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La Voz de Gran Canaria

SuperLibra

SuperLibra FRANCISCO J. CHAVANEL

Un buen día SuperLibra se levantó temprano, corrió las cortinas de las ventanas, y sus ojos, devorados por la impresión, fueron dos fuegos negros saliéndosele por las órbitas.

- ¡Increíble! ¡Ven y dime qué es esto!

Pilar, la compañera del superhéroe, solía levantarse antes que su amado, pero en aquel día todo era distinto. Debía ser el champagne de la noche anterior, o la preocupación por el viaje dentro de dos meses a Japón, o las cuitas que mantenía con su jefe directo, un buen amigo de SuperLibra, siempre tan correcto y tan equilibrado, y por ello mismo difícil de convencer. Una vez se lo dijo a la cara:

- Oye, ¡quitáme a ese inútil de Herrera de la consejería!

Enseguida se percató de que su voz había sonado admonitoria, irritada. Un autoritarismo inútil que la delataba ante la dulce sutilidad de él. Intentó corregirse:

- A lo mejor es conveniente que me vaya yo…

Y se puso así, zalamera y seductora, sintiéndolo crujir dentro de su pecho, a SuperLibra hallando en sí mismo el elixir de la mesura. De repente abandonó sus recuerdos y fijó sus ojos en la bahía.

- ¡Oh, Dios mío! –gritó-. ¡Es un barco negrero! ¡Aquí, en Tenerife! –Parecía incontenible, presa de un ataque de pánico, como si alguien la estuviera abofeteando-… Y, oh, mi héroe, hay más de doscientos subsaharianos ahí dentro, todos juntitos, ¿quién sabe cómo se habrán alimentado, si habrá muerto alguno, si éste es el primero de una larga secuencia de visitantes?

Pilar se abrazó a SuperLibra sollozando.

- ¿Te imaginas una existencia igual a la de Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria? ¡Todos mis esfuerzos tirados por la borda! ¿Quién va a venir a Tenerife a pasarse unas vacaciones si lo que se encuentra es hambre, tragedia, inmigración, inseguridad?... Oh, mi héroe, debes de hacer algo, la metrópoli te necesita.

SuperLibra no esperó más. Se puso la capa, el uniforme de látex que tan bien se le adaptaba a su cuerpo fibroso y salió a la calle. Allí la multitud le atosigaba con recomendaciones de todo tipo. “SuperLibra sálvanos”, “SuperLibra, abandona tu silencio y defiéndonos de esta invasión”, “SuperLibra, recuerda que eres reo de la ley electoral y que somos nosotros los que te votamos”. Esto último hizo mella en su espíritu equilibrado. Al fin y al cabo había sido declarado superhéroe gracias a unos comicios. Sus poderes se producían por delegación, vicariamente. Por un extraño sortilegio uno pasaba a ser persona normal en el preciso instante en que se convertía en ciudadano. En cambio, si se presentaba a las elecciones presidenciales, y ganaba, un montón de poderes paranormales se adueñaban de él hasta transformarlo en un digno protagonista de los comics de la Marvel.

Cuando Jerónimo Saavedra fue el presidente se le llamó SuperSolidario, pues no había día en que no procurara hermanar unas islas con las otras. Cuando le tocó a Fernando Fernández se le denominó SuperSuicida, ya que nadie hasta entonces demostró quererse tan poco. A Lorenzo Olarte se le conoció como SuperPeine, ya que atacaba el centralismo de Madrid amenazándoles con descrestarles los impuestos con un peine gigante que en vez de quitarlos colocaba piojos en las cabelleras senatoriales. A Hermoso se le calificó de SuperChicha, elegido por él, orgulloso de su cuna, listo como el hambre para infiltrarse en los campos enemigos y llevarse sus sedes. De Román Rodríguez se dijo que era SuperBreve, habida cuenta de que entre lo infinito y la nada eligió algo más que la nada, una existencia marcada por la levedad: su poder consistía en revolucionar el Todo haciendo Muy Poco, un verdadero filósofo. Y Adán, al fin, era SuperLibra, modelo de moderación, diálogo, sensatez. Cuando ubicó en su gobierno a su cuñada y a su compañera sentimental demostró una familiaridad escasamente común consigo mismo. Fue equilibrado: no discernió entre las dos, no las separó siendo casi gemelas, las nombró al mismo tiempo yunques de su mandato. Aturdido por estos pensamientos, SuperLibra concertó una rueda de prensa.

- ¡Lo ocurrido hoy es una lacra para esta isla! ¡He solicitado una entrevista urgente con el presidente
Zapatero, al que en Madrid llaman Sosomán!

Los periodistas apuntaban deprisa, como si les fuera la vida. Impresionante. SuperLibra y Sosomán encontrándose en la Cumbre de los Hombres Excelsos. Por dos ocasiones Sosomán y SuperLibra platicaron. El lunes, Superlibra y un sacerdote de Sosomán, un señor apellidado Caldera, firmaron el acuerdo que todos esperaban. 30.000 millones para combatir los excesos de la inmigración en los próximos dos años. ¿Era SuperLibra equilibrado sí o no? Gracias a la visión desde el ventanal de su casa, ayudó a resolver uno de los grandes problemas del Archipiélago. Era cierto que algunos desagradecidos le recordaban que barcos negreros habían venido muchos, y que pateras también, y que incluso se produjeron decenas de muertos en las costas canarias,y que, sin embargo, él, SuperLibra no había dicho nada, nada absolutamente, como si no fuera con él, como si habitara un planeta extraño, nada de la nada crepuscular hasta que los 227 subsaharianos se plantaron cerca de la casa del héroe.

Qué injusto. ¿Acaso SuperLibra debe estar al corriente de todo, de los minúsculos detalles que mueven el mundo? ¿Y a qué se dedican el resto de consejeros?... En cualquier caso algo le preocupaba: en Gran Canaria un foco de resistencia se había enfrentado a él, negándole los poderes de su equilibrio, tildándole de traidor a la Región. El problema de Gran Canaria es que se sentía de igual a igual a la isla de Tenerife, cuando su peso político era sensiblemente inferior. Llevado por su indiscutible moderación SuperLibra hizo justicia, puso a Gran Canaria en su sitio, pero no se le entendió. Sí, ése era el destino de los seres superiores: la soledad, y la incomprensión.
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