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La Voz de Gran Canaria

Trampas universitarias

Trampas universitarias ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA
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Algunos profesores de la ULPGC - vamos a no decir muchos, que es la primera tentación- confunden sistemáticamente la autonomía universitaria con la caradura y el cachondeo. "No se entiende que pasen estas cosas, que haya estos vicios, en un centro tan reciente", comenta asombrado un profesional peninsular que no da crédito a lo que lee un día sí, y el otro también. Su opinióncoincide con las reflexiones que transmite vía correo electrónico un investigador que trabaja en Salamanca y que, literalmente, salió "escapado" del campus de Tafira, o más exactamente, del de San Cristóbal. Ahora, llamado por facultades extranjeras, a punto de leer la tesis doctoral, con numerosos trabajos publicados en revistas de la especialidad, recuerda con auténtica pena y con un sentimiento de liberación episodios académicos vividos en Las Palmas.

No son sólo opiniones de fuera de la casa. En la última sesión del Consejo de Gobierno de la Universidad el rector Manuel Lobo dijo ante los decanos que se se habían ocultado o roto hojas de control horario... para que no se pudieran llevar a cabo los descuentos legales en las nóminas. Otros ilustres próceres de la Academia que figuraban en primera línea de la protesta han intentado presentar bajas médicas "para justificar su ausencia", según se declaró con luz y taquígrafos. Ésta es una trapacería impropia de una Universidad y, desde luego, absolutamente indigna. Un asesor de personal afirma con rotundidad que desde el punto
de vista de la jurisdicción laboral se trata "impepinablemente" de una falta "muy grave". Los fallos que han podido producirse en los ajustes de las nóminas son episodios aislados, no un problema general: se han aplicado "con todo rigor" los baremos legales, ratificados por una abundante jurisprudencia. Claro es que si los elementos de juicio, como los pliegos de firmas, se manipulan, o si de repente resulta que el paro no fue con secuencia de una
decisión personal libremente ejercida sino de una epidemia de origen desconocido...

Este tipo de acciones, por lo demás tramposas y cobardes, demuestran que los órganos de la institución tienen un trabajo importante que hacer, porque la inacción lleva directo hacia el caos y el descrédito. Con frecuencia se utiliza la autonomía universitaria con un parapeto que vale para todo y que disculpa todo tipo de actitudes inadmisibles en la vida cotidiana. Si se pide la homologación con los titulados equivalentes de la Administración, ésta es una extraordinaria ocasión para dar el primer paso hacia la normalización: si ha habido ocultamiento de datos, intencionado, además, eso exige una investigación a fondo y las pertinentes sanciones. Por varios motivos, pero sobre todo por dos: porque eso es lo justo, y por la imprescindible ejemplaridad de cara al alumnado. Quienes se dedican al ejercicio de la docencia y la formación de los jóvenes tienen que predicar con el ejemplo; y si ellos no lo hacen, alguien debe hacerlo.

Ahora llega la ´fuga de San Diego´, un divertimento de los estudiantes que comenzó en La Laguna con un día, y que ya ha establecido por una especie de ´derecho consuetudinario´ una semana extra de vacaciones. En varias ocasiones se ha intentado controlar esta fugona colectiva a la que se han sumado no muy pasivamente numerosos docentes. El problema ha sido siempre el mismo: la ausencia de mecanismos válidos de control. ¿Cómo se puede defender
que sean los alumnos los encargados de recoger la firma de sus enseñantes? Uno de ellos, encogiéndose de hombros, me confesaba hace unos años que "lógicamente, no me voy a meter en problemas ni a granjearme enemigos. Al contrario". Cuando se ha tratado de establecer un sistema razonable pero eficaz enseguida surgen las protestas. Suelen ser minoría los que defienden el sentido común y la supremacía del interés público.

¿Es esta Universidad la que soñaron los cientos de miles de ciudadanos que la crearon, incluso en contra de la mezquina indiferencia de los egoístas? Este origen cívico, inédito en España, debe imprimir carácter y constituir una duradera seña de identidad. Quien representa a esa sociedad civil, siempre renovada pero siempre la misma, es el Consejo Social, que debe ejercer la tutela en nombre del ´principal accionista´ de la empresa, que es el pueblo de Canarias. Ya pasaron los primeros tiempos, en los que hubo que improvisar y contratar no siempre a los mejores. Ahora toca la excelencia y la exigencia de la responsabilidad. No basta con dar clases: hay que darlas bien. No basta con investigar: hay que investigar bien y con resultados plausibles. No se pueden mantener eternamente líneas de investigación sin salida que en ocasiones sólo encubren una forma de obtener subvenciones. Naturalmente, siempre cabe el recurso de la indignación, de negar la mayor y de asegurar que todo esto es falso, degradante, injusto y perverso. Una persecución, en suma. Pero cuando el propio Rector reconoce en público que hay decanos que han falseado datos de asistencia... es que algo huele a podrido. Y no es una novela.
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