Crisis democrática en Canarias

Pero también nos retiran la tranquilidad a la que tiene derecho la ciudadanía de suponer que los representantes en los órganos de decisión públicos votan con la conciencia y según su leal saber y entender en todos los asuntos, pero sobre todo en los trascendentales. Amenazas, denuncias de traicionar pactos impresentables, en definitiva, falta de higiene política.
Esta etapa folletinesca del Puerto de Las Palmas tiene que acabar. El señor Mauricio, que al parecer devuelve su intelecto al servicio del público después de una aciaga etapa de dudas y de sombras, debe dar un paso más y pedir al presidente del Gobierno, Adán Martín, que destituya de inmediato al señor Arnáiz. Sabemos que ahora es un ariete contra Soria y una pieza útil contra la alcaldesa Luzardo. Pero eso no es el interés público, el que tiene que defender y alentar nuestro Gobierno. De los señores Soria y Luzardo se encargará muy probablemente el electorado en 2007, y no es asunto defendible que para su desgaste se quiebren los comportamientos democráticos.
Recordemos aquella ocurrencia de Borges cuando se refería a una persona que, con el pretexto del contrabando, se dedicaba realmente a la prostitución. El denso orden del día del consejo portuario interrumpido estaba lleno de chapuzas, de trapisondas, de maniobras para beneficiar a ciertas personas. Detrás del asunto del istmo, y a propuesta de la presidencia del organismo, iba una colección de asuntos donde había de todo menos el interés general.
Cada día percibe la ciudadanía con más nitidez que en el origen y detrás del istmo sólo hubo siempre un afan de negocio al margen de la Ley. Luego el enredo sustituyó al orden transparente de las cosas, para dar paso por último el vodevil que busca micrófonos, con una denuncia en comisaría a cargo de los mismos actores-gestores que llevan un año instalados en la ilegalidad.
Al final del vodevil nos queda otro sabor de boca. Esto es un esperpento. Ese Tiranillo Banderas que era el señor Soria cuando triunfaba, se convierte en un ciudadano peripatetico cuando pierde. Sería e agradecer que alguien, por ejemplo el presidente del Gobierno, de curso a un finis operis. Que se acabe el esperpento. Que regrese la democracia.
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