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La Voz de Gran Canaria

Cambio de imagen y fuera perros

Cambio de imagen y fuera perros JOSÉ FRANCISCO FERNÁNDEZ BELDA

Leo con cierto estupor, sin acabar de comprender cómo me queda aún en el alma algún vestigio de la inocente capacidad de asombro de los años mozos y después de lo que ha llovido, que el Gobierno de Canarias se está gastando una pila de millones de pesetas, de las de antes, en cambiar las imágenes corporativas de todo lo que tiene en su entorno. Y eso que el gasto denunciado en la prensa, de 147.000 euros, es sólo una pequeña parte de la factura global que nos pasan al cobro a usted y a mí, estimado lector. El chocolate del loro, dirían ellos con ese candor cínico con que hablan de sus cosas, las de ellos, que no las nuestras.

Conviene recordar que no tiene derecho el Gobierno a cambiar los símbolos de la Comunidad Autónoma de Canarias, que los fija el artículo 6 de nuestro Estatuto de Autonomía con total claridad. El escudo se describe de la siguiente forma literal: “en campo de azur trae siete islas de plata bien ordenadas, dos, dos, dos y una, esta última en punta. Como timbre una corona real de oro, surmontada de una cinta de plata con el lema Océano de sable y como soporte dos canes en su color encollarados”.

Pero, una vez más, juegan los mandamases con los conceptos, llevando la confusión a los ciudadanos. Lo que realmente han cambiado, dicen, es el escudo corporativo del Gobierno de Canarias, simplificado y sin los perros, no el símbolo de la Comunidad. Antes se usaba el mismo escudo, con los perros incluidos, pero se cambiaba el texto al pie. Si se trataba del papel impreso para ser usado por los parlamentarios, por ejemplo, se añadía el rótulo “Parlamento de Canarias”, si fuera una consejería, la denomimación correspondiente. Y así de forma general para el resto. Todo el mundo usaba el mismo diseño gráfico del escudo, transmitiendo una imagen de unidad y de coordinación a terceras personas.

Pero llegan las últimas elecciones autonómicas y pasa lo que pasó. Y una de las cosas importantes para la felicidad para todos prometida por Adán Martín en su discurso de investidura es, al parecer, el cambio total de los símbolos del Gobierno. En una reunión a la que asistían muchas personas Pilar Parejo justificó este cambio diciendo que “ellos habían ganado las elecciones y por lo tanto tenían derecho a tener una imagen de marca que los distinguiera de otros gobiernos anteriores”. Y ya se sabe que quien manda, manda. Y quien se ve obligado a obedecer, obedece o se atiene a las consecuencias.

En la práctica la mayoría de nosotros no distingue muy bien, ni creo que le preocupe lo más mínimo, si un acto, un cartel o una publicidad la hace el Gobierno o la Comunidad Autónoma. Por eso, por la vía de la reiteración cotidiana, se irá abandonando el uso del escudo oficial de la comunidad y se impondrá el otro, el del Gobierno, sin los perros que tanto alteran la sensibilidad de algunos editorialistas que parecen dictar instrucciones más que comentar opiniones, tal vez porque les recuerda que el nombre del Archipiélago y de una isla suena a can y sugiere los casi jubilados perros de marras, aunque el origen histórico del nombre vaya por otros derroteros.

Por otro lado, y descendiendo a asuntos crematísticos, sería muy interesante analizar el desglose total de esas partidas económicas denunciadas. Hubo unos sustanciosos pagos al equipo publicitario y de imagen corporativa para los estudios iniciales y presentar las propuestas. ¿Están incluidos estos honorarios en los 147.000 euros del chocolate con que se empanchará el loro? Y, por cierto, ¿se hizo concurso público para su adjudicación o fue por la moderna técnica digital que señala a los amigos de los amigos, que como todo el mundo sabe, son sus amigos?

En este mismo periódico se publicó en su día que el equipo de imagen había seleccionado un tipo de letra a utilizar que estaba protegido bajo patente, francesa por más señas, por lo que habría que retratarse en caja periódicamente para actualizar las licencias de uso. ¿Se llegó a un acuerdo con este asunto y está incluido en los 25 millones de pesetas que llevan gastados, según se denuncia?

Y lo peor del asunto es que, al margen del despilfarro de quien está acostumbrado a disparar con pólvora del rey, el gasto se multiplicará cuando se incluyan los cambios en la cartelería y rótulos de los establecimientos, el menaje de algunas empresas públicas como Hecansa, los escudos de solapa, gemelos, trabas de corbata, pañuelos rotulados, etc. que lucen muchos servidores públicos. Por cierto, en relación con estos últimos, si les cambian la imagen corporativa, ¿se sentirán empleados de la Comunidad o del Gobierno? Algunos malpensados, de los que ¡líbrenos Dios!, dirán que eso sería promover el clientelismo político y eso ya no existe en Canarias. Al menos eso afirman los políticos y ellos, es fama, son gente seria y de fiar, ¿no es verdad? No, gritarán algunos, pero esos sólo son los habituales agitadores del pleito insular, hagamos oídos sordos, que en eso sí que tenemos práctica.
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