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La Voz de Gran Canaria

El señor de la Cueva Pintada

El señor de la Cueva Pintada

B. HERNÁNDEZ

Una casualidad posibilitó su descubrimiento y la fortuna permitió que superara el tiempo, la humedad, los productos químicos de la agricultura, las visitas incontroladas y los desacuerdos políticos. Pero sin duda fueron el empeño, el trabajo, la visión de futuro y pasión de Celso Martín de Guzmán lo que ha hecho posible que el próximo día 26 de julio se inagure el Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada de Gáldar.

El resultado final es «un proyecto que supera la idea del autor», indica el profesor del Departamento de Arte, Ciudad y Territorio de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Sebastián López, quien destaca que «Celso es el gran nombre de la Cueva» y subraya la complejidad del trabajo porque se trata de «conservación de la pintura, excavación arqueológica y proyecto museístico abierto al público».

El primer cerramiento de la Cueva no fue adecuado, lo que unido a su uso como recurso turístico provocó un deterioro en la estructura que llevó a su cierre en 1982, pocos años después de abrise para ser visitado. Esta circunstancia fue la fuerza motriz que promovió un nuevo proyecto y una nueva dimensión de este bien cultural con el hallazgo de nuevas estructuras arqueológicas.

Y todo este proceso no se entiende sin la figura de Celso, convenciendo a las administraciones de la alta potencialidad y valor del yacimiento. El historiador galdense fue el primer director general de Patrimonio del Gobierno de Canarias, con Jerónimo Saavedra como presidente. Éste recuerda su «gran amor y pasión por la profesión y por la Cueva Pintada, su visión global y su vocación absoluta». En este sentido, José Antonio García Déniz, el consejero que lo nombró, primero asesor y luego director general, recuerda que la Cueva era «su obsesión». Señala que en los dos presupuestos que elaboró al frente de la Consejería de Educación y Cultura, a principios de los 90, «destinamos 60.000 euros cada año a la Cueva y había problemas para gastarlo, porque el trabajo era muy lento por su complejidad». Asimismo, indica que en este área «estaba todo por hacer y Celso asumía las penurias económicas con resignación».

A lo largo de los años, destaca Sebastián López, el proyecto de la Cueva Pintada ha vivido momentos de impulso y de paralización «pero ha tenido la suerte de que no siempre ha tenido coincidencias negativas y siempre encontró el respaldo del Ayuntamiento de Gáldar».

A este respecto, el concejal de Cultura, Ricardo Reyes, destaca que el Gobierno municipal siempre ha estado implicado en la medida de sus posibilidades «porque es absurdo pensar que un Ayuntamiento puede asumir un proyecto de estas dimensiones». La labor prevista en los próximos meses es acometer obras de repavimentación en las calles adyacentes «para dejar el entorno lo más adecuado posible».

Han sido muchos años, mucho trabajo y muchos nombres. Ángel Melián y Miguel Saavedra trabajaron en el primer proyecto con Celso Martín. «Eran unos soñadores y los sueños se cumplen», dice Josefa Medina, profesora galdense de los tres. José Naranjo, del Museo Canario, los estudios de José Miguel Alzola, el arqueólogo Manuel Fernández Miranda, el apoyo desde Madrid de Alfredo Morales, el rector de La Laguna Hernández Perera...nombres que también están grabados en la Cueva.

El secreto de la pintora

Una mujer. Uno de los datos que aporta la Cueva es que el friso es obra de una mujer. A ellas se deben algunas tareas de la comunidad y la familia, como las pinturas o la cerámica.

Preparación. Los estudios revelan que antes de hacer el mural, su autora preparó la pared para luego fijar los colores, indica Iñaki Sáenz.

Esbozo. Una vez preparada la base, la pintora realizó unos bocetos para luego pintar con los materiales de los que disponía, es decir, arcillas. Usa también la piedra.

Combinación. Iñaki Sáenz destaca que la pintura se hizo «de una sola vez» y mezclando figuras geométricas y colores, lo que la hace única y le confiere un gran valor.

Mensaje. Si bien los detalles de la obra han sido descifrados, no ocurre así con el mensaje que encierra y de cuya existencia están convencidos los expertos.

Secreto. No existe referencia en las crónicas de la Conquista de la existencia de la Cueva, quizá porque la ocultaron para protegerla.

El yacimiento tiene más de 1.000 metros sin excavar

En 1970, Josefa Medina era una licenciada en Bellas Artes que acudía a clases de restauración en la Casa de Colón con Julio Moisés y Pilar Leal. Así que cuando a éstos les fue encargada la restauración de la pintura de la Cueva Pintada ella se apuntó «de curiosa». Allí estaba cuando se produjo el primer cerramiento del recinto y apareció un tractor para abrir un acceso. Ella gritó al operario que parara quince minutos, tiempo en que llamó al secretario del Ayuntamiento y se presentó para que cesara el trabajo. También cuenta que, cerca de donde limpiaban la pintura «las cuevas estaban llenas de tierra y había un cuarto que parecía un basurero, donde un trabajador, con un sacho, sacó un cachito de lo que parecía ser un ídolo de Tara».

A partir de esa época, explica el arqueólogo de la Cueva Pintada, Iñaki Sáenz, se empezó a investigar con los restos y a recopilar datos de los vecinos. Agrega que «Celso Martín de Guzmán «siempre trabajó con la idea de que si existió Agáldar, estaba en tonor a la pintura» y se empezó a buscar. En este proceso trabajaron muchas personas y cientos de estudiantes de distintas universidades españolas e incluso extranjeras en diferentes campañas.

En estos estudios se concluye que la Cueva Pintada es parte de un complejo de cinco recintos -por fuera redondos y por dentro en forma de cruz con techo plano- que se abren en torno a una especie de pequeña plazoleta. Los trabajos, señala Sáenz, ya no deparan grandes sorpresas «pero siempre puedes encontrar algo nuevo». Para ello aún tienen muchas posibilidades, porque en el yacimiento todavía quedan dos parcelas de unos 1.200 metros en total de reserva sin excavar. Puntualiza el experto que «ahora tenemos los datos del poblado, pero aún queda que analizar los restos: saber qué cerámica era para agua y cual para grano, qué animales comían o porqué había casas más grandes que otras».

Sáenz destaca además la complejidad de convertir un yacimiento arqueológico en un museo visitable porque «hay que tener el triple de cuidado». Indica que se ha trabajado todo el tiempo con un sismógrafo para detectar cualquier movimiento que pudiera afectar a la pintura. Colocar las pasarelas que permite a los visitantes pasear sobre el poblado ha supuesto un enorme esfuerzo «porque se trabaja sobre el objeto que se va a exponer».

El nexo con padrón

El pintor galdense Antonio Padrón exploró a través de su obra el mundo mágico indigenista y en este sentido sintió una especial atracción por las pinturas geométricas de la Cueva Pintada, tal como explica el director de la Casa Museo Antonio Padrón de Gáldar, César Ubierna. Señala que el artista estuvo muy interesado en el periodo prehispánico y recibió el encargo del Ayuntamiento, a mediados de los 60, de hacer un proyecto para la Cueva. Padrón estudió «el proceso de elaboración de la pintura y cómo permaneció», dice Ubierna. La especial relación del pintor y la Cueva Pintada sera analizada y mostrada en la exposición que se prepara para el último trimestre del año.

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2 comentarios

Fer -

Ni a los muertos se dejan en Paz, asi somos los Canarios

gpel5alp -

La controvertida figura de Celso Martín de Guzmán, planea de nuevo sobre la Cueva de Galdar. Regresó a Canarias en los años 70 con ínfulas conquistadores, para hacerse cargo del Museo Canario (institución privada que aún hoy, sigue malviviendo a pesar de sus extraordinarias colecciones). Su entonces reciente empleo como Conservador de Museos Estatales, traspasado como colaboración por el Ministerio de Cultura, le avaló para intentar ridiculizar la labor y trayectoria de los aficionados museólogos que dedicaron años y dineros a ese Museo. Lo pusieron de patitas en la calle. Su vida posterior, ya catedrático en Madrid, con un lenguaje tan prosopopéyico y grandielocuente como su rencor hacia el Museo Canario, intentó hundir en varias ocasiones, los proyectos de esta institución. La excavación del antiguo Convento de San Francisco, por ejemplo, fué un cúmulo de desasosiego para los que allí trabajaron, gracias a las zancadillas del entonces Celso Director General. Su obsesión, tal y como afirmaba el Consejero que lo puso en el Cargo, era la de lograr que la Cueva Pintada fuera la octava maravilla. Seamos serios: la Cueva Pintada es un símbolo de una de las culturas canarias prehispánicas... pero con los miles de millones de pesetas (¿para cuando las cuentas del yacimiento?), que ha costado, si se hubieran invertido en varios yacimientos de varias islas, hubieran dado un resultado mucho más enriquecedor para Canarias. La labor de los inventarios Insulares de Patrimonio, aún pendientes en varios municipios, son un ejemplo de priorización patrimonial. Pero no. Celso Martín se dedicó a saquear los fondos del Gobierno de Canarias a sus compañeros de profesión. Ante la imposibilidad de que los canarios trabajaran con él (Tejera, Cuenca, Navarro, Galván, Cruz, Del Arco, Camalich, Martín., Hernández, Pais ...), se trajo a jóvenes licenciados y estudiantes de Madrid, de su Complutense del alma. Iñaki Sanz, gran profesional, quien lo duda, pero aprendió con los abundantes fondos que se le negaban a los canarios.
Las sucesivas legislaturas del Cabildo y del Gobierno de Canarias no tuvieron los empujes de parar la rueda de ese enorme carro. Con lo que se ha gastado en esa maxiobra faraónica, se hubiera excavado media isla, protegido yacimientos valiosos, apoyado la gestión profesional de museos y centros, formado a investigadores.
Celso Martín murió, y nos dejó la fruta envenenada de una cueva pintada (20 m2) con un poblado alrededor, similar a lo que te encuentras en cada paso de la antigua Agaldar prehispánica. O no. Eso no lo sabremos nunca, ya que el dinero se énterró en la cueva. Ahora tendremos proyectos museográficos de última generación, para niños de colegios que no saben usar ordenador, o para viejecitos de mano temblorosa que no tocan nada interactivo por miedo a romper. Mentiras arqueológicas sobre un enorme pudridero de dinero público. La apertura de la Cueva (bueno... de la cueva no... de la réplica, ya que la cueva no se podrá visitar nunca por razones, lógicas, de mantenimiento), supondrá el recuerdo de tantos profesionales de la arqueología que han tenido que dedicarse a otras formas de buscarse la vida por no contar con fondos para su educación.
Y aún pretenden hacer de Celso Martín de Guzmán un pater patriae, en un vergonzoso alarde de lamer memorias, y de vivir de estómagos agradecidos.
Donde quieras que estés, Martín de Guzmán, somos muchos los que no olvidamos tu prepotencia, tu endiosamiento y tu ombliguismo... descansa en paz, pero sin discursos huecos, falsos e hinchados de vanidad. Como tu obra.
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