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La Voz de Gran Canaria

Caimán no come caimán

Caimán no come caimán

JOSÉ A. ALEMÁN

Hay sociólogos y politólogos a los que no gusta llamar “clase política” al conjunto de los mandarines y demás familia; prefieren denominarlos “personal político”. Vale, que no estamos aquí para discutir. Pero les digan como les digan, que les dicen muchas cosas feas, lo cierto es que con los escándalos últimos se nos han puesto los políticos corporativistas perdidos.

Así, Paulino Rivero negó la extensión de las prácticas corruptas con contundencia pareja a la de Adán Martín. Y ahora Juan Carlos Alemán acaba de asegurar que los casos que nos ocupan estos días son aislados, mientras Soria habla en la misma sintonía de tumores a extirpar; no sé si con metástasis o sin ella.

Los políticos han cerrado filas, pues. Algunos se dicen sorprendidos por la que está cayendo. Un ejercicio de relativización para que todo siga igual una vez superados los actuales trances; meros contratiempos, a lo que se ve. Son actitudes que anticipan lo poco que darán de sí las investigaciones parlamentarias en virtud del principio de que caimán no come caimán, aunque a veces hagan mutuas ostentaciones de fiero apetito para que no defraude el espectáculo.

Sin embargo, por mucho que quieran quitarle hierro la corrupción tiene algo de estructural porque la favorecen o al menos la propician las propias leyes. Los empresarios de la Construcción apuntaron al sistema de contratación de obras públicas como causa y sabemos cuánto aprovecha a los listillos la ley de financiación de los partidos, que les da un plus de impunidad. Pero dejo estos aspectos para otro momento y vuelvo a los Adán, Paulino, Alemán y Soria.

Ninguno puede alegar ignorancia. Recordemos, sin más, la Memoria 2001 de la Fiscalía del TSJC. Denunciaba un contexto de corrupción, con presiones permanentes sobre los alcaldes por parte de los promotores inmobiliarios, que no han de apretar demasiado “ante la enorme facilidad con que se dejan convencer”. En la construcción turística se describía incluso el modus operandi: el promotor comunica su proyecto a las autoridades municipales y una vez asegurada su conformidad/complicidad, compra grandes superficies de suelo rústico que son enseguida recalificadas como urbanizables, con el plan parcial correspondiente. Los fiscales calificaron estas prácticas de “pelotazos”, imposibles sin la implicación y participación directa de los políticos; que utilizan, añado de mi cosecha, la intimidación para que el propietario original suelte los terrenos objeto de deseo. En este caso, nuevo dato estructural, se aprovecha que el urbanismo y sus trapicheos son la principal fuente de ingresos de los ayuntamientos.

Aquella Memoria provocó la reacción airada de los políticos. Muy parecida a la suscitada en su día por las declaraciones del ministro López Aguilar acerca de la perversa confusión de intereses empresariales y políticos. La relativización corporativista de Alemán y Soria se inscribe en esa línea de negar el contexto del que surgen la trama eólica y lo de Telde; que no son fruto del azar sino de un estado de cosas conocido. Decir que son casos aislados o tumores a extirpar es fijarse sólo en los efectos evitando entrar en las causas. Aparentan un candor tan imposible en esta gente que insulta nuestra inteligencia.

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