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La Voz de Gran Canaria

Simplemente María

Simplemente María

ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA

Doña María Farnés, delegada en Santa Cruz de Tenerife de la Fiscalía Anticorrupción, ha hecho unas recientes declaraciones al periódico ´El Día´ que han sembrado el desconcierto y la confusión en amplios sectores del mundo judicial, político, y de la sociedad en general. La entrevista a la fiscala es, sin duda, una consecuencia de los comentarios sobre la diferencia que se observa a simple vista en materia de lucha contra la corrupción en las dos provincias. Mientras en Las Palmas se suceden las denuncias, los pinchazos y los juicios sobre comportamientos político- empresariales supuestamente corruptos, la tinerfeña parece el reino de la abeja Maya a pesar de que en la calle y en círculos bien informados y bien exprimidos se afirme que la procesión va por dentro y que la situación está llegando a ser asfixiante. "La política canaria está como en todas partes, y no hay nada que me haga pensar otra cosa", dice la entrevistada, que no se corta a la hora de enviar indirectas a su colega de Las Palmas de Gran Canaria con frases de doble sentido: "A mi me gusta la discreción, y hay dos formas de trabajar, y las dos, buenas. Una, la de mi compañero de Las Palmas, que tiene una relación con la prensa desde el principio, y otra es la mía, que cuando salgo de aquí soy María, madre de mi hijo y se acabó".

Pero no se acaba ahí, porque una es fiscala hasta cuando duerme. La responsabilidad no se extiende únicamente a las horas de oficina. Ni es aceptable la reticen- cia al papel que deben tener los medios de comunicación, que está recogido en instrucciones de la Fiscalía General, y además en el sentido común que debe imperar en un sistema democrático. La prensa cumple un papel fundamental en una democracia, y esta función no está reñida, como está suficientemente demostrado, con el desempeño judicial o fiscal. Sí es cierto que muchas personas suelen acusar a los medios de comunicación como chivos expiatorios de sus propias incompetencias, complejos o afinidades ideológicas o personales. Pero estos son comportamientos a estas alturas anacrónicos e impropios. Como es resbaladizo decir que "creo que si vas a luchar contra la criminalidad organizada, cuanto menos sepan de ti mejor, porque te permite trabajar mucho más", o que "para mí se está desprestigiando la figura del fiscal anticorrupción, porque yo la lectura que saco de todo esto es que el fiscal anticorrupción ha sido creado para ir a la caza del político, y no, no responde a esa realidad esa imagen de superfiscal". Todo un conjunto de despropósitos que contradice principios generalmente asumidos sobre lo que es la corrupción, sea política, civil, empresarial, militar o episcopal. Desviar el foco de atención al cauce contencioso y predicar que no debe confundirse éste con el penal parece una obviedad pero no lo es. Muchas corrupciones han quedado impunes precisamente porque se han sustanciado por el cauce equivocado.

Una adjudicación marrullera puede anularse o enmendarse por la vía contenciosa, pero ¿y si esta adjudicación es consecuencia de un trato encubierto, de la aplicación de subcriterios torticeros una vez abiertas las plicas, e incluso del pago del impuesto del hormigón? La señora fiscala tinerfeña parece haberse caído de un guindo; porque tampoco es de recibo enfrentar dos aspectos: la lucha contra las mafias y el crimen organizado de los sures, y los sobornos y chanchulleos entre políticos y empresarios, como si la importancia de lo primero fuera antagónica con la investigación de lo segundo. Para la democracia, sin embargo, es clave el saneamiento político: el contubernio entre determinados hombres de negocio y políticos es gravísimo porque prostituye las reglas del juego. La lucha contra la mafia italiana, que le costó la vida a fiscales ejemplares y valerosos, se compaginó con la ´operación manos limpias´. A nadie se le ocurrió, porque no sólo es una tontería sino un fallo profesional de dimensiones colosales, restar importancia al cáncer que corroía las instituciones de la República por la enormidad del esfuerzo que requería el combate contra los mafiosos.

Flaco favor le ha hecho a la justicia, a la democracia y a la esperanza de la gente corriente esta fiscala que después de su trabajo quiere ser simplemente María. Sus opiniones, que coinciden con las expresadas reiteradamente por ATI y por significados y significativos empresarios, son sin duda producto del ambiente idílico de una vida tinerfeña encerrada en una burbuja.

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