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La Voz de Gran Canaria

Empresarios y seguridad

Empresarios y seguridad ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA

En el fondo, el principal problema de los empresarios canarios es esa sensación, a veces agobiante, de falta de seguridad jurídica. De que las cosas no suelen ser como son, que pueden ser de cualquier forma, según el capricho de la mayoría de turno. Un acuerdo plenario de todas las fuerzas políticas de San Bartolomé de Tirajana, en 1998, con un rosario de iniciativas muy explícitas, puede ser ninguneado cuatro o cinco años después sencillamente porque nadie lo recuerda en el momento ´procesalmente oportuno´. Nadie, excepto los afectados. Es lo mismo que la antojadiza subida del IBI en un 30 por ciento para compensar, dicen, la pérdida de licencias ocasionada por la moratoria.

Los alumnos de Hecansa, y sus propios trabajadores, y todo el sector turístico, se despiertan con una noticia cocinada, miren ustedes qué casualidad, de la noche a la mañana: el cierre de los cursos de dirección y gestión hotelera. Sin anestesia, como suele decirse; y desde luego, sin una ´mesa redonda´ en la cual se sienten, con libertad de expresión, todas las partes interesadas. Los comercios que forman un formidable engranaje microeconómico de riqueza en la zona Puerto no salen de un susto para entrar en otro. Es como una montaña rusa (con perdón) sin fin. Cuando no se les suprimen todos los aparcamientos en la calle se les impone una competencia con ayuda oficial creando un nuevo foco de actividad... situación que puede agravarse si el baile de los caprichos - nunca hay caprichos sin intereses, o como diría Antonio Castellano, sin comisiones (y no las obreras)- comete el disparate de desplazar el eje comercial de Mesa y López con nuevos megaproyectos situados en lugares inapropiados. ¿No hay lugar, en el tejido urbano cercano a Mesa y López, y ahora al Barranco de la Ballena, para ese sin duda eneficioso a futuro World Trade Center?

La recuperación de la Base Naval fue una iniciativa ciudadana que surgió una vez muerto Franco, porque algunos de sus principales impulsores además de hombres interesados por el bien común, son personas prudentes y temerosas de Dios y de S.E. (que no significa Sureste). Claro que en cuanto el proyecto cayó en las manos de los tecnócratas, que en adecuada paella, guiso en el que entra todo, reunía a técnicos y gestores liberales, qué digo, muy liberales, la iniciativa tomó enseguida derroteros más economicistas. Antes, era el Estado y las instituciones locales las que se encargaban de los sistemas generales; ahora, no. Ahora
en todas partes hay que sacar una rentabilidad. Rescatar el Arsenal para la Ciudad no se concibe sin una ´puesta en valor´; y, en honor a la verdad, no es algo de ahora mismo. Hace más de diez años que algún ingeniero portuario pintó los primeros ´monos´ que contemplaban una torre al lado del Real Club Náutico, y un relleno de Alcaravaneras, y edificios, emblemáticos, eso sí, diseminados aquí y allá. Y acullá. En plena borrachera de ideas, unos señores reclamaron en la prensa su derecho al horizonte, y el derecho de todos al sentido común.

La democracia no es nada si se vacía de contenido la ´seguridad jurídica´, porque la democracia es, ante todo y sobre todo, seguridad jurídica. Un empresario ha de saber perfectamente qué puede hacer según las normas y a largo plazo. No es de recibo, en la Unión
Europea 2004, que una compensación urbanística o una licencia de obras dependa del humor de los concejales y de las visiones del señor alcalde. Hay que decirlo una vez más: donde hay discrecionalidad, hay prevaricación y, caminante no hay camino, como decía Machado,
se camina hacia la corrupción. Sin darse uno cuenta. Pero es así. Un vecino de Telde a quien el vertiginoso cambio del municipio le ha convertido una finca en unos buenos solares lleva años sin conseguir aclararse sobre sus terrenos. Un día tienen tal aprovechamiento, y a la semana siguiente tal otro. Todo depende del arbitrio político. Como es natural, todas estas situaciones dan pábulo al rumor y a la sospecha. En la capital quien compró un piso con vistas al Puerto se encontró por arte de birlibirloque con un mamotreto delante cuya construcción surgió sin debate y a la chita callando. Que estos cambios se publiquen en el BO no significa nada, sobre todo si la intención de ´los de arriba´ es no hacer ruido. Con frecuencia llegan quejas a las redacciones de que el Plan General necesita constantes
interpretaciones, porque no queda claro si este edificio puede tener siete plantas y ático o no, y si este bajo puede ser comercial o no, incluso en calles de lo más céntrico, no en zonas enmarañadas de la periferia.

Si a todo esto se le suma que el Gobierno regional no respeta la Ley de Sedes - que acaba de recibir la sentencia sobre su plena constitucionalidad, puesta en duda por los sindicatos-, oculta sibilinamente información estratégica sobre la recaudación insularizada, tiene tics que a muchos le saben a rancio caciquismo y a otros a arrogante bananerismo y que se mete con más frecuencia de la conveniente en camisa de once varas... pues el panorama se complica. Y sigue sonando el río. Pero todo tiene un límite, aunque a veces no lo parezca.
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