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La Voz de Gran Canaria

Frenos a la gran ciudad

Frenos a la gran ciudad

ANDRÉS RUIZ DELGADO

Preocupan cómo y de qué manera se debaten cuestiones trascendentales que afectan a nuestra ciudad y su desarrollo presente. Impera una especie de empotramiento en el sentido de que no se dé un paso adelante sin el pláceme de los que no gobiernan porque así lo decidió la voluntad popular, que es la que formalmente debe regir en tanto esa voluntad popular, en otros momentos y por los parámetros democráticos, decida cambio de rumbo. Esta ciudad nuestra, Las Palmas de Gran Canaria, centro neurálgico y de población de la Isla, a lo largo de sus peripecias históricas ha pasado por decisivos trances, cercos y asedios, desde berberiscos a
holandeses y británicos. Van der Does, en 1599, la saqueó e incendió, ante la imposibilidad de domeñarla por la bravura de sus defensores. Cuatro años más tarde, el almirante Drake, con 28 navíos y 4.000 hombres de desembarco, pretendió avasallarla con un aparatoso despliegue por la isleta de Santa Catalina. Tuvo que retirarse igualmente ante la denodada resistencia de 800 milicianos (refiere Viera y Clavijo) y el fuego del castillo.

No pretendemos, ni por asomo, trazar paralelismos dramáticos. Sería absolutamente desorbitado, aparte de anacrónico. Sólo hacemos mención como cronología de una ciudad, el Real de Las Palmas, nunca libre de las más variadas acometidas y que, a pesar de ello, permanece incólume en su impulso vital. Lleva la fuerza en su propia existencia y nadie logrará reducirla en su avance y progreso, por muchos obstáculos que encuentre en el camino. El más detonante, en los últimos años, ha sido el de La Gran Marina, un singular proyecto para la ciudad del futuro inmediato. Meros partidismos y egocéntricos corporativismos que se distancian del interés general, lo dejan estancado, con perjuicio para la ciudad y de los que en ella habitan y de su prestancia de cara al exterior. Curiosamente, un proyecto de idénticas características se ha puesto en marcha en Valencia. Incomprensible: nos asediamos, nos asfixiamos a nosotros mismos, como si no fuera suficiente con el tenaz cerco que el Gobierno de ATI somete a Gran Canaria en cualquier aspecto que se examine, Universidad incluida, tratada con discriminación respecto a su homónima lagunera, dieciséis millones de euros menos para la ULPGC en el capítulo presupuestario. Desde Madrid (Ministerio de Fomento) también prevalecen las inversiones en
los puertos de Tenerife, donde aumentan a la par que se reducen en Las Palmas. Puede sentirse orgulloso, como tinerfeño, el presidente de la llamada Coalición Canaria, Paulino Rivero, en las negociaciones con el Gobierno central. No ha conseguido más en conjunto, pero, a cambio, acrecienta las aportaciones a su feudo a costa de nuestra Isla. Le cuadran las cuentas perfectamente, fiel a los postulados del Ejecutivo de ATI, en la práctica de carácter monocolor y, por consiguiente, basculando hacia el territorio donde tiene su raíz y fuerza.

Aun siendo un capítulo de menor talla urbanística, ahora estamos ante una nueva polémica en torno a lo que fuera epicentro y cúspide del fútbol canario, el viejo recinto en desuso al advenir el monumental, desproporcionado -inacabado en su infraestructura- Estadio de Gran Canaria, donde se enterraron cuantiosos dineros, que hubieran sido más útiles para otros proyectos más trascendentes y necesarios. Hemos sido testigos directos, en nuestra inicial andadura periodística como cronista deportivo, de las gestas allí fraguadas, desde la Liguilla de ascenso a los más deslumbrantes episodios de la historia gloriosa de la UD, que nos dieron fama allende los mares isleños. Sin embargo, pediríamos un análisis ponderado, objetivo, en cuanto a sus virtudes arquitectónicas, muchísimas menos, a nuestro juicio, que los sentimientos que en el Insular anidaron y persisten hasta nuestros días, calados en el corazón de nuestro pueblo. También, anteriormente, en el ´Pepe Conçalves´, del Puerto, hubo una etapa memorable del balompié provincial e interregional, como así mismo en el Campo España de la zona de Lugo. ¿Queda algo de ellos? Es un interrogante
que dejamos para la reflexión, sin menoscabo para otras posturas avivadas. Éstas son simplemente nuestras estimaciones, desde la perspectiva de estar viviendo más de medio siglo en el municipio capitalino y seguir paso a paso sus vicisitudes. Por entonces, el desarrollo de la Avenida Marítima parecía más bien utópica ensoñación. Desde San Cristóbal a San Telmo, Venegas, Lugo, etc., rondábamos el marisco.

Tendremos, sin duda, más pasos adelante -¿nuevas oposiciones?- como el que se traza con un nuevo y reflotado Guiniguada (Valencia hizo algo parecido con el cauce del Turia, convertido en jardines y sugestivos espacios urbanos). Para nosotros, este proyecto que abarca Guiniguada-Vegueta-Triana es todavía más importante y atractivo que el de La Gran Marina, aun siendo ambos de extraordinario alcance. Y realzándolo, al fondo, la evocadora Vegueta, reflejo imborrable de un tiempo en la historia de la ciudad, de la Isla y de Canarias, llamada a su catalogación como patrimonio de la humanidad. Al amparo del barranco por donde antaño discurrían aparatosamente las aguas de copiosas lluvias, en el entorno, la urbe que todos ansiamos y con un teatro embellecido y más dotado, acorde con las exigencias actuales y al que se quiso -no se olvide- poner freno entre sonadas turbulencias que luego, recuperada la calma, han ido desapareciendo.

La gran ciudad del siglo XXI quiere abrirse paso. ¿Es razonable dejarla anclada?. No se pase por alto que, en las cercanías insulares, otros, con indudables menos fundamentos, tratan de ser ellos los que se arroguen ese privilegio. Y lo harán, cueste lo que cueste, si en Las Palmas de Gran Canaria permanecemos atornillados.

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