconozcan este término. Pero usted, Sra. Ministra, sí lo sabe y no vamos por el buen camino, a pesar de sus esfuerzos y de sus palabras que no dudo en calificar de honestas.

A los ciegos

A los ciegos

FRANCISCO J. CHAVANEL

No se precisa ser un Buchanan de la economía para argumentar lo que es sabido por todos y, sin embargo, rebatido por una serie de lectores que no sé muy bien en qué planeta habitan. Que el manantial del dinero autonómico lo controla ATI desde 1991 me parece que es tan evidente que sobran los comentarios; que esos dineros se han repartido de forma "tan equilibrada" que la locomotora financiera del Archipiélago ha dejado de ser la isla de Gran Canaria para ser sustituida por Tenerife me parece que tampoco necesita de contestación: que ese reparto no hubiera podido hacerse con unos políticos locales vigilantes y responsables, tan ausentes para lo importante y tan presentes cuando se trata de alimentar egos personales, me parece que cae por su propio peso.

Que la Caja de Tenerife era una entidad bancaria enterrada en el subdesarrollo en 1995, y que ahora es la que pita, que desde su consejo de administración nutre de créditos a la élite empresarial chicha, y que dichos empresarios ya están pensando en lanzarse al asalto de Gran Canaria habida cuenta, entre otras razones, de que la Caja de Las Palmas de Gran Canaria ha quedado prácticamente inutilizada por las aberraciones cometidas en ella por los políticos canariones, es una verdad terrorífica, conocida por el who is who local, y que no obstante un cierto grupo de señores no están dispuestos a admitir.

Para este grupo es mucho más operativo insultar a quien lo dice, inventarse datos que no existen, mezclar asuntos contrapuestos entre sí. Entiendo que exista una parroquia que me aborrezca, incluso que me odie. Que todo lo que exponga, escriba, o hable, le parezca motivo de crítica o de cínico sectarismo. Lo entiendo: va en la profesión. No elijo a mis lectores, ni siquiera a mis enemigos. Otro en mi lugar estaría orgulloso de la importancia que me confieren.

Lo que me asombra es la ceguera de unos cuantos. No sé si es un problema de militancia o de simple estupidez. Prefieren morir con el líder que aman antes de mover una neurona y preguntarse si está en un error. Incluso dan por hecho que es un error, pero pretenden alargarlo el mayor tiempo posible para que su cómoda vida no sufra alteración alguna durante todo un periodo suplementario. Luego, cuando llegue el momento, no dudarán en traicionar a aquél o aquello en lo que creyeron, y se apuntarán a otro carro. Lo he contemplado en miles de ocasiones.

Es amarga la verdad, dijo el poeta. No es necesario ser Fukuyama ni Greenspan para reconocer el cuerpo malherido de Gran Canaria y quienes son sus lanceadores. Elogio a los tinerfeños por su inteligencia, su habilidad, y su capacidad de captación de fernandosguanartemes en Gran Canaria. E hinco todo el fulgor arrebatado de mi crítica contra los políticos locales que lo entregaron todo, incluyendo la Caja de Canarias y parte de nuestro sistema financiero. O reaccionamos o lo peor está por venir. Y al que no le guste esta apreciación, queridos ciegos míos, que le eche azúcar.

Inmigración, avaricia y racismo tinerfeños

Inmigración, avaricia y racismo tinerfeños

ANTONIO MORALES
Alcalde de Agüimes

Llevamos asistiendo en los últimos meses a unas campañas patibularias y mendaces del periódico tinerfeño El Día que adquieren tintes de polémica y de lucha insularista esperpénticos. Así la tontería de si Gran Canaria debe desprenderse del Gran o la más reciente sobre el Dedo de Dios. Desde luego poca atención habría que prestarle a soflamas de este tipo si, en el fondo, no fuéramos conscientes de que abre abismos entre sectores de la sociedad canaria proclives al enfrentamiento y a la división de nuestra gente y nuestra tierra y de que muchos no hacen sino seguir al periódico en este juego demencial por puros intereses políticos y partidistas.

Dicho esto no entiendo cómo ha pasado desapercibido un comentario editorial del citado medio de comunicación, publicado el miércoles día 24 de mayo y que, desde luego, adquiere rasgos delictivos al convertirse en un claro alegato xenófobo y racista. Se trata, sin ningún tipo de duda, de una auténtica apología del racismo susceptible de ser perseguida penalmente.

Para
El Día es incuestionable que Canarias “sufre una invasión de africanos de raza negra pura-salvo caso de sida o enfermedades contagiosas-, la cual, como todo el mundo sabe prima sobre la blanca en caso de mezclarse”. Después se adentra en cuestionar que Santa Cruz y “la isla más grande”, mantenga su pureza ante tanta mezcla de distintos lugares en un futuro cercano.

Desgraciadamente esto no es un hecho aislado, provocado por una mente calenturienta y enfermiza. Desgraciadamente se trata de algo cada día más frecuente y que cala, poco a poco, peligrosamente, en nuestra sociedad. No terminamos de alcanzar a comprender la preocupante deriva que en estos momentos está tomando en Canarias el tema de la inmigración.

Cualquier encuesta que se realice en estas fechas certifica que la inmigración asociada a la inseguridad es la principal preocupación de los isleños; en Tunte hace unos meses y hace pocos días en Garachico, la población, con la complicidad del Gobierno canario por su improvisación y carencia de medios, se levantó en peso contra la posibilidad de que jóvenes inmigrantes residieran en sus municipios en un centro de acogida; determinados partidos políticos no dejan de utilizar la inmigración como un arma arrojadiza en una política absurda de captación de votos a través del miedo; y el colmo de los colmos la aprobación días atrás por el Parlamento Canario de la solicitud al Gobierno español de que la Armada controle a los cayucos que se dirigen a Canarias. ¿Para devolverlos a sus países poniendo en riesgo sus vidas?. ¿Para traerlos sin peligro hasta nuestras costas?. ¿Tenemos claro cuál es el objetivo, más allá de que ponemos en el mar barcos de guerra para frenar la “invasión”?.

Mientras, hacemos oídos sordos a la realidad que nos circunda. Nos olvidamos de que más de dos mil quinientos millones de personas viven en estado de pobreza lo que genera a su vez más de medio centenar de refugiados y más de cien millones de inmigrantes; que dos mil quinientos millones de personas sobreviven con menos de dos euros al día (la mitad de esos con menos de un euro); que en África existen en estos momentos doce millones de huérfanos por el sida; que más de trescientos millones de niños pasan hambre en el mundo y que la mayoría de estos mueren por desnutrición; que en catorce países africanos la mortalidad infantil es mayor hoy que en 1990 y sus pobladores están cada vez más enfermos; que... y así podríamos ir enumerando datos y cifras sobre hambre, muerte, caos, miseria, barbarie y carencias sanitarias, educativas, etc., etc...

¿No deberíamos centrar acaso nuestra preocupación en la búsqueda de fórmulas que acaben con esta situación y, por tanto, con la necesidad de que millones de seres humanos abandonen su familia, su hogar, su tierra... en busca de un horizonte mejor?. Piénselo por un momento, ¿dejaría usted atrás a su pareja, sus hijos, sus hermanos, sus padres, sus amigos, todas las personas con las que ha crecido y se jugaría la vida recorriendo cientos de kilómetros primero y el mar en un cayuco después si tuviera alguna forma de sobrevivir dignamente a su lado?. ¿Por qué se arriesgan?. ¿Qué les hace aceptar tan terrible peligro para su vida y el desarraigo de los suyos?. Sus razones tienen que ser necesariamente muy poderosas.

Desde luego todos y cada uno de estos pueblos empobrecidos buscan desesperadamente inversiones y comercio. Para Jeffrey D. Sachs, “en este mundo frágil y plagado de conflictos debemos valorar la vida en todas partes frenando las enfermedades y las muertes innecesarias, promoviendo el crecimiento económico y ayudando a garantizar que la vida de nuestros hijos sea muy preciada en el futuro”.

Para Sami Naïr “la cuestión de la inmigración es hoy fundamental no debido a la inmigración clandestina, sino porque los flujos migratorios se desarrollan debido a las crecientes desigualdades engendradas por la globalización liberal”. Según Romano Prodi, “los africanos no piden caridad a Europa o a Estados Unidos. Lo que llega a mis oídos de mis colegas africanos es un claro llamamiento a los países ricos para que implanten políticas que permitan a los pueblos africanos tomar las riendas de su propio destino.” Kevin Watkins, de Oxfam, sostiene que “las relaciones comerciales injustas perpetúan la pobreza y las extremas desigualdades que amenazan la estabilidad internacional.”

Este es el reto que tenemos por delante los canarios, los españoles, los europeos, siquiera porque durante muchas décadas tuvimos que lanzarnos más allá de nuestras fronteras – con miedo, incertidumbre, rabia, dolor, rechazo-, para buscarnos el sustento que aquí no alcanzábamos. No podemos hacer oídos sordos, insisto, y desde luego no podemos valorar desde la intransigencia, el desprecio y el racismo, el fenómeno de la inmigración, consustancial al ser humano y a las civilizaciones que han poblado este planeta.

Desde los orígenes de la humanidad la inmigración ha sido un hecho cierto y continuado. Paradójicamente el reconocimiento del derecho a emigrar fue una conquista frente a los vínculos que ataban jurídicamente a los campesinos bajo regímenes feudales. Francia en 1741 incluyó en su Constitución la libertad de traslado y de cambio de residencia. La presión demográfica en Europa en el siglo XIX y el nuevo mundo posibilitaron una corriente migratoria más allá de la normativa legal. Y detrás siempre situaciones de indefensión y desigualdades más allá de la protección teórica de su estado de origen y del receptor. Y detrás siempre la explotación de mano de obra ilegal, la utilización del inmigrante para los trabajos menos cualificados que ya no quieren hacer los locales, el rechazo, la privación del derecho al voto... y detrás siempre fenómenos de racismo y xenofobia que establecen pautas de dominación y desprecio, poniendo barreras con la excusa de la raza, el color, el sexo o la religión.

Ayer como hoy aparecen personajes y partidos políticos que intentan sacar rentabilidad electoral de este fenómeno y, fruto de la presión, una cascada de políticas policiales, aislacionistas y frentistas que los aíslan en peligrosos guetos que producen odios, rencores y enfrentamientos. Es increíble que la prosperidad que nos envuelve y la paz y la libertad que disfrutamos no nos permita entender que en la mayoría de los casos la inmigración se convierte en una forma de ayuda al desarrollo de los estados ricos prestada, paradójicamente, por los países pobres.

Que la noria de la historia nos enseñe a ver lo que fuimos, lo que somos y lo que nunca deberíamos hacer para seguir manteniendo muy alta la frente y, por tanto, la dignidad de los canarios y canarias. Como dejó escrito Gandhi “la tierra tiene suficiente para las necesidades de todos los hombres, pero no para la avaricia de todos los hombres.

Infeliz Día de Canarias

Infeliz Día de Canarias

LORENZO OLARTE CULLEN

En los últimos años se ha producido cierto trasiego con el Día de Canarias. Si uno que yo conozco llegase a la cumbre del máximo poder autonómico, que es su actual ambición (ya que "su" ansiado Madrid está muy lejos con esa política de oposición que vienen haciendo los Zaplana, Acebes, Rajoys y otros clónicos, no sólo en la capital del Reino sino en la periferia) nos sumiría a todos, especialmente a los grancanarios, en una infelicidad aún mayor que la que sufrimos hoy, Día de Canarias, en el que muchos han sustituido por una mueca la sonrisa de antaño.

Últimamente han cambiado muchas cosas. A nuestros entrañables Cabildos se les ha despojado de su histórico calificativo: ya no son Cabildos Insulares, como se les denominaba desde su glorioso nacimiento. Con la supresión del adjetivo que tanto les distinguía se ha propinado una inaudible pero sonora bofetada a su misma historia. Si al Obispo de la Diócesis ( quien, por cierto, según los mismísimos curas contestatarios que -como yo- querían un Prelado canario, ha resultado ser un Obispo "de ley", gracias a Dios); si Monseñor Cases propusiera y lograra la exclusión del calificativo "catedralicio" en la denominación del Cabildo eclesial , no íbamos a saber, por ejemplo, a qué colectivo, de clérigos o laicos, pertenecerían los dos Carmelos que primero pasaron por el Seminario y después por Bravo Murillo.

En definitiva, a los cabildos se les ha quitado la denominación sustituyéndola por otra. Al igual que a Saturno sus competencias para llevárselas a Tenerife, merced a esa Promotur donde las instituciones cabildicias ya no participan con su criterio en los concursos multimillonarios que en ocasiones se sustituyen por ilegales adjudicaciones digitales a los amigotes de la amiga. Al igual que ha acontecido con otras cosas -incluso institucionales- transportadas de aquí para allá cuyo recuerdo solo serviría para seguir echando leña al fuego del pleito insular.

Igual ha ocurrido con el día 30 de Mayo que pese a su cierta historia ha sido transmutado también llevándolo de aquí para allá ( aunque, excepcionalmente, no se ha ido para enfrente ) por lo que atañe a su contenido y significación conmemorativa. Porque antes, hace unos años, en pleno franquismo, si no recuerdo mal, ya que nunca pertenecí al colectivo azul, me parece que se celebraba en tal fecha San Fernando, el día de las Juventudes falangistas. Más tarde se conmemoró el "Día del orgullo gay" ( que más tarde, creo, se ha trasladado a no sé que fechas de Junio o Julio) de suerte que posteriormente coincidiría con la celebración la del Día de Canarias , conmemoración que, por cierto, no se contiene ni en el primer Estatuto ni en su reforma, por lo que sería bueno que a la tercera fuese la vencida para legitimarlo definitivamente.

El actual Presidente de nuestra Comunidad Autónoma por un año más, Don Adán Martín, parece no haberse enterado aún de que su fijación no obedece a lo que cree, pese a que él mismo fue Consejero de Industria de la Junta de Canarias ( órgano preautonómico). De otra forma no se comprendería su, más que imprecisión, error, trasladándolo hace unos días a unos colegiales que le preguntaron sobre la razón de ser de la celebración del Día de Canarias en 30 de mayo, a quienes el Presidente Martín contestó explicándoles (sic) que "es porque ese día tuvimos nuestro primer Parlamento y por lo tanto el primer Estatuto canario", lo cual es absolutamente inexacto por cuanto la celebración indicada se debe a la fecha de la constitución del primer y único Parlamento "provisional" y no al primer Estatuto -como dijo con desafortunada docencia- , que nada tiene que ver una decisión producida con anterioridad al mismo Estatuto, sin que hasta la fecha haya sido formalizada estatutariamente ni en el primero, ni tampoco en su primera y raquítica reforma.

A lo largo de los años, cada Presidente de nuestra Comunidad Autónoma ha elegido un slogan concreto y expresivo para solemnizar el 30 de Mayo. Siempre, de una u otra forma, se ha aludido a la identidad y necesaria unidad de Canarias. Salvo este año ?

En mi opinión -y soy de los que ve siempre el vaso casi lleno y no medio vacío, aunque este medio vacío- venimos atravesando el peor año dentro de la peor Legislatura de nuestra joven historia autonómica, que cada día es menos joven en tanto en cuanto hay canarios, ya mayores de edad, que no recuerdan haber vivido no ya en la Dictadura, ni saben nada de la Transición, sino que nacieron avanzada ya la etapa estatutaria.

Ha sido éste, sólo en lo que va de año, sin contar con los precedentes, nada buenos, un "annus "horribilis" como dijera la Reina británica en cierta ocasión con lapidaria y gráfica expresión, llamativa sobre todo por constituir un latinajo en boca anglosajona. No hay más que recordar aquel esperpéntico espectáculo que propició el Presidente del Gobierno de Canarias con el portazo que le dio la cúpula empresarial grancanaria , al igual que los actos posteriores, sin que hasta la fecha el señor Martín haya sabido estar a la altura de las circunstancias incapaz de reconducir la patente y nada edificante división de Gran Canaria, ejerciendo sus responsabilidades no como Presidente de un Gobierno partidista, sino como Presidente de la Comunidad Autónoma de Canarias, que es otra cosa, que, por cierto, él jamás sabe distinguir. A buena hora se resignaría ante semejantes espectáculos y situaciones, como los aquí producidos, de haber tenido lugar en el seno de la familia empresarial tinerfeña, acaso por pertenecer él mismo a ella. Porque todo hay que decirlo.

Al igual que tampoco le preocupó, ni puso orden en el gallinero con motivo de la insolidaridad explicitada por sus "subordinados" áticos, cuando, a su vista, ciencia y paciencia y sin inmutarse, sin decir esta boca es mía, se negaron tajantemente a que en los Centros tinerfeños se diera alojamiento a los inmigrantes que no cabían ya en los de Lanzarote, Fuerteventura o Gran Canaria.

Mas he aquí que, ahora, cuando los cayucos cambian el rumbo y ponen proa a Tenerife, se despierta el adormecido Don Adán, quien en definitiva sigue ejerciendo como Presidente que fue del gobierno insular de Tenerife. Clama nada menos que públicamente y a S.M. El Rey -él, el Presidente canario, quien encarna constitucional y estatutariamente nada menos que la representación ordinaria del Estado en Canarias- para que solucione el grave problema que, aun siendo de los llamados "de Estado", la Corona carece de la menor competencia para solucionar. De ahí que S.M. el Rey, con esa sensibilidad que tiene para con nosotros los canarios, le da una lección real con su respuesta telefónica, despojándose del carácter institucional para transmitir una enorme carga humana a su personal contestación: "Mi familia y yo estamos muy sensibilizados con el problema canario y nos solidarizamos con ustedes, haciendo votos para que ésto se solucione". ¿En qué higuera está o en qué otra galaxia vive Don Adán? Por supuesto que si del árbol se trata no será en la llamada "Higuera Canaria" donde el Presidente tinerfeño se encuentre?

El sonado fracaso de una reforma estatutaria especialmente imputable al Presidente Martín, por último, dadas sus evidentes carencias personales para procurar tan importante iniciativa partiendo de un consenso previo, imprescindible en "temas de estado" ( y los Estatutos de Autonomía lo son), constituye un importante botón de muestra que, con otros, nos conduce a la desilusión. Para muchos la desilusión se ha convertido en desesperanza.

Y yo afirmo, para terminar, que de contenerse tal posibilidad en el Estatuto, el requerimiento de disolución de la Cámara Regional canaria con elecciones anticipadas habría sido un clamor.

Pero ni los socialistas ni los populares han sido capaces de ponerse de acuerdo para posibilitar un Gobierno "de salvación", independiente de los sectarismos ideológicos, de suerte que se prolongará en el tiempo una agonía, al fin y al cabo de Canarias, que siendo posible evitar, quienes pueden hacerlo no la evitan. Ni se les ha ocurrido a los populares, que tanto gustan de ejercer de "salvapatrias", ni a los socialistas, tan dados a poner calificativos a los gobiernos de coalición.

Acaso porque para los primeros lo de la "patria" refiriéndose a Canarias es una blasfemia y porque para los segundos, hoy por hoy, no hay más "coalición" que Coalición Canaria, es decir, ATI.

Los volcanes de Garachico

Los volcanes de Garachico

ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA

El 5 de mayo de 1706, un volcán sepultó al pueblo de Garachico, que luego consiguió resurgir de entre las cenizas. Casi trescientos años exactos después, el 25 de Mayo de 2006, lo que amenaza a la villa y puerto es una explosión aún peor, porque afecta a la inteligencia y a la moral. La manifestación de un grupo de exaltados contra unos pobres chicos inmigrantes que eran conducidos a un centro de retención de menores ´sin papeles´ no puede ser ninguneada por las autoridades, ni minimizada por los periódicos. No es lo mismo decir "protesta vecinal por la llegada de menores africanos" que diagnosticar exactamente la enfermedad mental: "racismo y xenofobia en Garachico".

Las fotos son expresivas: un grupo de adultos, con caras de odio y enfado, gritando consignas contra los jóvenes. Algunas pudieron oírse en las televisiones y radios que las captaron en directo, y que avergüenzan a todas las personas decentes y con sentimientos. Y, por supuesto, a las que comparten los valores del humanismo cristiano y la democracia.

Esos descerebrados, a pesar de todo, o por ello mismo, por descerebrados, serían incapaces de tomar decisiones de este tipo por sí solos. En realidad son marionetas que se mueven por el viento que otros soplan irresponsablemente. Cuando hay editoriales, artículos, declaraciones abiertamente xenófobas, cuando se alimenta la sospecha, cuando se le transmite a una sociedad una irreal situación de peligro inminente, siempre hay una turba que sale a la calle, siempre hay grupos que pasan a la acción directa.

En Arona, personas en apariencia normales creen sinceramente que en los cayucos se esconden las más mortales enfermedades del África profunda, la malaria, el sida, la tuberculosis... Presionan para quemar las lanchas y consiguen que se alejen hacia lugares solitarios y que luego se quemen, por las buenas o por las malas.

Todo eso ocurre en una Isla que sólo ahora está en primera línea de la avalancha de inmigrantes irregulares; una Isla que, mediante sus instituciones representativas, siempre miró para otro lado cuando el problema afectaba a los otros, a Fuerteventura, a Lanzarote, a Gran Canaria, en los tiempos en que aun no funcionaba como un buen reloj el sistema de desvíos y repatriaciones. Porque los aroneros o los garachiqueros llegan al paroxismo xenofóbico sin que ni uno solo de los subsaharianos se quede allí.

Qué extraño es el concepto de solidaridad de estas gentes que gritan con gesto hosco. No le piden a su Ayuntamiento y a su Cabildo que hagan lo posible por mejorar las condiciones de vida de quienes se han lanzado a la aventura para conseguir un mundo mejor, como se lanzaron el siglo pasado cientos de vecinos de Garachico y Arona que huyeron del hambre hacia Venezuela. Tampoco plantean con serenidad el control de las costas, el aumento de las ayudas para fomentar el desarrollo de los países emisores de hombres y mujeres atraídos por la llamada del paraíso que presienten, que ven a través de las parabólicas. Ahora estos chavales, de otra cultura, de otra raza, han podido comprobar que en los paraísos también hay demonios, y un virus de inmunodeficiencia intelectual mucho más agresivo que el del sida.

El Gobierno de Canarias, o lo que es lo mismo, ATI, que es quien monopoliza toda la administración autonómica, no puede quedarse callado como en otras ocasiones. Sus principales líderes han de expresarse alto y claro: como pide el ex presidente Román Rodríguez, que habla lleno de sentido común, han de condenar expresamente y con claridad estos brotes de intolerancia, de racismo, de xenofobia, de insolidaridad.

ATI no nació para predicar la solidaridad regional y al amor fraternal entre los canarios. Basta acudir a las hemerotecas, o a la memoria. Nació como un instrumento para oponerse a lo que los vientos de la historia han convertido en ejemplos de solidaridad inteligente: la descentralización universitaria, la Ley de Aguas... en suma, el espíritu autonómico combinado con una visión progresista de Canarias, de España, de Europa. Del mundo.

El factor ático surgió como elemento de autodefensa de mitos y leyendas, promovió la desconfianza hacia otras islas, en especial hacia Gran Canaria, y no pudo sustraerse del tic cuando las pateras desbordaron los recintos de acogida en Fuerteventura, Lanzarote y Las Palmas. Lo de Garachico es lodo de aquel polvo.

Votos e impuestos

Votos e impuestos

ANTONIO CASTELLANO AUYANET

En un sistema democrático, los ciudadanos tenemos el privilegio de invocar la Ley para defender o exigir nuestros derechos. La democracia se rige por el imperio de la Ley que hace inadmisibles los hechos u omisiones que incumplan el sagrado principio de legalidad entendido como que "la libertad consiste en hacer lo que la ley permite".

No hay libertad sin sumisión a la ley ni puede haber ley que no respete la libertad. La Constitución consagra los principios básicos que han de trasladarse a toda norma o regulación inferior, por la ineludible obligación de coherencia y congruencia. El vértice de nuestra construcción legal se forma con las ideas básicas de libertad, igualdad y solidaridad, mientras que su base se asienta en el voto libre e igual, es decir, "una persona, un voto de igual peso" como síntesis y concreción de la igualdad de los ciudadanos ante la Ley. La sociedad así organizada requiere la aportación del esfuerzo y trabajo de todos sus miembros para sostener al Estado y los servicios que le corresponde prestar.

Los impuestos son la dimensión dineraria de dicha colaboración, en función de la renta individual. La democracia norteamericana, tomada como ejemplo, mantiene el principio de "no taxation whithout representation" -ningún impuesto sin representación- y vincula tal contribución al derecho de votar para elegir a los gobernantes y, a través de ello, ratificar las leyes que aprueben sus congresistas o senadores. El pragmatismo yanqui impone la correlación de que "si pago, elijo", es decir, tengo derecho a estar representado en las Cámaras. Obviamente, se trata del voto igualitario de todo ciudadano, tanto del multimillonario como del pobre de solemnidad: esa tajante equivalencia consagra la igualdad de derechos y deberes de toda persona.

Lo anterior trae razón del debate que mantenemos en Canarias sobre la distribución de escaños en nuestro Parlamento regional, con arreglo a una malhadada "disposición transitoria", que lleva transitando veinticuatro años y que divide la Cámara en dos mitades iguales y radicalmente desiguales. Tal paradoja -Unamuno decía "parajoda"- deriva de que treinta escaños de la Cámara regional representan al 84 % de los habitantes del Archipiélago- los de Tenerife y Gran Canaria- mientras se atribuyen los otros treinta al 14 % que vive en las islas no capitalinas.

Dicho atropello se urdió por ATI pues se ganaba la adhesión de casi todos para perjudicar a Gran Canaria: esa trampa falaz es la causa de que ATI lleve gobernando desde la eternidad. Mi análisis objetivo e irrebatible nada tiene que ver con pleitismo alguno. Se fundamenta en la negación de uno de los derechos básicos y fundamentales en cualquier democracia que pretenda ser Estado de Derecho: la igualdad de todos y cada uno ante la Ley concretada en el principio "una persona, un voto", igualdad que puede recortarse en mérito de la representación de las minorías, pero nunca aniquilarse como en la funesta Transitoria.

Pero llevar esa consideración al extremo de negar y ridiculizar la democracia, estableciendo el "principio de desigualdad peyorativa, arbitraria y discriminatoria", además de absurdo, resulta injurioso y degradante. No cabe en lógica alguna que dicha Transitoria estatutaria otorgue 30 escaños, o sea, treinta votos, a 295.000 canarios de las islas no capitalinas, y otros treinta al millón y medio largo de habitantes de Tenerife y Gran Canaria. Nunca hubo desigualdad más descarada al devaluar el voto de la abrumadora mayoría e igualarlo al de la respetable pero pequeña minoría. Sólo se capta lo repudiable de tal apartheid, desentrañando sus causas, puesto que no se debe a descuido o error.

Lo triste reside en que se propuso y aceptó permitiendo que ATI se garantizara el poder político y económico, ayudada, luego, por su coadjutora necesaria CC y su componente grancanaria. Todas las desigualdades, desequilibrios, deslocalizaciones y expolios sistemáticos que sufre nuestra isla parten de esa conjura imperdonable. Somos muchos los que pedimos cambiar la ley electoral vigente e insistimos en que modificar el Estatuto sin dicho cambio, será una estafa flagrante que no debemos admitir en ningún caso.

Desde hace años, defiendo de palabra y por escrito que el actual Estatuto con su pérfida "transitoria intransitoria", carece de legitimidad jurídica, política y moral. Su ilegitimidad jurídica nace de la limitación abusiva y extrema que impone a la representación proporcional de la mayoría de los canarios que viven en las dos islas más pobladas, cuyo voto sufre una restricción y devaluación inaceptables. Se vulneran los Principios Generales del Derecho y las bases constitucionales del Estado de Derecho. La Transitoria será legal, pero es jurídicamente ilegítima. Su ilegitimidad política procede de la escasa valoración y respeto que los partidos que negociaron y acordaron tal norma, prestaron al derecho ciudadano de "sufragio universal, libre, igual, directo y secreto" que garantiza la Constitución.

Despreciaron, asimismo, los efectos que impiden la unidad de la Región con las malditas y diabólicas "paridades" que hacen de Gran Canaria la gran perdedora, al tiempo que favorecen la hegemonía de los insularismos centrados en Tenerife. También carece de legitimidad moral porque la ética impone que los derechos fundamentales se reconozcan con equidad, sin desventajas y garantizando la igualdad en el ejercicio de los derechos subjetivos establecidos en la Constitución que no pueden minimizarse hasta la discriminación prohibida por el art. 14 de la Norma Suprema.

Los grancanarios tenemos que reaccionar y poner fin a la esclavitud que nos impone el escorado Estatuto de la Transitoria, que es un texto caciquil, pensado y hecho contra Gran Canaria. Autoridades, partidos, sindicatos, asociaciones y corporaciones empresariales, la Universidad y el conjunto de la sociedad hemos de movilizarnos para exigir nuestros derechos elementales. Defendamos que la sociedad democrática es un concierto entre cada individuo y la población entera con el Estado como garantía de nuestro derecho a la libertad, la justicia, la defensa, la seguridad, la educación, la protección social y los derechos humanos. A cambio, cumplimos nuestros deberes y, en particular, el pago de impuestos, tasas y exacciones base de nuestro derecho al voto libre e igualitario.

Hace unos días, en las manifestaciones de los hispanos inmigrantes sin papeles en USA, proliferaron las pancartas que daban la vuelta a la frase clásica citada al comienzo, diciendo "taxation whithout representation" y quejándose de pagar impuestos y no poder votar. Aquí, en Gran Canaria y en Canarias entera debiéramos exigir que, al pagar impuestos, nuestro voto tiene que pesar igual sin privilegios ni discriminación. Mientras no se consiga, no seremos ciudadanos de pleno derecho y arrastraremos la vergüenza de ser parias de segunda categoría.

La locomotora tinerfeña

La locomotora tinerfeña

FRANCISCO J. CHAVANEL

La Caja de Tenerife tiene previsto ganar en 2006 unos 90 millones de euros netos, casi 18 más que en el ejercicio anterior. El dato lo propaga Rodolfo Núñez, presidente de la entidad, el cual, en el programa de radio que dirijo, dejó manifiestamente claras las enormes diferencias que existen entre las dos cajas canarias. Mientras la grancanaria superará a duras penas los 36 millones de ganancias, confirmando una muy leve recuperación y al mismo tiempo una incapacidad competitiva preocupante, es evidente que las diferencias entre ambas se agigantan a cada nuevo periodo, y que es esa misma desproporción lo que impulsa al poder político tinerfeño a abandonar su vieja idea de fusionarlas. ¿Para qué?.

Hace siete años los datos arrojaban números justamente al revés. La Caja grancanaria era la más rentable de España, y la tinerfeña se hundía en los últimos puestos del ránking. Por entonces la fusión beneficiaba a la rémora bancaria de la isla picuda, que esperaba aprovecharse del impulso ajeno, modos y maneras bastante familiares por estos lares. Sin embargo ahora la rémora es la local, permanentemente intervenida por el Banco de España, y dirigida por dos comunistas ortodoxos, Antonio Marrero y Juan Manuel García Falcón, puede que estupendos asesores financieros de Hugo Chávez, Evo Morales y Fidel Castro, y pacatos y con cerebro de mesa de noche para el escenario de economía liberal en el que nos movemos.

Esa distancia, unos 9.000 millones anuales de las antiguas pesetas, es abrumadora. Extrapolando esos números a diez años vista, la Caja tinerfeña, con un consejo de administración influido (como todos) por la voluntad política preponderante, concede al empresario chicha una ventaja crediticia por encima de los 600 millones de euros, con los que podrían comprar si quieren la isla de Gran Canaria, que es de hecho lo que empiezan a realizar, pues ahí están las primeras penetraciones de sociedades tinerfeñas en Gran Canaria.

Si además consideramos que la Caja grancanaria es un muerto, donde todo lo que se decide depende de Madrid, debido a los caprichitos que se dieron los personajes impuestos por Mauricio, autores de concesiones de créditos multimillonarios a amigos y simpatizantes políticos, contemplamos a su homónima tinerfeña libre como un pájaro, en manos de profesionales que saben muy bien cómo efectuar su trabajo, ganando mercado en el Archipiélago a cada día que pasa –incluso financiando equipos deportivos locales-, sosteniendo con créditos blandos la política ática de convertir a Tenerife en la única isla de referencia, y a Santa Cruz en la capital indiscutible.

No es un dato definitivo pero nos aproxima a una realidad que muchos se niegan a ver. Gran Canaria ya casi es un actor secundario, y los principales responsables de la situación son la horda de representantes públicos que nos ha tocado en la última década. Lo peor es que la mayoría de ellos espera seguir pactando con ATI para sobrevivir.

Xenófobos, no

Xenófobos, no

JOSÉ H. CHELA

Se me han quejado algunos vecinos de La Montañeta, de Garachico en Tenerife y hasta el alcalde de la localidad, Ramón Miranda me ha explicado, a través de un emilio, su actuación en el caso del traslado de menores inmigrantes a aquel barrio, porque, en otro medio de comunicación -no en éste- hablé recientemente de xenofobia al referirme a los sucesos acaecidos allí la pasada semana.

Por si el lector lo ha olvidado o no está al tanto, le recordaré que, hace unos días, un grupo de habitantes de aquel lugar recibió con gritos e insultos claramente racistas a treinta y dos adolescentes inmigrantes a los que se buscó alojamiento y refugio en la sede de la Cruz Roja en aquella zona del norte tinerfeño. La manifestación, seguramente por lo desproporcionada y violenta, causó estupor en todos los espectadores que pudieron contemplarla a través de las distintas cadenas nacionales de televisión.

Luego, los airados vecinos explicaron y trataron de justificar su agresividad verbal y gestual apelando a la defensa de la tranquilidad tradicional en su territorio y al peligro que suponía la presencia de los inesperados huéspedes. Unas disculpas –que no llegaron a tales- sin ningún sentido, ya que los pequeños inmigrantes no eran delincuentes y ni siquiera iban a mezclarse probablemente para nada con los habitantes del barrio durante su estancia, naturalmente breve, en las instalaciones de acogida.

Como otras muchas personas que conozco, en esta isla y fuera de ella, cada vez que surge el tema de la inmigración, las gentes de La Montañeta comienzan su conversación haciendo una advertencia que nadie les exige y ni siquiera las pide:

- Yo no soy xenófobo.

Esa entradilla de inicio para el discurso subsiguiente, ya mosquea, claro. Pero, pensándolo bien, muchos de los que rechazan la acusación de xenofobia tienen, en efecto, razón, si nos ponemos en plan puristas. Un xenófobo es el que siente odio, repugnancia e, incluso, temor, hacia los extranjeros. En general. Es decir, se puede ser racista –que es otra cosa-sin ser xenófobo. Cuestión de color, más bien. O de la procedencia del otro. Quienes se preocupan en exceso –y no digo yo que no sea preocupante- por la llegada continuada de cayucos cargados de subsaharianos, que son instalados en centros desbordados e insuficientes, para, después, ser repatriados o desviados hacia la Península, no experimentan la menor inquietud por la arribada, también permanente y constante, de extranjeros de otras procedencias. Y ni se interesan por las estadísticas diarias de viajeros llegados desde otros países que vienen a instalarse en estos peñascos.

Cuando se quejan de que aquí no cabemos más, sólo se refieren a los negros. O a los moros. La cercanía de unas docenas de menores inmigrantes de color causa alarma y desazón. Pero, la vecindad con una panda de rubios centroeuropeos, recién instalados, sólo genera curiosidad, cuando no indiferencia. El hecho de que los nuevos convecinos sí puedan pertenecer a bandas criminales o mafias de delincuencia organizada, no influye en la tranquilidad cotidiana de la comunidad. Porque, efectivamente, en la mayoría de las pacíficas comunidades isleñas no existe la xenofobia. Racismo, sí, pero, xenofobia, ni hablar. No usemos calificativos al buen tuntún. Son sentimientos distintos.

Más allá de la RIC, del REF y de la corrupción

Más allá de la RIC, del REF y de la corrupción

SERGIO ROQUE y ocho profesionales más*

Si sólo nos atenemos a la narcotizante descripción de la situación social y política de Canarias dibujada por nuestros gobernantes parecería que viviéramos en un territorio donde la felicidad hincha nuestros corazones. Pero para desgracia de nuestros próceres, la realidad virtual del debate de la nacionalidad no termina de ocultar la auténtica realidad que conocemos a través de los medios de comunicación, de estudios imparciales y de nuestro contacto directo.

En ausencia de autismo social, no es difícil percatarse de la dura situación social que golpea a nuestros conciudadanos menos afortunados. Los datos de pobreza, desamparo de menores, inatención de enfermos mentales, parados, sueldos escuálidos, contratos precarios y desarticulación son tan contundentes que no termina de entenderse cómo es posible que los ciudadanos no se rebelen activamente ante una élite tan autocomplaciente e irresponsable. Quizás no sea tan difícil de explicar si nos atenemos a lo que nos enseñó Mancur Olson sobre los problemas de la acción colectiva (The Logic of Collective Action). A pocos parece interesar el recoger la bandera de los desfavorecidos, salvo para decir las obviedades para salir en los telediarios y dejar bien clara su cuota de sensibilidad social.

Canarias, como sociedad cohesionada, bordea desafortunadamente el fracaso. Nuestro modelo de desarrollo se ha basado en la vertiente más burda e insensible del sistema de mercado, alejado de los mecanismos de contrapeso y razonabilidad propios de las sociedades europeas avanzadas. Las políticas turística y urbanística son ejemplos evidentes de la vertiente más depredadora de nuestro sistema. El azar nos dotó de unos recursos naturales valiosísimos que gestionados con inteligencia nos permitirían, desde el punto de vista económico, vivir confortablemente a todos y en un medio natural envidiable por benigno y por su belleza paisajística. Pero ciertas élites económicas, sociales y políticas, que sólo entienden de cuentas de resultados a corto plazo, con un egoísmo primario y tremendamente miope, nos han dejado con un sector turístico de baja calidad, de bajos salarios, tremendamente vulnerable a la competencia internacional, y con un paisaje urbano feo e inhibidor de las relaciones de vecindad. Basta pensar en la magnífica entrada a Playa del Inglés que ofrecemos a nuestros turistas y conciudadanos o en el extraordinario paisaje urbano que con esmerado esfuerzo nos han dejado en el entorno de la playa de Las Canteras. Esto por hablar de Gran Canaria, pero en el resto de islas las cosas no han ido mejor, salvo algunas excepciones.

Entendemos que el sistema de mercado está basado en la búsqueda de los intereses de todos aquellos que participamos en él. A eso le llaman los economistas ser racionales, es decir, capacidad para discernir y tomar las decisiones que personalmente más nos interesan; el sistema de mercado funciona bastante bien en términos de eficiencia social y bienestar y libertad personales. Pero no sólo somos personas racionales (egoístas), sino que también tenemos capacidad para ser razonables, para establecer reglas justas y atenuar nuestros impulsos primarios en aras del bien común. Esto es lo que hace que las sociedades se cohesionen y se tenga la sensación vital de pertenencia social, de sentirse ciudadanos. Al fin y al cabo, sólo los ignorantes no se percatan de que la felicidad tiene mucho que ver con la vida en común, compartida y algo desinteresada, y menos con el atesoramiento para demostrarle a los demás lo listos y poderosos que somos.

Salvo muy contadas excepciones, ese estadio intelectual de implicación social ilustrada no ha sido alcanzado por aquellos que se consideran a sí mismos como la élite de nuestra sociedad canaria. La mayoría de nuestra clase económica, principalmente ligada al fácil negocio constructor-inmobiliario, sólo entiende de rendimientos y poder social. Si se puede quitar un metro de acera para el espacio público, se quita y punto. ¿Qué les importa a ellos si la pareja que tira de un cochito de niño no cabe en la acera? ¿Qué les importa a ellos si ese parque que piensan urbanizar presionando a los políticos y funcionarios de turno sirve de encuentro y esparcimiento de chicos y mayores? ¿Qué les importa a ellos si las viviendas que piensan expropiar a precios irrisorios son los derechos de propiedad legítimos de familias indefensas? ¿Qué le importa a ellos si las fachadas realizadas con los peores materiales son un atentado visual? Ellos viven en urbanizaciones dónde lo que sobra es espacio verde y gusto arquitectónico. Lo que realmente les importa es que la clase política-funcionarial les solucione el encaje de su Reserva de Inversiones de Canarias (RIC) ante el nuevo marco que configura las Directrices Europeas de Ayudas de Estado de Finalidad Regional 2007-2013. Lo vital, para ellos, es que la RIC siga siendo un mecanismo de intenso incremento patrimonial. Ya sabrán, con el apoyo de determinado entramado político-funcionarial reconocible, buscar las coartadas ideológicas necesarias para explicarnos al resto de contribuyentes no RIC el fuerte incremento del empleo que han generado. Es infantil que, además de enriquecerse legalmente, encima quieran el aplauso de todos. ¡Quieren hacernos creer que crean empleo por bondad, no por autointerés! Infantil, repetimos.

En las sociedades avanzadas de nuestro entorno occidental la responsabilidad social de los empresarios es un elemento fundamental de cohesión. Así, cuando estos son ilustrados, la sociedad se articula mejor, pues no en vano son los espíritus más dinámicos e innovadores de la misma. La capacidad de influir que tienen es enorme y cuando lo hacen exentos de vanidad y mediocridad el resultado es magnífico.

Pero el papel de articulación social no le corresponde a los empresarios, sino principalmente al sistema político-funcionarial. El mercado es un sistema social que regula y dirige nuestras acciones y decisiones fundamentales, pero como tal no se impone, sino que somos todos nosotros a través del sistema político quienes decidimos cómo se actúa en él. Catalaxia (juego) llamaban Von Mises y Von Hayek al mercado. Somos todos nosotros quienes decidimos conjuntamente qué es acera y parque y qué es solar; qué pasa cuando alguien enferma y no puede trabajar; qué salario mínimo debe ganar una persona y qué hacer con las desigualdades que genera el juego; de quién son los derechos de propiedad, cómo se utilizan, cómo se transmiten, etc. Es decir, son las decisiones colectivas (política) las que enmarcan las decisiones privadas (mercado). Frente a la racionalidad personal, el entramado político nos acerca a la razonabilidad pública; para ello se necesita que deleguemos en los políticos y en los funcionarios la aplicación de las reglas que canalicen el juego del mercado hacia unas soluciones que consideremos conjuntamente como justas, e impulsen comportamientos cívicos que nos hagan cada día mejores ciudadanos. Todo esto sólo es posible si nos dotamos de un sistema fiscal que proporcione los recursos necesarios. Sin tributos no hay ciudadanos, pues sería absurdo fijar derechos sin posibilidad de realizarlos.

El más grave problema del sistema político-funcionarial canario es que está deslegitimado de origen por su perversa e injusta ley electoral. Ésta arroja a los partidos a la defensa de unos ciudadanos canarios de un territorio frente a otros, tal como predice la Teoría de Juegos. Defender el bienestar de los de mi isla ante el resto, con la consiguiente falta equidad en el reparto de los recursos regionales, beneficiando a las coaliciones insularistas ganadoras, unido a la necesidad de mantener la dominación regional del grupo actualmente hegemónico, denota un egoísmo insoportable propiciado en gran medida por las reglas de juego electoral.

Según Aristóteles, el primer elemento esencial de todo sistema político debe estar guiado por la equidad, y este elemento está totalmente ausente en el nuestro. Es muy difícil en estas circunstancias sentirse perteneciente a una ciudadanía canaria y menos tener algún afecto intelectual con políticos que juegan con el sentimiento localista para optar a sucesivas reelecciones. Claro que Canarias es tierra única, ¡pero por injusta!

Pero ya no es sólo la falta de legitimidad de origen que tiene nuestro sistema político, sino que a ésta se le une la falta de legitimidad de funcionamiento. Pues si la insensibilidad social de la clase empresarial es esperable en estas latitudes, lo que nos desmoraliza y nos irrita sobremanera es que el entramado político-funcionarial en general, siempre con honrosas excepciones, haya abdicado de su rol social y se haya posicionado como un actor más en el juego del mercado, confundiendo lo privado (racional) con lo público (razonable). La interacción y cierta influencia entre lo privado y lo público son obvias en nuestras sociedades avanzadas y complejas, dónde las administraciones públicas canalizan y gestionan una cantidad ingente de recursos; pensar lo contrario sería hipócrita por extremo, pero la connivencia entre los entramados económico y político es insultante para un demócrata.

Y el problema no es sólo la corrupción, fenómeno permanente en todas las relaciones humanas, tanto públicas como privadas, y que no debemos confundir ni asociar con el sistema de mercado (bueno sería leer a Max Weber) ni con el sistema democrático (para esto es mejor Aristóteles). El problema es la respuesta que da el Parlamento de Canarias: elaborar un código ético. ¡Para llorar! Lo lógico, democrático y gallardo, al menos para los partidos que sinceramente quieran disminuir las corruptelas, sería haber pedido una mayor dotación de fiscales Anticorrupción e inspectores de Hacienda y de Trabajo; no hay funcionarios más rentables económica y socialmente que éstos. Pensar que el propio sistema político se va a autolimitar es no haber leído con detenimiento ni a Montesquieu ni a David Hume. Bueno sería recordar las palabras de éste último: “En vano nos enorgulleceremos de las ventajas de una Constitución, pues al final resultará que no tenemos otra seguridad para nuestras libertades y haciendas que la buena voluntad de nuestros gobernantes; es decir, ninguna” (ensayo De la independencia del Parlamento).

Pero el problema de la corrupción no nos debe hacer perder de vista los verdaderos problemas que tiene nuestra sociedad: paro, pobreza y marginación, desigualdades sociales, desamparo de menores, enfermos psíquicos sin atención, inmigración masiva, superpoblación, bajos niveles educativos, depredación urbanística, etc. Un gobierno responsable, con su aparato administrativo, tendría que poner los cinco sentidos y todo el esfuerzo en sacar a nuestros conciudadanos más desfavorecidos de esta situación y evitar el abuso de coches oficiales magníficos, viajes con dietas a los lugares más exóticos para no sé qué promoción, campañas publicitarias caras para tapar con eslóganes las incapacidades, edición de libros de amigos, televisiones para manipular, atontar y perpetuarse en el poder y de paso enriquecer a las productoras amigas, subvenciones para eventos de nula utilidad social y gran boato personal, mantenimiento de servicios inútiles, proyectos para gastar presupuestos sin objetivos predefinidos, reelaboración del Estatuto de Autonomía para acaparar más presupuesto y poder a través de más competencias, aunque las que se tienen no se gestionen, etc, etc, etc. ¡Chocolate del loro!, dirán los cínicos, pero la verdadera realidad es que cuantiosos recursos de nuestros impuestos y de nuestros solidarios ciudadanos europeos se despilfarran y/o desaparecen en bolsillos privados en una sociedad de enormes carencias y eso es sencillamente insoportable por inmoral. La máxima austeridad debía ser la guía de una auténtica administración que de verdad se ocupara de la felicidad de los canarios. De todos, no de los familiares, amigos y demás conocidos.

La sociedad canaria necesita urgentemente de un nuevo proyecto político radicalmente distinto, que debe centrarse, entre otros, en los siguientes ejes prioritarios:

1º Reformar el Estatuto de Autonomía, introduciendo un sistema electoral donde predomine la circunscripción regional y se garantice a cualquier ciudadano canario el mismo nivel de servicios públicos. Al mismo tiempo, no recoger en el Estatuto nuevas competencias en justicia, costas, puertos y aeropuertos, y policía, que sólo proporcionarían menos control de la corrupción, más desmanes urbanísticos, más tentaciones hegemónicas de unas islas frente a otras y mas gastos innecesarios. Es una majadería pensar que mejor se presta un servicio cuanto más cerca está quien lo dirige. Así, una justicia verdaderamente imparcial exige que quienes la ejerzan tengan los menos vínculos familiares y de amistad con la población administrada.

2º Asumir sin complejos que nuestra principal industria es el turismo y, por tanto, centrar los esfuerzos inversores del Gobierno en el sector, mejorando los paisajes urbano y natural, las infraestructuras y los servicios. Es sintomático del descuido de este sector el que los consejeros de Turismo sean tan poco relevantes políticamente.

3º Implantar en los colegios públicos la jornada partida hasta las 18:00 horas con servicio de comedor gratuito para todos los alumnos. Se trata de evitar que la marginación, la desarticulación social, la desigualdad y el atraso sigan siendo características endémicas de nuestra sociedad canaria. Para ello debe aumentarse significativamente el presupuesto de la Consejería de Educación, sobre todo en nueva contratación de personal, para que en horario oficial de tarde se impartan las materias y actividades de refuerzo y profundización, orientación personal, cursos específicos de formación, estudio tutorizado, tutoría de padres, talleres, etc. Desde la escuela se debe y se puede romper con lo que se está percibiendo como un fracaso social inevitable de una gran parte de nuestra población.

4º Rediseñar la estructura de los presupuestos públicos, de tal manera que los gastos se acomoden a proyectos concretos de objetivos evaluables, dando máxima prioridad a los servicios socio-sanitarios, y eliminando aquellos gastos destinados a cenas, regalos, atenciones, representaciones, boato, autobombo, viajes, propaganda para el culto a la personalidad del gobernante de turno, etc. La austeridad y trabajar por objetivos tiene que ser el sello de una administración pública de una sociedad con grandes carencias.

5º Proteger y gestionar el medio ambiente natural y urbano como una variable de desarrollo fundamental y no como un eslogan que esconda falta de compromiso. Cada acción, cada autorización de la administración, debe velar por la conservación y rehabilitación del medio y de la belleza paisajística y urbana, además del control de la contaminación. Cada política de cualquier departamento debe propiciar la utilización de energías renovables y ayudar y exigir su utilización.

6º Restablecer claramente la autonomía de la administración pública (razonable) de los operadores privados (racional), separando las acciones de gobierno de los intereses privados concretos y salvaguardando al inversor privado de la influencia ilegal del entramado político-funcionarial. Para ello, se debe potenciar el control del sistema político-funcionarial a través de la independencia y el fortalecimiento de los fiscales Anticorrupción, de los inspectores de Hacienda y del Tribunal de Cuentas; reformar la legislación local para que la oposición siempre esté representada en las empresas públicas y en las mesas de contratación y exigir una mayoría cualificada en la aprobación de los planes urbanísticos. Además, debe investirse en el Estatuto de Autonomía al diputado regional de la cualidad de agente de la autoridad en los términos del artículo 142 de la Ley General Tributaria para el ámbito de la aplicación y gestión de los presupuestos regionales.

7º Propiciar un debate en profundidad sobre los efectos del crecimiento de la población que coadyuve a tomar las medidas necesarias para que los flujos migratorios no sean un factor distorsionador del bienestar social.

Como militantes o simpatizantes del Partido Socialista Canario, pensamos que le corresponde a este partido tomar estas iniciativas para hacer posible una sociedad canaria mejor, pues recursos hay, lo que mal repartidos y peor utilizados. Esperamos que nuestra responsabilidad sincera hacia la ciudadanía y, en especial, hacia los ciudadanos más desfavorecidos nos impulse hacia ellas.

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Artículo continuación de Más allá de la RIC, del REF y de la corrupción (I)

*José Ramón Funes (economista), Mauricio Roque (abogado), Benito Cabrera (economista), Pedro González de la Fé (doctor en Economía), Pedro Ramírez (Ingeniero), Rafael Medina (ingeniero), Enrique Wood (economista), Guillermo Oliver (médico), Luis Suárez (economista), Sergio Roque (doctor en Economía)

¡Basta ya en Telde!

¡Basta ya en Telde!

JOSÉ ANTONIO PERERA
Secretario general de la Agrupación Juan Negrín y portavoz del PSOE en el Ayuntamiento de Telde.

¡Basta ya!. En el Pleno de este viernes, l@s concejal@s socialistas hemos querido expresar con claridad que no vamos a participar del esperpento que se está viviendo en el Salón de Plenos. El problema ya no es sólo que en el salón de plenos se sienten y voten y hasta participen, como lo más normal del mundo, dos personas que están en libertad bajo fianza de 100.000 euros, que están imputadas por graves cargos por el presunto cobro de comisiones y de las cuales una de ellas ha estado en prisión dos meses por estos asuntos.

El problema es que es una degradación institucional que el Alcalde de Telde cuente y agradezca sus votos, es decir, parapete su mayoría sobre votos sospechosos de corrupcción. El problema es que en lugar de dejar hablar a los vecin@s en el pleno o escuchar lo que l@s ciudadan@s dicen en la calle, prefiera sentarse a pactar con estas concejalas y esté además tan feliz.

El problema es que en lugar de ponerse a solucionar los problemas de l@s monitor@s del Club Adal, de las trabajadoras de limpieza de centros públicos, del pago a proveedores, de los edificios a los que se le tiene paralizada la cédula de habitabilidad y de tantas otras cosas, se entregue a ver como puede mantenerse en poder y cuidar su imagen, incluso a costa de la imagen de Telde.

En Telde ya se ha pasado la raya de la decencia y esto merece una respuesta clara. Por eso, después de votar los asuntos que en el pleno de hoy afectan a las personas de esta ciudad, por respeto a la ciudad y a la institución municipal, l@s socialistas nos hemos levantado en una expresión de ¡basta ya!.

Robo de cartera

Robo de cartera

FRANCISCO J. CHAVANEL

Sigo el rastro del dinero en la UD Las Palmas y concluyo que las posibilidades de que el club desaparezca por auto judicial, tal como dramáticamente anuncia su presidente, son casi nulas. Pero me maravilla de la capacidad de algunos para hacerse pasar con celebrado éxito por salvadores cuando mejor les cabría el traje de tiburones al acecho. Ejemplo: los ex presidentes Germán Suárez y Manuel García Navarro han avalado a la entidad en cerca de 1.500 millones de pesetas. Ahora, a través de ese extraño reparto que se hizo en Infecar la semana pasada, tendrían que avalar sólo 1.000 millones de las antiguas pesetas para cubrir el crédito del Cabildo. Es decir, se ahorrarían 500 millones en la operación.

De la jugadita se dieron cuenta en seguida los hermanos Domínguez y Eustasio López, antiguos socios en Gerencia Deportiva. Suárez, como conviene al comandante en plaza del lobby del Puerto, ha movido sus influencias para desacreditar ante la opinión pública a los hermanos Domínguez y a López, conminándoles a pagar los 1.000 millones de pesetas que les cayeron en tan peculiar reparto, ya que en caso contrario se les haría responsables de la disolución del club. La burda amenaza no alcanzó el objetivo. Si hubiera que elaborar un ranking de principales responsables de la quiebra de la UD Las Palmas había que colocar al propio Suárez, que desde su origen hasta el final se preocupó de controlar las cuentas amarillas a través de personas de confianza y a través de la gestión particularísima de Sabino López, seguido a distancia por Manuel García Navarro y Tadeo, el cual fue vomitado del palco por Ican por veto personal de Gonzalo Angulo.

El comunicado de los hermanos Domínguez y Lopesan no puede resultar más claro al respecto. Apuntan al cráneo de “ex directivos” y dicen que no tuvieron nada que ver con la gestión del club, de la que se apartaron por profundas desavenencias con determinadas actuaciones, cosa que es rigurosamente cierta. De modo que una vez fracasada la operación de sacar la pasta a los hermanos inocentes que pasaban por allí, sólo falta mirar hacia el Cabildo, el cual, sin que parezca que todavía Soria no se haya apercibido, puede acabar siendo el paganini de todo esto.

Por la debilidad de aquel momento, por los silbidos con que lo roció la afición por sus presuntos coqueteos con el Universidad, lo cierto es que Soria, José Manuel, empecinado en ganar imagen, se comprometió a poner encima de la mesa 30 millones de euros y en garantizar la salvación de la UD pagando la institución cabildicia la deuda que dejó la irresponsabilidad de los empresarios que nos ocupan. Desde ese momento está pillado, y las despiertas inteligencias del Puerto, y el mundo financiero grancanario en general, lo saben.

El presidente del Cabildo está en un lío: si los tiburones se empeñan en apuñalarse entre ellos para evitar el pago final, Soria tendrá que decidir si el dinero que comprometió lo aligera de trabas para que sea avalado por el propio Cabildo, situando interventores en el corazón del club, reforzando con su credibilidad la escasa que posee la entidad deportiva, o bien exponerse a un juicio sumarísimo por parte de los aficionados que, como bien quedó demostrado el domingo, no llevan otros colores deportivos en el alma que los de la UD Las Palmas.

Es evidente que la afición señalaría como culpables a los empresarios que menciono, pero también a la autoridad política que dijo que iba a salvar al club y que, en el momento de la verdad, arguyendo tecnicismos y cláusulas draconianas, dejó morir el sueño de muchos. El día en que Soria compareció para regar urbi et orbe que él daba aliento a una UD Las Palmas moribunda, unos cuantos listillos le habían robado la cartera. Pronto se dará cuenta de que muy alerta no estuvo.

Predicar con el ejemplo

Predicar con el ejemplo

ANTONIO BENÍTEZ SANABRIA
Ex-concejal de Patrimonio Histórico y Parques y Jardines del Ayuntamiento de Telde

Es indignante que coches oficiales del Ayuntamiento de Telde aparquen diariamente en la calle peatonal de Licenciado Calderín, junto a la Basílica Menor de San Juan Bautista de Telde, en pleno centro del conjunto declarado Patrimonio Histórico como si tal cosa se tratara. Incluso coches oficiales de concejales. El deterioro que ocasionan al pavimento es notorio: grasas, huellas de gomas y hundimiento por el peso de los mismo, además de los daños físicos y contaminantes.

Tendrían que dar ejemplo a la hora de aparcar. Mientras a los vecinos y usuarios de los aparcamientos de las calles de San Juan nos castigan con multas de hasta 150 euros. No hay derecho a este abuso de poder, y no sólo en San Juan, sino también en San Gregorio con un tiempo máximo de dos horas de aparcamiento. Quitaron las zonas azules y ha sido peor el remedio que la enfermedad. ¡Bueno va el barco con estos pasajeros y sin capitán al mando, por lo tanto a pique!.

La enseñanza

La enseñanza

LUIS LEÓN BARRETO

En los ochenta era corriente que los escritores visitáramos las aulas de los institutos. En aquella especie de euforia por la democracia recién conquistada los contenidos canarios eran valorados y contábamos con la complicidad de profesores amantes de la literatura que inducían a sus alumnos a hacer trabajos de equipo, a leer en definitiva.

Las cosas han cambiado mucho. De tal modo cunde ahora el desánimo que los alumnos ponen cara de aburrimiento cuando llega un escritor que intenta hablarles de lo que hace, leerles un fragmento de un relato o un poema, despertarles el deseo de leer. Aparece una generación completamente desmotivada, pasota, que ni atiende al visitante del centro, que no para de aburrirse.

Por otro lado, los profesores han visto que la Literatura apenas cuenta en el sistema docente, de la misma forma que cada vez se valora menos la Historia del Arte, la Filosofía, etcétera. Según nos cuentan, la literatura escrita en Canarias ya no figura en la Prueba de Acceso a la Universidad, y en ello ha tenido mucho que ver la actitud indolente y poco motivada de un profesorado que ya debe estar harto de tanta reforma, contrarreforma y sanseacabó.

Ese profesorado entusiasta en sus comienzos se convierte en rutinario por la aspereza del sistema, ahora incluso los planes de estudio niegan la existencia de una literatura escrita en Canarias. Puestos a elegir entre Antonio Machado y Tomás Morales, la cosa no tiene color, afirman. Pero es que la cuestión está mal planteada: Machado es válido y Morales también. Vaya usted a decirles a los catalanes, los gallegos o los andaluces que renuncien a su tradición literaria, y que la ignoren en los programas de enseñanza.

Con este panorama poco alentador, unos cuantos escritores fuimos invitados a mantener un encuentro con 700 alumnos en el Palacio de Congresos de Maspalomas. Elsa Perdomo fue la responsable de que allí nos desplazáramos con Emilio González Déniz, Félix Hormiga, Marisol Llano Azcárate, Dolores Campos-Herrero, Rosario Valcárcel, Santiago Gil, Antonio Cabrera, Francisco Tarajano, Joaquín Nieto, Miguel Sánchez y Alexis Ravelo.

Si difícil resulta captar la atención de los adolescentes, nos cupo la satisfacción de haberlo conseguido en ciertos momentos. Queda mucho por hacer, recuperar el terreno perdido no resulta fácil. La dirección general del Libro está echándole imaginación al asunto ya que urge relanzar las campañas de animación a la lectura, hay que reconquistar el aula, es necesario alejar los complejos de inferioridad y -sobre todo- el desconocimiento que se tiene de la literatura escrita por autores de aquí, la escasa valoración que se hace de ella.

Un pueblo que se ignora a sí mismo difícilmente tendrá futuro.