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La Voz de Gran Canaria

La supervivencia de la vela latina canaria de botes

La supervivencia de la vela latina canaria de botes

DANIEL RODRÍGUEZ ZARAGOZA
Patrón del Roque Nublo
MOISÉS MORÁN VEGA
Presidente del Minerva

De los más de 100 años de existencia de la Vela Latina Canaria, este es el momento más comprometido, ya que en el horizonte más cercano, se avecinan nubarrones en forma de espigones sumergidos. La Vela Latina Canaria, desde que el siglo XIX empezará sus primeros compromisos deportivos, ha superado difíciles etapas y siempre ha salido victoriosa. La primera de ellas, en los años 30 del siglo pasado, cuando la Guerra Civil Española que paralizó momentáneamente la actividad botera, que había estado en manos de la Sociedad Deportiva Ahemón, que con acertado criterio, guió todas sus actividades. Pero después de algunos años, en los años cuarenta, volvieron a organizarse los tradicionales campeonatos y concursos, pero la segunda Guerra Mundial, volvió a adormecer, que no enterrar, a los botes de Vela Latina.

La afición se mantuvo viva, como una semilla con vida latente, en el corazón de los aficionados y los ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria, que jamás olvidaron la grandeza de las velas latinas surcando su bahía. Las primeras gotas cristalinas que hicieron florecer a esa semilla, fue el artículo del veterano amante de botes D. Agustín Valido, que concretamente el 19 de septiembre, plantea, en la Falange, una periódico de la época, recuperar los botes históricos, Morales y Minerva, cuyos cascos dormían en un puente de San Cristóbal y en los almacenes de Fyffes respectivamente. A partir de aquí, los aficionados de los botes históricos, Morales, Minerva y Porteño se organizan para sacar a los botes grandes. Esta organización cristaliza el 15 de octubre de 1961, en las fiestas de La Naval, cuando sacaron a pegar a estos botes, ganando es aquella ocasión, el Morales.

A partir de ese momento todo se precipita y se crea el Club de Vela Latina, que se inscribió en la Federación de Clubes Náuticos, en 26 de diciembre de 1961, presidido por Juan Palmés y con la inscripción de los tres botes históricos. Desde ese momento, pasando por la constitución de la Federación Canaria de Vela Latina de Botes, los botes han llegado hasta nuestros días.

Y es justamente hoy, cuando este deporte tradicional, se encuentra en una de las mayores encrucijadas de su historia, ya que la Autoridad Portuaria de Las Palmas, quiere construir un espigón sumergido, a la altura del Muelle de Las Palmas, un espigon, que da de lleno en la línea de flotación de la Vela Latina Canaria y que pone en peligro su continuidad en el tiempo, enterrando de un plumazo, deporte, patrimonio, cultura y tradición histórica.

Ya gracias a los nuevos requerimientos del floreciente tráfico de contenedores nos recortaron el clásico recorrido desde la Marfea hasta el Boyón de la Campana, un recorte significativo sobre todo para la moral botera. En aquel momento se justificó bajo un argumento de seguridad marítima, se hablaba de que no se mezclaran los tráficos comercial y de recreo de una manera genérica sin que se diera ningún trato especial a este singular deporte.

Es ahora cuando sorprenden los rumores que se ofrezca a la Federación la posibilidad de acabar en dicho Boyón cuando los problemas que justificaron la primera reducción del mismo se multiplicarán con el nuevo espigón sumergido. El espigón, diseñado para tener un bajo impacto visual, sólo se vería a marea vacía, es no obstante una barrera en medio de nuestro campo de regatas y desde luego no se le ve ningún sentido a acabar en el Boyón de la Campana si con vientos del noreste, viento que sopla en el 45% de las regatas, tendremos que navegar a un descuartelar o incluso a un través (no en ceñida como obligan las reglas de la Vela Latina Canaria) hasta el citado Boyón, atravesando completamente la bocana de entrada y salida de buques de la darsena "interior" del Puerto.

Parece además que la interferencia de buques sólo se podría producir con los grandes portacontenedores, así pues se buscaría la adaptación de los horarios de salida y entrada de esos grandes buques pero nos olvidamos de los remolcadores, pesqueros, cargueros de carga general, ferries, buques con los que también podrían existir problemas de seguridad marítima.

De otras posibles soluciones que se pueden buscar la de trasladar la salida hacia el sur quedaría descartada por dos motivos: la costa desde la Marfea hasta las bajas de Telde es completamente abierta y los botes no podrían maniobrar con seguridad como lo hacen actualmente en la azocada salida del Tunel y por otro lado la aceleración del alisio a medida que nos desplazamos al sur de la isla supondría que en la mayoría del verano nos encontráramos con fuerza 6 a 7 en aguas del litoral de Jinamar, viento no navegable para la mayoría de las pequeñas embarcaciones a vela y mucho menos para los botes de vela latina canaria.

El trasladar la llegada al sur, al muelle de Las Palmas nos haría perder aproximadamente un 20% del recorrido actual, perdiendo las regatas vistosidad, limitando los recursos que impone la táctica de regatas y sobre todo mermando buena parte del atractivo que tiene para el aficionado, sobre todo a pie, en la zona más amable de la Avenida Marítima. Con el espigón los botes o bien terminarían en el Muelle de Las Palmas o bien acabarían en el Boyón de una vuelta lejos de la costa y de los ojos del público disminuyendo de este modo el interés de los patrocinadores.

Otro apunte a tener en cuenta es el hecho de que los concursos, modalidad más querida por el aficionado por el navegar de las embarcaciones cerca de la costa, en el caso de que acabaran las regatas en el Boyón citado, sólo podrían tener dos balizas, la de Cardoso y la del Castillo, para, a partir de esta última, enmararse para pasar la punta del espigón con viento de fuera o con viento de tierra seguir de una vuelta hasta las inmediaciones el dique Reina Sofía para virar a tierra muy lejos de la vista de los espectadores.

Como conclusión podemos decir que una obra como la que se plantea puede reducir drásticamente el recorrido si se plantea finalizar en el muelle de Las Palmas (dejándolo en 40 a 50 minutos de tiempo invertido) apuntando también en el hecho de que con ciertas condiciones de viento establecer una llegada en el muelle de Las Palmas será bastante complicado e inseguro para las embarcaciones. Si por el contrario terminamos en el la línea de llegada actual o en el antiguo Boyón de la Campana la regata desde el espigón hacia el norte no solo se alejará de la filosofía original de la vela latina canaria, navegación en ceñida (con viento noreste), sino que además se alejará de la vista del espectador limitándose drásticamente los recursos tácticos, empleados fundamentalmente al norte del Muelle de Las Palmas, ardides que al fin y al cabo son el "alma mater" de cualquier competición de navegación a vela.

En definitiva, este espigón sumergido es un atentado contra la línea de flotación de la Vela Latina Canaria, contra una forma de entender un deporte que lleva más de un siglo surcando nuestra bahía, contra nuestra cultura, contra nuestra memoria histórica y contra nuestro futuro como pueblo porque, de perder este deporte, estamos enterrando parte de la historia de esta ciudad y de este puerto.

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