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La Voz de Gran Canaria

Africanos en Tenerife

Africanos en Tenerife FRANCISCO J. CHAVANEL

Mi estimado presidente: recuperándome todavía estoy de que tu naturaleza plácida y contenida haya saltado de repente como un muelle, y en plan espartaco exijas una entrevista con Zapatero en la que piensas ponerlo de vuelta y media. ¿Qué te ha pasado, Adán? ¿Qué o quién te roba la calma, estruja tu alma, te envenena el espíritu de pasión rebelde?... En Fuerteventura estamos que no nos lo creemos. Viene a mí el noble pueblo majorero, al Cabildo, casi en manifestación, agresivos y con la mirada fulminante, exigiéndome: “Mario, rompe con estos tipos; es imposible seguir así”. Ya sabes: las cabras tiran hacia el monte, y aquí más.

Ocurre que es un desafío lo que planteas, y en el peor momento. Tuvieron que morir trece africanos para que te dignaras a visitarnos; después de haberte demandado meses y meses que se movieran tus servicios de inteligencia, Paulino y los demás comilitones que te rodean, y montaran el paripé de la cumbre de inmigración que, de momento, sólo ha servido para constatar que lo nuestro es una desgracia de remedio amargo. Pues si no lo fuera no hubiera habido cumbre. Ya estábamos escaldados contigo y con los tuyos con esa manera tan ática de tratar los problemas del resto de las Islas: nada de centros de acogida, nada de centros de retenciones, nada de centros de menores. Para que accedieses a la utilización de Hoya Fría hubo que compensarte con otras materias y otros dineros. Vamos, lo de siempre, Adán; ATI y su bota aburren; tú aburres; se te huele a distancia.

Es evidente: ningún problema alcanza la categoría de importante en la región si no afecta a ATI y a sus intereses. La ley electoral se aplaza sine die pues cualquier cambio, la introducción, por ejemplo, de una lista regional, obligaría a ciertos giros en los discursos, a que tú, sin ir más lejos, tuvieras que buscar los votos en el resto de las circunscripciones. Ahora es bien sencillo. ¿Quién te vota a ti y a mí? Sólo, exclusivamente, nuestra isla de origen. Por eso tú defiendes el espacio en el que te mueves, y yo el mío. Pero con una diferencia: yo estoy legitimado, porque soy el presidente de un Cabildo, mientras que tú eres el presidente de la Comunidad, y aunque exclusivamente te hayan votado en Tenerife, te debes, pues ése es el juego, a todo el Archipiélago. De modo que yo estoy en representación de mi papel, mientras tú usurpas el tuyo.

Estaría bien que me comportase como el presidente del Cabildo de Gran Canaria, ¿verdad? Sumiso y más ático que tú mismo. ¿Te causa alguna incidencia su discurso ultranacionalista? ¡Ni que lo hubieran fichado! Ésa es la razón de que siga en el Gobierno, porque fuera de él, Adán, los dos nos percatamos de lo que sucedería. Tal vez, entonces, Soria, en vez de hacerte la cobertura y alfombrarte el camino, se trasmutara en un Viriato filoinsularista grancanario, enervando y agitando a las masas, facilísimas de exacerbar en ese denso ambiente de sentirse saqueado que respira la ciudadanía canariona.

Es una forma vejestoria, momiza, de entender el poder. ¿Qué te pone de acuerdo con Soria? El status quo con todos sus defectos, con orden pero con la sangre justa. Por eso, cuando tus palaciegos caudillitos intentan pausarme, decirme que el Gobierno está cerquita de virar hacia la izquierda, que lo de Soria en Lanzarote no se sostiene, que Paulino está que trina porque el PP de esa isla se haya mostrado proclive a Dimas Martín y rechace inclinarse a Isabel Déniz y Celso Betancor, que ahora “son los nuestros”, yo ya no me creo nada. No me lo creo ni reuniéndose Paulino con Rajoy y Zaplana en Madrid el martes. ¿Qué otra cosa puede decidir el PP madrileño que exigir que Lanzarote se coloque en la posición que interesa a ATI, si Rajoy y Zaplana están en la obsesión de provocar un golpe de mano que les permita un adelanto electoral, y así cerrar una nueva mayoría de gobierno con sus viejos socios catalanes y canarios?... Lo que pasa Adán es que ustedes no se fían de Soria ni siquiera cuando éste dice la verdad. O sea: cuando la insurgencia le asalta los ojos y le impide controlar a sus hordas, como sucede en la isla conejera.

Pero esto son politiquerías, conjeturas y adivinanzas por mi parte. Lo cierto es que ya no hay lugar para el reposo. No contigo. Hubo un tiempo en que me parecía una herejía, pero después de lo que hiciste el sábado la lejana música que acompañaba nuestros bailes se desvanece en la mundanal grandeza de lo que pudo haber sido Canarias si CC se hubiera comportando de acuerdo a sus estatutos. ¿Te acuerdas? Ninguna isla podrá imponer su voluntad sobre otra… ¡Qué ironía! Te llegó un barco negrero, Adán, ¡uno!, con 227 africanos a bordo, un barco que procedía de Sierra Leona, no de Marruecos…, con una carga que pudo haber sido la que denunció tu buen amigo Antonio Castro Cordobez en conferencia de prensa, cargándose con aquel anuncio la investigación policial del Gobierno central… Alcanzó tus costas legendarias, la intocable invisibilidad de tu paraíso, tu blancuzco, católico y burgués rostro carnavalero, ¡un solo barco!, y tú, y tu marabunta, histéricos y como perseguidos por la sarna, tocando el tamtam de una crisis de Estado, nada menos, porque ya, urgentemente, hay que hablar con Zapatero para ponerlo firme, porque este atentado a las buenas costumbres no se puede consentir, pobre nivaria manchada por repelentes africanos con su piel quemada por el sol y el salitre del océano. Excedentes.

¿Sabes cómo nos sentimos en Fuerteventura? Exiliados, golpeados, befados, calumniados… Vaya, se nos había olvidado imponerlo en las negociaciones con el Gobierno central: intentar que no lleguen pateras, pero si llegan en ningún caso a Tenerife. Ignoro si te percatas del real alcance de tu acto. Si lo desconoces o es que la seguridad que tú y los tuyos tienen de poseer sellados los labios de cualquier institución en el Archipiélago habla por tu insolencia. Me confundes con un mozo de orinales. Si actuáramos según nuestras emociones hoy mismo abandonaríamos Coalición Canaria.

Te escribo, Adán, sin recovecos ni suspicacias. Sé que eres el alma de la discreción porque, simplemente, nadie cree en tus revelaciones y puedes, cómodo, esconderte en el silencio. Siendo así, con todo lo callado que llevas, encaramado como estás en el Gobierno más familiarmente avaricioso de la historia reciente canaria, cuando hablas metes la pata pues hablas para satisfacer a tu público, buscando el aplauso meloso y demagógico de éste, actuando como si aún fueses un presidente de Cabildo como yo, el amito del peñasco local, y no el representante de todos los canarios. No es que te quede gigante el cargo, es que no te queda. Sólo te diré una cosa más: si vas a ser nuestro verdugo, asegúrate de ser invisible.

Firmado: Mario Cabrera, presidente del Cabildo de Fuerteventura y ex coordinador de Asamblea Majorera.
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