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La Voz de Gran Canaria

Canarias, colista

Canarias, colista JOSE A. ALEMAN

El lunes por la mañana, una emisora tinerfeña me cogió en un renuncio. De vez en cuando me saca a antena por teléfono en plan de aquí te cojo, aquí te mato y esta vez lo consiguió a cuenta del informe del Consejo Económico Social (CES). Me agarró mal sentado al preguntarme a traición acerca de la bajísima inversión canaria en Cultura que coloca a Canarias en el último lugar de España. Me cogieron mal sentado, aclaro, no porque desconociera lo del informe sino debido a algo peor: su lectura no me produjo reacción alguna. Es lo normal y sabido y pasé la página, sin más. La sorpresa hubiera sido que no lleváramos el farolillo rojo.

En las Islas la ignorancia es rentable. Permite a los especuladores, por ejemplo, llevarse por delante, con el apoyo de las administraciones públicas, entornos urbanos, edificios históricos y recursos naturales y paisajísticos que forman parte de nuestro acervo cultural colectivo. Si no se atienden ni defienden esos referentes comunes, que fueron parte de nuestra primera percepción del mundo, negada a las generaciones que nos siguen, ya me contarán ustedes qué puede esperarse de los mandarines que no sea obstaculizar la formación de una conciencia que imponga el respeto al patrimonio de todos; o combatirla, caso de que esa conciencia surja, a pesar de todo, en casos puntuales; de los que ha habido algunos recientemente.

Y de ahí para abajo, todo. Poco cabe esperar de un Gobierno que, como recordara Roberto Moreno, secretario de Comunicación del PSC, “recortó el presupuesto del Plan Canario de I+D y de becas de transporte escolar para dar más dinero a las retransmisiones de partidos de fútbol de la Televisión Canaria”. El hecho señala las prioridades del bananerismo andante.

La desesperanza en el caso grancanario es mayor porque a la irrelevancia de los responsables autonómicos del ramo, entre los que hubo quienes nada tenían que ver con ese mundo, se une el macho Soria a quien le sale urticaria cuando oye hablar de Cultura desde ese sexto escalón al que se elevó para presidir los plenos; tras modificar, por cierto, el diseño original del salón de actos del Palacio Insular, lo que constituyó, cómo no, otro de tantos atentados. Así no dan ganas de hablar de transferencias culturales a los cabildos ni de las razones de que se mantenga una doble instancia en la materia, la autonómica y la insular. No me provoca siquiera la cuñadísima Dulce Xerach Pérez guión López o Gómez, o por ahí.

Resulta tan fatigoso hablar de asuntos sin remedio que voy a fusilarle a José H. Chela su artículo de ayer en la prensa. Describió la situación mejor de lo que lo haría yo, cosa que le agradezco. Tras referirse a la caterva de responsables culturales sin el menor interés y conocimientos en ese ámbito, señala el engorde de las capillitas insulares de la intelectualidad paniaguada y la promoción de proyectos y actividades sin futuro interior ni proyección exterior. “Han alimentado”, señala Chela, “la endogamia de los figuritas de siempre y no han sido capaces –porque no convenía- de desligar el apoyo a la imaginación y a la brillantez de las simpatías personales y partidistas, condenando a los creadores, a los artistas, a los intetectuales, a los escritores, a los músicos y demás al clientelismo político o a la arriesgadísima, aunque apasionante, aventura en solitario”. La Cultura de las Islas permanece así, sin capacidad de despegue ni de proyección exterior, maniatada, dice el articulista, “desde los estamentos oficiales, por la zafiedad de sus propios dirigentes, por su carencia de miras, por el amiguismo y por la mezquindad ideológica y presupuestaria". No se puede decir con mayor claridad sin caer en las palabrotas.

Añadiré por mi parte, para que no digan, que hubo un momento, bajo la presidencia de Jerónimo Saavedra y con el entusiasmo de Manolo Padorno, en que pareció que íbamos a despegar. Pero con CC y su nacionalismo al tanto por ciento hemos reculado tanto que está la Cultura sin pulso, aunque siga latiendo extramuros, casi en la clandestinidad.

“La libertad que ha de darse al pueblo es la cultura”, escribió don Miguel de Unamuno hace más de ochenta años. Pero la libertad es peligrosa y eso lo saben nuestros incultos mandarines. Por eso la Cultura en Canarias está a la cola.
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