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La Voz de Gran Canaria

Haciéndome la estatua

Haciéndome la estatua FRANCISCO J. CHAVANEL

Adán: la última vez que te escribí (ATI y la pinza grancanaria) tú y los tuyos la tomaron conmigo. Confieso tener pánico de tu entourage: son primarios, ebrios de sangre, confunden lo profesional con lo privado. Simplemente te dije que te notaba “agitándote en celo”, que mientras yo trabajaba el dificultoso pacto alcanzado con los socialistas, tú te expandías, “luchabas por tus votitos tinerfeños”, escuchabas cómo Soria te pedía mi cabeza y tú no hacías nada. Es posible que aquel galanteo me pusiera nervioso y no me expresara adecuadamente, pero no había tiempo, presidente: o se rompía con el PP o tirábamos por la borda la legislatura.

Al fin me hiciste caso; lo que jamás pude suponer es que la amputación del PP, esa decisión tan tardía como crucial, me desgastara ante tu persona. Cuando me disponía a recoger mi premio, cuando el aire se engalanaba de flores y de olor a incienso, cuando los merecidos aplausos sonaban en el aire, pues yo, con mi inteligencia, mi claridad para ver el futuro, había resuelto el tremendo error de la legislatura, me mostraste el más abyecto de los desprecios nombrando un gobierno rancio y agónico, liquidando en él cualquier influencia mía que resultara decisiva, abduciendo a personas hasta ese instante dignas colaboradoras de Gran Canaria. Y, por si fuera poco, me retiraste la confianza. Me llevaste a un rincón, me emparedaste entre tu furia y el Boletín Oficial, entre María del Mar Julios, oh renegada, y Manuel Lobo, al que José Miguel Ruano te presentó como hombre suyo.

Todo lo que pasó después te lo ganaste tú solito. Lo fácil es que mires hacia mí, que me declares culpable, el motor de todos tus males. Ni yo coloqué a Marisa Zamora en el Gobierno, ni a Marisa Tejedor, ni a una novia ni a una cuñada. Ni eliminé a un consejero para que Parejo resplandeciera con el colorete de la venganza.

Ni estuve ni estoy detrás de los comunicados del Círculo de Empresarios, la Confederación Canaria de Empresarios, la sensación de orfandad que hace mella en Gran Canaria. No fue mi boca la que te acusó de “insularista legendario” sino Luzardo, mujer corta y cabezona, incapaz de respetar la hospitalidad que hay que poseer con el visitante. Tampoco soy yo el que de repente extrae del baúl el serial de despojos, aquellas fotos de finales de los ochenta contigo y Hermoso portando la pancarta de la manifestación contra la universidad de aquí. Y, desde luego, no soy yo el que te escribe los discursos, esas tonterías sobre que tú presides el Gobierno más equilibrado de la historia, un mantra para dormir a niños pequeños, y luego resaltar que tú eres Libra según el horóscopo, signo que te confiere el don de la templanza y la mesura por la cara. Pobre de ti que recurres al zodiaco para defender tus argumentos; pobre tu desnudez; pobre la cabeza que rige tus pensares. ¿No sabes que Bonnie Parker, delincuente yanqui, también era Libra? ¿Y Charlton Heston, ex presidente de la Asociación USA del Rifle? ¿ Y Himler, lugarteniente de Hitler? ¿Y Carlos, el terrorista internacional? ¿ Y Viola, el dictador argentino de los setenta?... Ah sí, y Groucho Marx, uno de los mejores humoristas de la historia.

No, no soy yo el culpable de los desatinos que conducen tu patética vida de ahora. No soy yo el que te organiza los viajes en jet privado a Cancún en compañía de empresarios amigos, ni el que cierra tratos con el ministro Caldera para garantizarle a Tenerife que nunca jamás llegarán a sus costas barcos negreros con 220 subsaharianos a bordo, ni el que incendia tus centros de menores.

Yo soy, ya sabes, aquel que condenaste al cruel rincón de la invisibilidad después de despejarte las sombras del camino. Después de liberarte de la tortura de Román Rodríguez y erigirte presidente. Después de conducir a Soria por los acantilados de la ambición desmedida, la UPN y otras memeces, y empujarle con frialdad hacia el abismo… Y tú mi desagradecido presidente.

¿Qué queremos para Canarias, presidente? ¿La ruina, la guerra fría, el retorno a los tiempos de la balcanización?... ¿Eso queremos para Canarias? Date cuenta de la energía que aún tenemos, del poder que aún disponemos, de mi lealtad sobre todo contigo. Estoy preparado para lo que pase, incluso para ser defenestrado. En cambio tú, tal como te contemplo en estos días de resaca, apenas soportarás unos meses. Por lo tanto: no me declares culpable de lo que sucede, búscate a ti mismo y consuélate con que llegaste muy lejos con tan exiguo equipaje. No soy yo el que le cortará de un tajo las aspiraciones de María del Mar Julios, sino tú por llenar su respirar con el eucalipto de la traición. Ni soy yo el que pretende cerrarte Granadilla, el sector estratégico del gas, el futuro, como tú le llamas, de la expansión de Tenerife. Son los ecologistas, esa parte romántica que todavía tienen algunos socialistas, esa manera que posee ATI de encerrar en paréntesis a cien mil manifestantes.

¿Qué cómo sé todo esto? ¿Son simples conjeturas, adivinanzas por mi parte? No, señor presidente. Perdone mi franqueza… Avanzas Adán, mi SuperLibra zodiacal, como un ciego desorientado al que le gritan desde la banqueta que se cuide de los automóviles que se le vienen encima desde varias direcciones. ¿Estará el ciego, también, sordo?

Deja ocuparme de los ruidos, de los enemigos que te organizan bacanales de calumnias. Déjame que sea Belcebú para vencer a Satanás. Deja que sea yo quien te traiga un silencio hondo y sepulcral. Deja que me ocupe de tu fragilidad. Como dijo Silvio Rodríguez: para que nadie pueda tocarte ni siquiera en canciones. En cualquier caso ya te anuncio que abandono el rincón. Tú mismo. Cada hombre elige su propio destino.

Firmado: José Carlos.
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