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La Voz de Gran Canaria

La alarma y el disparate de Moratinos

La alarma y el disparate de Moratinos

FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

A Manuel Alcaide casi lo queman vivo en la plaza pública cuando, al poco de ocupar el cargo del Diputado del Común, se le ocurrió calificar como invasión la llegada e inmigrantes irregulares en pateras. Entonces, que arribaran 70 en un día era una cifra récord. Ayer fueron más de 300 y hoy no sabremos cuántos serán. 300, si hacemos memoria, es una cantidad que no se alcanzaba ni cuando un barco negrero nos sorprendía en las aguas canarias, lo que permite evaluar la dimensión del fenómeno al que nos enfrentamos.

Según el ministro de Asuntos Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, el asunto no es para alarmarse. Si él lo dice, malo; dada su experiencia, habrá que concluir que la alarma está más que justificada. Alarmarse no supone convertirse en un xenófobo; alarmarse no es tampoco coger una lata de gasolina y ponerse a prender fuego en los centros de acogida; alarmarse no es llenar las paredes con pintadas racistas, como tampoco lo es concluir que las esencias de la identidad canaria se perderán fruto del mestizaje. Todas esas exageraciones, todas esas conductas delictivas y toda esa falta de raciocinio están fuera de lugar. Son comportamientos reprobables y merecen el rechazo de una sociedad civilizada como la nuestra.

Pero alarmarse es humano, y necesario, también. No hacerlo es quedarse de brazos cruzado y dejar que esa cruda realidad se convierta en caldo de cultivo precisamente para quienes alimentan las más bajas pasiones de la ciudadanía. Para los que animan a no se sabe quién a incendiar un centro que acogerá a menores inmigrantes y para los que afirman en voz baja que el mejor inmigrante es el que no llega a la costa. La alarma, insisto, es otra cosa: es la preocupación por lo que sucede y es la actitud preventiva de quien desea evitar precisamente esos brotes xenófobos.

Para el ministro de Exteriores puede resultar muy cómodo quitarle importancia al asunto mientras habla desde su mullido sillón azul del Senado. Otra cosa es decirlo a pie de playa, con los efectivos de la Cruz Roja, o a estribor de una lancha de la Guardia Civil, o en la comisaría de la Policía Nacional cuando hay que buscar desesperadamente mantas, camas y bocadillos para esos visitantes imprevistos que se exponen a morir precisamente por sus inmensas ganas de vivir. De vivir mejor.

Me habían contado que se estaba preparando una visita de Moratinos a Canarias en próximas fechas. Desde luego, si es para exponer disparates como el que ayer lanzó, será mejor que se quede en Madrid.

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