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La Voz de Gran Canaria

Terrorismo, según don José

Terrorismo, según don José Érase un mundo al revés en el que invocar las leyes, censurar la incitación al abucheo y la pedrada contra quienes disienten y confiar en el celo vigilante de la Fiscalía frente a quienes atropellan los derechos de otros equivale a practicar el terrorismo.

Así, sin anestesia, lo interpreta el periódico El Día, que desde un libelo cuyo autor se refugia en el cobarde anonimato, disparó ayer en dirección a esta columna una acusación de periodismo “terrorista” por “incitar a la Justicia”.

Veamos. Alguien puede despertarse un día borracho de independentismo trasnochado y al siguiente elogiar los progresos del franquismo, vituperar a los habitantes de una isla, ridiculizar su nombre, mofarse de su orografía y de sus símbolos…

Puede cultivar sin desmayo la semilla del odio, incitar al pleito, desprestigiar y deslegitimar las instituciones, despreciar por gandules, gallinas o mamones a los diputados electos; despreciar la Constitución y los derechos fundamentales que esa ley protege; insultar la inteligencia de los canarios con la estupidez soberana de que es un pueblo avasallado y esquilmado por la Metrópoli, practicar la xenofobia contra “el godo”, insinuar la conveniencia de una insumisión…

Instalarse en el delirio e incluso colmar el vaso del desatino perpetrando maliciosamente la especie de que algún día, tal vez, alguien podría pasar de las palabras a los hechos y convertir en pedradas los abucheos frente a los políticos que se resisten a tragarse ruedas de molino tan descomunales como descerebrados parecen sus tutores intelectuales.

Sí. Ese alguien, un talibán extraviado en su laberinto de odio y memeces, puede hacer todo eso y mucho más. Pero si otro alguien tose, si alguien disiente, si alguien vota, si alguien escribe, si alguien apela a la Fiscalía y al Estado de Derecho, sea diputado, periodista o gente corriente, entonces, que se prepare, pues caerá sobre él (y peor aún sobre ella, pues el machismo más chabacano y la misoginia más soez son también santo y seña de la casa) un vómito de exabruptos y, quién sabe, hasta una acusación de terrorismo.

E incluso, desde un reino que no es de este mundo y parece preferir la ley de la omertá al de la Constitución, una amenaza desde una columna cobardemente anónima. Pues, “señora o señorita, cuídese, un lema de don José ha sido siempre ‘el que me la hace me la paga”. Con todo, no es lo más triste. Sino comprobar que haya quien sucumba al miedo y prefiera asentir, abstenerse o callar, e incluso alimentar con dinero público semejante alimaña del sistema.

Información de: En tiempo real, 21-11-2008

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