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La Voz de Gran Canaria

Sedes descompensadas

Sedes descompensadas

RUBÉN ACOSTA

La historia de los edificios de la Presidencia del Gobierno autonómico en las dos capitales es muy diferente a la vez que sintomática: en la capital grancanaria es un inmueble discreto y sin elementos que le hagan singular, mientras que en la capital tinerfeña se trata de un edificio emblemático y peculiar. Sin embargo, el coste de ambos ha sido similar. Los edificios que albergan las sedes de la Presidencia del Gobierno en las dos capitales canarias es el vivo ejemplo de como la paciencia y el tesón acaban dando sus frutos. En Santa Cruz de Tenerife esperaron más de 13 años para tener como sede de la Presidencia lo que se ha convertido en un edificio emblemático y singular en la zona de expansión de Santa Cruz de Tenerife. Sin embargo, en Las Palmas de Gran Canaria una decisión apresurada provocó que un inmueble que ya se estaba construyendo en las cercanías de la antigua Clínica del Pino se readaptara para albergar las dependencias de la Presidencia, cercenándose el concurso de ideas que se había convocado para los edificios de las dos capitales canarias.

La capital grancanaria tuvo sede de la Presidencia diez años antes que la capital tinerfeña, pero en esta ocasión la espera valió la pena y al final en Santa Cruz se edificó un inmueble peculiar y emblemático, ideado por un prestigioso equipo de arquitectos que ganó un concurso nacional de ideas. Por contra, el inmueble presidencial de la capital grancanaria es una construcción más bien discreta, gris y sin ningún elemento que realce su valor arquitectónico en la ciudad.

A este desequilibrio arquitectónico y funcional se añade el coste de los dos inmuebles para las arcas autonómicas. La decisión de comprar el inmueble en la capital grancanaria, que ya se encontraba con la estructura construida, supuso un desembolso de casi 400 millones de pesetas, mientras que el proyecto y las obras de readaptación del edificio al uso como sede de la Presidencia costó 662 millones de pesetas. En total el Gobierno desembolsó 1.060 millones de pesetas del año 1991.

El Gobierno de Lorenzo Olarte tomó la decisión de comprar el edificio, el de Jerónimo Saavedra culminó la remodelación y lo ocupó pocos meses debido a la moción de censura que en 1993 motivó que Manuel Hermoso fuera elegido jefe del Ejecutivo regional. El proyecto original del edificio era para albergar la sede del Banco de las Islas Canarias, una entidad financiera que no cuajó y que finalmente fue absorbida por La Caixa. El inmueble, que tenía la estructura hecha, se puso en venta y fue finalmente el Gobierno el comprador, lo que originó una cierta polémica en aquellos momentos por el alto coste que supuso para la Comunidad Autónoma en una zona de la ciudad donde la normativa urbanística impedía subir más en altura. El equipo arquitectónico elegido para reacondicionar el inmueble (Manuel Palomino, Luis López y Manuel Batista) se vio condicionado por la estructura que presentaba la edificación en el momento de la adquisición y sobre la base en forma de L se adaptó a su nuevo uso administrativo.

En la capital tinerfeña el proceso fue totalmente diferente. El primer Gobierno de Jerónimo Saavedra (1983-87) convocó un concurso nacional de ideas que ganó el equipo de arquitectos formado por Felipe Artengo, Fernando Martín Menis (hermano del actual presidente del Gobierno, Adán Martín) y José María Rodríguez-Pastrana. La construcción no comenzó hasta 1993 y se prolongó hasta el año 2000 debido a las vicisitudes por las que pasaron las dos primersa empresas que se hicieron cargo de la ejecución del proyecto. El inmueble no fue totalmente operativo hasta el año 2001 y en 2004 fue cuando finalizó totalmente la vivienda presidencial.

El hecho de que el proyecto saliera de un concurso nacional de ideas y de que se diseñara con más rigor que el de la capital grancanaria ha motivado que se construyera una edificación singular, que ha recibido dos premios y que haya sido nominado a un galardón europeo. Con una superficie construida de 7.395 metros cuadrados, el coste final fue de poco más de 7 millones de euros (1.175 millones de pesetas). La piedra, el metal y la madera son los materiales que predominan tanto en el exterior como en el interior. Una de sus singularidades más destacadas es el patio central, hecho con madera de tea de la desaparecida Casa Hamilton, que data del siglo XVIII, una de las piezas de la arquitectura canaria más significativas del Santa Cruz antiguo.

Una comparación del coste de ambos edificios evidencia una conclusión paradójica: si los 1.060 millones de pesetas de 1991 que desembolsó la Comunidad Autónoma por el inmueble de la capital grancanaria se traspasaran al coste que supondría en la actualidad, quince años después, el incremento del nivel de vida y de los precios de la economía elevarían el gasto hasta los 1.600 millones, es decir, el inmueble presidencial de Las Palmas de Gran Canaria ha salido más caro para el Gobierno que el de Santa Cruz de Tenerife, pese a ser éste un inmueble más pensado y construido desde el principio para su función administrativa.

La descompensación que caracteriza a las dos sedes de la Presidencia del Gobierno canario ha provocado que surgan voces que piden construir una sede más singular y con más empaque en la capital grancanaria. Una de estas voces es la del ex presidente Jerónimo Saavedra, candidato a la Alcaldía de la ciudad. En su opinión, una vez que se desarrolle el Frente Marítimo, la sede de la Presidencia del Gobierno podría trasladarse a la zona cercana al edificio Woermann, el espacio que deje la Base Naval o en el espacio del Istmo de Santa Catalina. De esta forma se edificaría una zona administrativa moderna en la que convivirían la Oficinas Municipales del Ayuntamiento capitalino y la sede del Ejecutivo autonómico.

Información de: La Provincia, 12-11-2006

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