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La Voz de Gran Canaria

Las vueltas del escudito

Las vueltas del escudito ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA

Los políticos tienen la manía de acudir a comparaciones cada vez que alguna de sus iniciativas es sometida a crítica; pero no siempre lo comparado ayuda a justificar las decisiones. Es verdad que otras comunidades autónomas han emprendido el camino del diseño institucional creando logotipos o ideogramas; cierto es asimismo que son más las que se han limitado a estilizar sus símbolos que los que los han transformado sustancialmente. Pero es que hay símbolos y símbolos: los canes del escudo de Canarias no son un invento reciente, forman parte de la historia, y de la pre- historia del Archipiélago. ¿Para qué quitarlos? No tiene sentido, excepto que el sentido sea de un orden político inconfesado e inconfesable. Eliminar una referencia subjetiva a Gran Canaria.
Muerto el perro, y pocas veces mejor dicho, para algunos ideólogos de ATI, se acabó la rabia. Aunque eso no es verdad. La rabia siempre se transmite.

Dice el presidente que se trata de la imagen del ejecutivo, quizás una referencia a que estricto sensu no es la imagen de Canarias. Pero ¿pueden diferenciarse ambas?, ¿qué es la Comunidad Autónoma sin el Gobierno? Aunque muchos creen que las cosas irían mejor sin Gobierno, el Gobierno es, con el Parlamento, el elemento sustantivo de la Comunidad Autónoma. Si la Cámara, siguiendo el principio de ´culo veo, culo quiero´ hace lo que ha hecho
el Ejecutivo, copiar a los demás, se puede llegar a la circunstancia de que el escudo representativo de Canarias no represente a nadie.

Es lo que se llama un ´mutatis mutandis´ que lleva a donde se ha pretendido llegar, a la zorruna. Porque no es una casualidad que en las trincheras del ´Tenerife profundo´ esta sea una vieja idea, junto con otras. Muchos de los dirigentes áticos han podido haber cambiado, han podido bajar del monte al que se echaron con la guerra universitaria, han podido civilizarse, y convertirse en regionalistas, autonomistas y buenos canarios. Pero otros no. Otros siguen erre que erre educando a sus hijos como ellos fueron educados, en el santo temor de Dios y el odio eterno al canarión.

Y luego está lo del collar. También Adán Martín se ha creído obligado a hacer la precisión de que es un asunto que compete al Parlamento, durante el trámite de reforma del Estatuto, aunque ha añadido que "si se estima que se trata de un signo de sometimiento". Eso es lo que dijo el proponente de la iniciativa, el socialista Santiago Pérez. Pero hay que hacer algunas precisiones, unas de conocimiento histórico, otras de sentido común y algunas comparativas. En primer lugar, como muy bien podrían haber informado los especialistas en heráldica, son collares defensivos inherentes a algunas razas. Ni son collares para cadenas, o de sometimiento, ni collares
antipulgas. Pero si hubiera que revisar los collares, por ese fundamento que no tienen, entraríamos en un camino que nos llevaría a la revisión total, luego al caos, y como en el romance apócrifo, luego nadie, luego nada. ¿Revisamos también las cadenas de Navarra?, ¿o las columnas de Hércules que aguantan el Non Plus Ultra en
Andalucía porque no fueron sometidas a un expediente de impacto ambiental? ¿Y quitamos los leones de Castilla y León o Extremadura porque enfadan a los ecologistas? ¿Y las barras de Aragón, Baleares, Valencia, y Cataluña, porque recuerdan a las del pan y con la comida no se juega? ¿Y el cáliz con la hostia de Galicia, porque
hay que separar la Iglesia del Estado? ¿Qué quedaría que no tenga segundas lecturas, siempre prejuiciosas vistas desde el acomplejamiento? Esa senda llevaría a quitar los crucifijos porque recuerdan la pasión de Cristo... pero es que la religión cristiana es lo que es porque se basa, precisamente, en recordar la pasión del Hijo
de Dios. Aunque algún papanata vendrá que querrá hacer una señal corporativa...

Hay que volver a los clásicos. Jorge Manrique, en las coplas a la muerte de su padre, lo decía bien claro: "Dexemos a los troyanos/que sus males no los vimos/ ni sus glorias;/dexemos a los romanos/ aunque oímos y leímos/ sus historias..." Si algún gobierno regional ha decidido cambiar su ´marca´ ejecutiva que la cambie, y que lo que Dios le de San Pedro se lo bendiga. Pero eso no constituye ninguna obligación para los demás. ¿No se han hartado de decir los nacionalistas isleños que ellos no copian a nadie, que van a su aire? Pues eso hay que aplicarlo en todos los órdenes: si se aplica en la concepción de las relaciones con el Estado, ¿por qué no en lo simbológico, que a fin de cuentas es una de las señas de identidad?

Dejar en manos de la Cámara esta decisión tampoco es una explicación definitiva ni carga de razones a una descabellada y sospechosa sinrazón. La Cámara puede equivocarse, como tantas otras veces, sobre todo cuando no existe un liderazgo claro y transparente sobre el que todos los días no se viertan dudas muy razonables. Lo sensato en estos momentos es el punto muerto y la marcha atrás, y concentrarse en los temas verdaderamente serios. Y de manera especial, en los que no encubran traspiés o maniobras de desesequilibrio demasiado manoseadas a estas alturas.
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