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La Voz de Gran Canaria

La palabra de ATI

La palabra de ATI FRANCISCO J. CHAVANEL

Lo llevan claro quienes piensen que el cambio de gobierno es un hecho. Aquellos que se pasen el día escudriñando en las declaraciones de la grey política, en sus pequeños gestos, reuniones clandestinas, apariciones sorprendentes, y de esos detalles entresacar una voluntad decidida a la materialización de un giro copernicano del actual Ejecutivo, desalojando al PP, quedándose en minoría CC, o pactando estos últimos con los socialistas, pueden quedarse con los ojos pegados a la frente, con similar perplejidad a la que demostraron cuando Román Rodríguez, sin el menor rubor y respeto a los compromisos firmados, fue expulsado de la Vicepresidencia con el argumento de que su convivencia con Adán Martín era perniciosa para la autonomía.

Vivimos en la bruma de un engaño; somos testigos de un cortejo de ingenuos a las fuerzas de ATI, donde el tinerfeñismo se sienta a placer pues sus líderes son verdaderos expertos en el arte de ocultar sus intenciones, en envolver en humo sus própositos, en hacer lo que dicen o justamente lo contrario, según les convenga. Algunos, estúpidamente sin duda, sostienen: "Si Mauricio es el que negocia con el PSOE es porque se encuentra inseguro; lo hace porque es la única posibilidad de mantenerse en un gobierno si las conversaciones las llevaran directamente áticos y socialistas". Y, entonces, como Mauricio asegura públicamente que es favorable a un cambio de rumbo, una horda de exegetas suyos dan por cerrada la trasmutación, como si el personaje destacara por su honda sinceridad. Incluso se interrogan: "¿Y podré yo, alma cándida, fuente de energia ética sin igual, soportar en un Gobierno al socialismo, que pretender regenerar la vida pública, y a Mauricio, que es sargento de la plantación, apóstol de la ciénaga?".

Hay más: son los propios mauricistas los que propagan una supuesta conversación entre el interfecto y José Manuel Soria, en el que el primero le comunica al segundo que su arcadia feliz en torno a los sectores estratégicos sufrirá una interrupción momentánea, que esa interrupción es corta y necesaria, y que uno desde dentro del Gobierno (Mauricio), y otro desde fuera (Soria), atarán de pies y manos a los socialistas, de modo que en 2007 se regrese al paraíso del centro derecha con una suma de 35 diputados. Es muy probable que tal conversación haya existido, y que los mauricistas la hayan contado a su manera en el deseo de rebajar la no muy firme oposición del PSOE, pero concluir que ése es el unico escenario que maneja el ex comunista es un insulto a su perversa inteligencia, que sigue siendo mucha.

De modo que cuando intervienen en las últimas horas el eterno consejero del Gobierno, Antonio Castro (API), y el presidente nacional de CC, Paulino Rivero (ATI), asegurando que no habrá pacto canario con el PSOE, y sí uno de legislatura con Madrid, habrá que convenir que ese proyecto es ideal desde la perspectiva de la derechona insularista del chicharrerismo. Un pacto de legislatura con Zapatero anuda en parte al PSOE canario, le permite pactar en Madrid condiciones incómodas para Juan Carlos Alemán y los suyos y, por otra parte, mantiene al PP de Soria sumiso, incapaz de crecer en Tenerife, y sin discurso reivindicativo en Gran Canaria al convertirlo en cómplice de sus políticas. Pero lo más importante es que condena a Gran Canaria a una guerra sin cuartel, devorándose entre carmelitas, románticos y mauricistas, mientras someten a Soria a una erosión peligrosísima ante un electorado cada vez más frustrado, creando, en suma, las condiciones imprescindibles para intensificar el saqueo de sedes, riquezas y tesoros de la isla redonda.

Cuento una anécdota ilustrativa. En los meses previos al descabezamiento de Román Rodríguez como líder grancanario, ATI inició una ronda de conversaciones con representantes de las fuerzas vivas de la provincia oriental. Casi todas las reuniones las condujeron Paulino Rivero, Antonio Castro Cordobez y Adán Martín, juntos o por separado. Es curioso recordarlo, pero los tres aparecieron con disfraces muy iguales: tranquilos, reposados, dialogantes, regionalistas convencidos, casi jesuíticos. Había que crear el paraíso del centro derecha, decían; Canarias será un infierno si los sectarios de ICAN, continúan en posiciones de poder, proclamaban. Nuestro enemigo es Carmelo Ramírez, proseguían; a Román Rodríguez, que es joven y temperamental, lo reconduciremos, manifestaban mirando a los ojos de sus interlocutores. Conversaron con todos los que tenían poder de decisión, sin olvidar a la plana mayor de La Provincia y Canarias7.

Ambos periódicos pusieron la misma condición: Román estaría en el Gobierno, y Mauricio no. Luego, cuando Soria quiso saber con qué apoyos contaba para su campaña electoral, el líder del PP aceptó el mismo compromiso tras un solemne minidiscurso en el que colocó a su amigo Mauricio a la altura de las letrinas. CC ganó las elecciones de la manera que sabemos: apoyándose en Dimas, desarticulando a Becerra en Lanzarote, haciéndole los mauricistas luz de gas a las fuerzas de Román/Carmelo Ramírez. Adán fue presidente, y Román Rodríguez, fulminado después de una serie de ofertas inaceptables, cursadas todas por Paulino Rivero. Los dos periódicos, sin hablar entre ellos, pues son legendarias sus pésimas relaciones, se percatan de que hay una parte del acuerdo que no se cumple. Piden explicaciones y se topan con ese tipo de poder enamorado de sí mismo, displicente y altanero, que echa fuera balones mientras esboza una ligera sonrisa de burla. Los dos rotativos, en un domingo histórico, editorializan sobre la humillación que sufriría Gran Canaria si ATI decidiese amputar el movimiento romanista y suplantarlo por "el traidor José Carlos Mauricio". Con energía, y sin ningún tipo de pudor, reclaman del presidente Adán Martín, que cumpla su promesa.

ATI se reúne al día siguiente. Paulino Rivero informa de que su leal colaborador, José Carlos Mauricio, ya no desea presentarse a las elecciones legislativas de marzo de 2004, encabezando la lista de Gran Canaria. Argumenta que la campaña que ha padecido por parte de los periódicos de su isla es tan fuerte que cuando sale a la calle le insultan. Que si encabeza la lista, no saldría ni él. Rivero complementa su información con un detalle clave: Mauricio me ha pedido entrar en el Gobierno o, en caso contrario, llevado por el instinto de supervivencia, estudiará una serie de mociones de censura en ayuntamientos esenciales para ATI, cuando no la forma de derribar al nuevo gobierno, pactando si es necesario con romanitas, carmelitas, y socialistas.

Como lo creen capaz de todo, los áticos callan. Mauricio me traslada, continúa Paulino Rivero, que sin él ATI no hubiera obtenido el control de la región, y que si en esa tarea él se ha llevado la parte más desagradable, quedando incluso como un traidor en Gran Canaria, lo lógico es que sus esfuerzos sean compensados.

El cónclave no dura mucho más. Un joven cachorro de ATI, muy próximo a Miguel Zerolo, espeta exaltado: "¡Pues que se joda Gran Canaria!". Aclamación general, aplausos, y Mauricio nuevo consejero de Economía y Hacienda. De esa humillación, profunda y desolada, Gran Canaria todavía no se ha recuperado.
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