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La Voz de Gran Canaria

Las dunas menguantes de Maspalomas

Las dunas menguantes de Maspalomas

En la madrugada del primero de marzo, una galerna de agua y viento removió unas 400.000 toneladas de arena de la playa del Inglés y Maspalomas. Por la mañana, en plena visita de la alcaldesa de San Bartolomé de Tirajana, Concepción Narváez, y su concejal de Playas, Esteban Valido, varios empresarios con locales a la puerta del marisco pusieron el grito en el cielo. Incluso uno de ellos increpaba a Valido por estar en un ayuntamiento que, después de tantos años, "no ha construido ni un muro para contener" la avalancha de callaos que, ahora, había sustituido la arena por la que los turistas, potenciales clientes de sus establecimientos, transitaban de la playa al Faro.
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Hablaban de la invasión del mar en unos comercios y locales que previamente han invadido el océano y que han sorteado una Ley de Costas que establece que no se puede construir a menos de 100 metros de la pleamar. Esta ida y venida de la marea, por más que se recurra al tópico de que "no lo recuerda ni el más viejo del lugar", está perfectamente documentada desde que se inventó la máquina de hacer retratos. Vienen con temporales de tiempo sur con una cadencia aproximada de unos cinco años, y es cada 15 cuando se hacen más espectaculares, como tiene por escrito el catedrático de Ciencias Geológicas de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Jesús Martínez, considerado como uno de los mayores expertos en la materia a esta vera del Atlántico. Es más, como para corroborar una profecía, estamos en 2006, y uno de los precedentes de mayor enjundia tuvo lugar en 1991. Una resta que da 15, lo que avala las cuentas del catedrático. En aquella ocasión hubo más maremoto que en la presente, con un tapizado de callaos que invadió hasta el puesto de la Cruz Roja de Maspalomas. Hay que subrayar que la linde afectada por este movimiento se encuentra desde Morro Besudo hasta el principio de Meloneras, principalmente, pero se trata de un fenómeno que muestra que las playas están vivas, y no muertas como un parque urbano. Esta vitalidad incluye su propia regeneración en unas pocas semanas, por más que cuando siempre llega la última invasión, como ocurrió hace unos dos años, se hagan pesimistas previsiones, como la que preconizaba que aquello no volvería a ser igual hasta dentro de dos meses.

Antonio Cruz, una autoridad histórica del Turismo en Canarias, recuerda de toda la vida estas arribadas de callaos y la separación de la playa por la entrada de agua de mar. "Y mayor aún se da en San Agustín, pero en muy poco tiempo recupera su fisonomía natural".

Sin embargo, este hecho totalmente natural tiene un positivo efecto colateral, porque al recordarse la dinámica de todo el conjunto de playa del Inglés y Maspalomas, con sus seis kilómetros de línea costera, su campo dunar y la inmensa plataforma submarina, se sacan cuentas de la evolución de su estado, y éste sí que pone en alerta a los expertos.

Según el propio Martínez, que estudia el sistema desde el año 82, ya van perdidos más de 50 metros de anchura de costa. Además las dunas están decreciendo vertiginosamente desde finales de los años 60, periodo en que comenzó su expansión urbanística y en el que se alteró el ciclo de entrada -por Playa del Inglés- y de salida -por el Faro de Maspalomas- de la arena que surte al conjunto.

Enrique Copeiro, ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y que trabaja con equipos interdisciplinares en proyectos relacionados con la costa, asegura que la pérdida de arena y la reducción del volumen de las dunas "no tiene discusión".

Y considera que la "conclusión más clara es que no se pueden autorizar puertos, diques o barreras submarinas entre el barranco de Tirajana y el de Maspalomas, porque contribuirían a disminuir los aportes en la zona". De hecho, y a modo de ejemplo, en el dique de Las Burras, construido en 1966, se acumulan toneladas de arena que, ahora, no llegan al Inglés.

Copeiro asegura que los informes de fotometría aérea demuestran que ese volumen "baja y baja". Según este experto, existen dos fuentes principales de arena. Una parte proveniente de los organismos calcáreos marinos -"que es la blanquita"-, muy poco estudiada, y la procedente de los aportes terrígenos, que principalmente llegan por el barranco de Tirajana.

"Este barranco", explica, "ha tirado enormes cantidades de arena al mar, pero ha sufrido tantas extracciones de material en su cauce que se han creado cubetas enormes en las que se deposita material cuando llueve", cortándose así su paso a la playa, un fenómeno que también ocurre desde mucho antes en todo el Levante español, con el agravante de que allá esos depósitos se han utilizado para fabricar hormigón.

Este hecho, según la misma fuente, "es irreversible, ya que ocurre lo mismo que las cuentas de la vieja: se ha ido deforestado y se ha extraído ya más materiales del barranco que lo que ahora pueden aportar sus propias laderas".

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