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La Voz de Gran Canaria

Sureste, contra viento y marea

Sureste, contra viento y marea ANTONIO MORALES MÉNDEZ, Alcalde de Agüimes

A lo largo y ancho de 176,19 kilómetros cuadrados desde el nivel del mar hasta los mil metros de altitud, se extiende una comarca natural en la isla de Gran Canaria devenida por la voluntad institucional, política y ciudadana en una mancomunidad de municipios -Agüimes, Ingenio, y Santa Lucía- de 105.000 habitantes.

Hace más de mil años - así lo certifican las últimas investigaciones arqueológicas,- ya vivían en esta zona los primeros pobladores de nuestras islas. Guayadeque, Ansite, Balos, Temisas , Agüimes...nos hablan cada día de la presencia de Maninidra, Egenenacar, Masequera, la hija de Fernando Guanarteme y de un importante poblamiento de hombres y mujeres guanches que vivían de la agricultura la ganadería y la pesca.

La llegada de los españoles a esta porción isleña cambió sustancialmente su camino a través de la historia. El 20 de enero de 1487 se dictaba la Real Cédula por la que se concedía a la Iglesia, por los Reyes Católicos, el Señorío de Agüimes. Sus dominios, prácticamente los mismos sobre los que hoy se extiende la comarca del Sureste, se extendía hasta lindar con Telde y más allá del Barranco de Tirajana. Fueron años de prosperidad. De desarrollo económico y cultural. También de grandes gestas históricas como el Motín de Agüimes de 1718. Una comarca en pie para defender sus derechos sobre la propiedad de las tierras. Fueron años en los que nos convertimos en granero de las islas, en ingenios azucareros.El único obispo canario-oriental (Verdugo) es oriundo de aquí..

En agosto de 1811 se decreta la desaparición del Señorío y se entra en una nueva etapa con enormes dificultades para la subsistencia.Serán más de dos siglos de crisis profunda que posó sobre nosotros el sambenito de 'triángulo de la pobreza'. El poder económico, político y religioso basculó hacia el norte de la isla. Durante estos siglos sufrimos los índices más altos de pobreza analfabetismo y enfermedades. Salvo en contadas familias más pudientes, era casi imposible localiar en nuestros municipios personas con estudios de abogacía, arquitectura, medicina, etcétera, etcéra.

El boom del turismo y el tomate de los años cincuenta y sesenta provocó un asentamiento de la población en las zonas costeras sin ningún tipo de infraestructuras ni equipamientos. Miseria sobre miseria.

Con la constitución de los ayuntamientos democráticos, una generación de jóvenes, con unas ganas enormes de transformar la realidad en la que vivían, ganan las primeras elecciones democráticas.Se produce una catarsis. Los antiguos aparceros o sus hijos se hacen con los negocios de los antiguos amos hasta convertir a la comarca en 1a mayor zona de exportación hortofrutícola de Canarias; los hijos de los primeros trabajadores del turismo y el tomate acceden con ansias a la formación. Surgen los comercios y las industrias con un enorme potencial. Alcanzamos las cotas más altas de universitarios, las mejores ratios económicas...se cultivan los eriales, se investiga en nuevos modelos de desarrollo, se culmina la más importante revolución hidráulica de la historia de Canarias, se impulsa la cultura, la participación ciudadana y el desarrollo sostenible...

Hoy nos hemos convertido en la comarca, de mayor crecimiento de Canarias, en la mayor zona de atracción de inmigrantes que acuden ante el efecto llamada de buenos servicios públicos y perspectivas de trabajo. Y seguimos batallando por nuevos equipamientos, por más formación, por una transformación de la sociedad a través de la asunción directa de las riendas de nuestro futuro. Contra viento y marea.

A través de la Mancomunidad Intermunicipal del Sureste, que profundiza en la búsqueda de proyectos comunes desde los cimientos de la geografía y la historia, se ha manifestado por activa y por pasiva nuestra voluntad de seguir construyendo una ciudad de futuro, libre, participativa, dueña de su destino. Y llegados a este punto, hecha una pincelada histórica, a vuelapluma, para dar testimonio de nuestra voluntad de siglos de caminar juntos, quiero afirmar una vez más, como han hecho en distintas ocasiones los compañeros alcaldes de Ingenio- Domingo González- y Santa Lucía -Silverio Matos- que cualquier actuación diseñada desde hitos distintos a la Mancomunidad del Sureste y a cada uno de los municipios que la componen debe contar, ineludiblemente, con nuestro visto bueno.

Jamás permitiremos que nos menosprecien, que se nos infravalore o se nos utilice para la realización de actuaciones extrañas y ajenas al bien común, que benefician a una minoría y se venden como la salvación de la Isla.

Afirmo tajantemente que cuando se hable del gas, de la ampliación del puerto de Arinaga, del traslado de la base naval, de una cementera, de una refinería, de las actividades de Salinetas o de cualquier iniciativa a realizar en los límites geográficos de Ingenio, Santa Lucía o Agüimes, se debe contar también con cada uno de los municipios. No valen mensajitos de que se van a cobrar quinientos millones de las antiguas pesetas por licencias.No nos vendemos.

Repito por enésima vez que Gran Canaria, que no es sólo Las Palmas de Grana Canaria, la tenemos que seguir construyendo todos los grancanarios. Desde el diálogo, el consenso y el equilibrio.Para que no se repitan motines como el de 1718.
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