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La Voz de Gran Canaria

Ruta por las Aguas de Tirajana

Ruta por las Aguas de Tirajana

ALVARO MONZÓN

Después de las lluvias que han favorecido al campo, a los barrancos y a las presas de la Gran Canaria, es una oportunidad para salir de excursión tomando las debidas precauciones; evitando aquellos lugares que presenten aún algún riesgo de precipitaciones o desprendimientos de rocas. Pero también es necesario evitar las aglomeraciones de tráfico que seguramente existirán en el centro de la Isla.

Para disfrutar del verde intenso que presenta el paisaje de nuestra tierra proponemos una visita alternativa, un lugar recóndito, un rincón donde seguramente el silencio y el paraje se funden en agradable armonía para el deleite del visitante. Se trata de un paseo por el entorno de La Presa de La Sorrueda (o de Tirajana) y de la Fortaleza de Ansite.

Para llegar a este lugar hay que subir desde la autopista GC-1 al pueblo de Agüimes, después coger la carretera de Temisas -pintoresco lugar que ha recibido innumerables premios por su arquitectura tradicional- y llegar a la entrada del pueblo de Santa Lucía de Tirajana, donde giramos a la izquierda para descender por la GC-65 (antigua C-815) hasta el cementerio de Los Ingleses, identificable por los cipreses que jalonan al mismo.

Se pasa delante del cementerio por una estrecha carretera que va descendiendo -rumbo Sur- hasta la base de la Fortaleza (hay señalizaciones). Unos 500 metros antes existe una bifurcación donde aparece una carreterita que baja al muro de la Presa de Tirajana. Es una buena sugerencia descender sólo hasta un mirador acondicionado, que con paneles explicativos le indicarán todos los nombres de los macizos montañosos y los palmerales que circundan la hermosa presa. Los coches llegan hasta la base de la Fortaleza, donde hay una gran explanada de tierra. Aquí situamos el punto inicial de la ruta.

Subimos por una estrecha pista que se convierte después en unos escalones rocosos que le permiten llegar a un túnel. Penetramos en él y atravesamos de lado a lado La Fortaleza, uno de los bastiones de la arqueología insular, porque es aquí donde se dice que se atrincheraron los últimos aborígenes antes de la conquista. Al salir damos vista al barranco de Balos (como la gente del lugar le llama, en algunos mapas aparece con el nombre de barranco de la Fortaleza). Por la izquierda, caminamos sobre un andén excavado en la pared rocosa, viendo algunas cuevas pequeñas y rodeando completamente la montaña de La Fortaleza Grande.

El camino desemboca en una pista de tierra que ahora cogemos a la derecha para sortear un cordón metálico que cierra la entrada a los coches. Descendemos la pista hasta el barranco pasando por un hermoso palmeral. Después de cruzar el cauce (es posible que lleve algo de agua), aparece una bifurcación: la pista principal baja a la derecha y otra, secundaria, asciende por la izquierda.

La opción más aventurera es la izquierda para visitar el enorme caidero de agua del barranco de La Culata. En esa bifurcación ascendemos entonces a la izquierda. La pista se va cerrando por la vegetación pero está practicable hasta la degollada del Chorro, donde está la antigua casa del caminero, hoy derruida. Desde este punto se tiene una panorámica del barranco de La Culata, donde suele existir una gran cascada de agua (sí las lluvias han propiciado el reboso de la Presa de Cuevas Blancas, de Santa Lucía).

Después de esta visita, se propone retroceder hasta la bifurcación de la pista para seguir por la principal que desciende el primer barranco, el de Balos. Descendemos cómodamente por la pista, pasamos por delante de una casa y su patio, con un sillón y un árbol algarrobero. La pista sigue dando vueltas -evite las entradas a las fincas laterales- y llegará a un antiguo pozo. La pista desciende al mismo cauce para salir más adelante a otro camino que discurre por el centro del gran barranco de Tirajana. Hasta este punto hemos recorrido aproximadamente unos 2,4 km.

Ahora subimos a la derecha por la pista del cauce que nos llevará directamente al muro de la presa de La Sorrueda. Unos 1.600 metros separan la salida del barranco de Balos hasta el muro de la presa. Después es necesario subir la empinada carretera asfaltada hasta el punto inicial.

En un alto escondidas

La fortaleza

Una buena excusa para parar en esta ruta. Se sitúa a 586 metros de altitud. Es un promontorio que sobresale del fondo del barranco de Tirajana y que alberga numerosas cuevas de habitación aborígenes, enterramientos y un túnel natural.

Hito histórico

Las crónicas de la conquista dicen que en 1483 los aborígenes Bentejuí y el Faycán de Telde se tiraron al vacío desde un lugar de las Tirajanas al grito de Atis Tirma para no rendirse a los invasores. La tradición ubica ese sitio en La Fortaleza.

Presa singular. Se acabó en 1974 y tiene capacidad para 3 millones de metros cúbicos. Es singular porque su muro de contención no es de hormigón, sino de arcilla prensada y cubierta de piedras, arena y tierra, y su modelo de aliviadero es único en Canarias.

Caídas imposibles Monzón ha ideado también una propuesta de cascadas imposibles, en lugares de difícil acceso y aptas sólo para expertos. Se encuentran escondidas en la Caldera de Tejeda. Destacan la del barranco de Siberio o la de Pajonales.

Caldera gigante. Tiene más de 200 kilómetros cuadrados (casi tan grande como la isla de El Hierro). De origen volcánico, se formó por el hundimiento del edificio insular hace 1,4 millones de años. Mide 20 por 35 kilómetros.

Para ir en coche. Aunque estas cascadas son para expertos, hay otras en la Caldera que podrían verse en coche. Basta con coger la carretera de las presas, de Artenara a La Aldea. Hay paredes rocosas muy verticales donde si cae agua lo hace en tumultuosas cascadas.

Dónde ver saltos si aún corren los barrancos

Barranco Hondo y Las Palmas. Ambos están en San Bartolomé de Tirajana, dentro de los límites del macizo de Amurga. Son lugares visitas recomendables en esta época, según Monzón. Dice que, dependiendo de las lluvias caídas, sus pequeñas cascadas se convierten en cataratas espectaculares.

El Charco Azul (Agaete). Es una apuesta segura. Siempre hay agua. Está en la cabecera de uno de los barrancos que se dirigen al pueblo de El Risco. «El color de sus aguas y lo remoto del lugar lo convierten en un rincón bucólico».

Entornos de presas. Si sigue corriendo agua, hay que ver los caideros en el barranco del Negro, en la carretera que va de Tunte al desvío para Chira. También impresionan los que caen por las pendientes que rodean Soria, Las Niñas y El Mulato.

Charcas en Las Tederas. Por encima de Ayagaures, cerca de la presa del mismo nombre y la de La Gambuesa. Aconseja subir por la carretera de Montaña La Data para ver una panorámica del barranco de Los Palmitos. Al llegar a las presas, se sube por una pista de tierra por la izquierda y tras una caminata de 5 kilómetros, se llega al caserío de Las Tederas.

Fuente Los Azulejos. En la GC-200, entre Mogán y Tasarte. Se identifica por el color de las piedras. Hay caideros en el barranco de El Palo.

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