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La Voz de Gran Canaria

El Cabildo planta 1.500 semillas de un endemismo único en la costa de Jinámar

El Cabildo planta 1.500 semillas de un endemismo único en la costa de Jinámar

La Consejería de Medio Ambiente del Cabildo de Gran Canaria plantará antes de que finalice el presente año en la costa de Jinámar 1.500 semillas de la Lotus kunkelii, un endemismo único en el mundo que se encuentra desde hace décadas en peligro de extinción.

Antonio José Fernández

El proyecto puesto en marcha hace ahora tres años por el departamento que comanda María del Mar Arévalo comienza a ofrecer ya sus primeros frutos, y uno de los objetivos del mismo, posible gracias a un convenio suscrito entre la corporación insular y el Parque Marítimo de Jinámar, es la recuperación de esta planta, popularmente conocida como yerbamuda o corazoncillo y que ha tenido que sortear mil y un obstáculos para garantizar su supervivencia.

La preservación de esta especie, de la que apenas se contabilizaban 250 ejemplares en el año 2011, fue, a priori, el principal motivo por el que se programó el desarrollo urbanístico del litoral de Jinámar, aunque paradójicamente ha sido uno de los últimos objetivos en ser afrontado por las instituciones.

La resurrección de la Lotus ha sido factible gracias al empeño y el énfasis puesto por un grupo de técnicos y especialistas que han llegado incluso a conservar, estudiar y reproducir de forma asistida cientos de semillas de este endemismo en los laboratorios que el Cabildo posee en el Jardín Canario. Ahora toca el turno de iniciar su repoblamiento, toda vez que ya se encuentran en disposición de ser utilizados los goros semicirculares y los captadores de arenas distribuidos por este enclave del litoral de la playa. El programa de actuación en este Sitio de Interés Científico (SIC) contempla la plantación final de un total de 5.000 ejemplares de yerbamuda, que con sus vistosas flores amarillas vendrían a complementar las otras 7.800 unidades de otra veintena larga de especies que traerán un cambio radical al look del borde costero.

Balancones típicos de ecosistemas dunares, policarpeas y tabaibas dulces se sucederán sobre un terreno que modificará radicalmente su aspecto para convertirse en un atractivo natural más de la isla. Y es que junto al cariño volcado en la recuperación del citado endemismo también se ha desarrollado un ambicioso proyecto por el que se ha construido un centro de interpretación y un aparcamiento con capacidad para 22 vehículos. También se ha desplegado una empalizada realizada con madera y cuerdas para minimizar, en lo posible, su impacto visual. Siguiendo esta línea, los técnicos han procedido a eliminar un muro construido décadas atrás en el borde de la playa de Jinámar y han retirado toneladas de bloques de hormigón y asfalto, además de distintos carteles antiguos. Todo ello en un intento por devolver al ecosistema la imagen que presentaba hace ya medio siglo.

Una retahíla de instantáneas aéreas demuestran que donde hoy hay eriales y llanuras existía un campo de dunas amplio y llamativo y un antiguo barranco, denominado Cañada Rica, que había desaparecido del mapa tras la proliferación de vertederos clandestinos y la extracción masiva de arena, lo que hizo que la cota del terreno se redujera desde los 16 metros a sólo 9 sobre el nivel del mar.

En este proceso de reversión no han estado solos el Cabildo y los promotores del parque comercial. Gesplan, la empresa pública del Gobierno de Canarias, también ha puesto de su mano dada la envergadura de la actuación, diseminada sobre una gran superficie de 243.000 metros cuadrados. La inversión conjunta supera los 2,3 millones de euros, y abriga incluso la opción de ubicar en el paraje un vivero con esquejes y un futuro banco de semillas.

Con todo, Arévalo confía en que a lo largo del primer semestre de 2014 esté todo inaugurado, según indicó hace unos días a La Provincia, durante el inicio de las obras de embellecimiento de la GC-1. Atrás habrá quedado un arduo trabajo que ya en abril podía admirarse parcialmente gracias a los tres espacios vallados de la costa donde se habían plantado una treintena de yerbamudas, unas conseguidas con semillas -usando técnicas de fertilización in vitro en el vivero de Tafira, como destacó este medio hace ahora un año- y otras mediante esquejes.

Un enclave muy castigado

Durante varias décadas, la costa de Jinámar se convirtió en un vertedero más de la isla. Su lejanía en relación a los núcleos habitados y la existencia de lomas que la mantenían a escondidas de miradas ajenas propiciaron este hecho. La mano del hombre resultó nefasta para la supervivencia de la Lotus kunkelii, que encima se vio agravada por la aparición de un núcleo de chabolas. Ahora, el reto estará en conservar lo que se construya.

La Provincia, 24-11-2013

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