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La Voz de Gran Canaria

Un cáncer amplio

Un cáncer amplio

ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA

Las últimas noticias sobre la corrupción en Canarias prueban, más allá de toda duda razonable, que éste es un cáncer que corroe a todos los partidos: nadie está inmune, entre otras razones porque la historia demuestra que es verdad la metáfora de la manzana podrida. Así que el que escupe para arriba, en la cara le caerá, aunque siempre exista la impresión de que a uno nunca le estallará el escándalo entre las manos. Pero es un espejismo. Nada puede mantenerse oculto eternamente; siempre hay algún perjudicado que permite tirar del hilo hasta que se desenrolle el ovillo.

En la primera mitad de la década de los 90 del siglo pasado le tocó al PSOE recorrer este calvario. Una serie de rinconetes y cortadillos pusieron en solfa los cien años de honradez de la organización fundada por el patriarca Pablo Iglesias. La ayuda de la pinza formada por jueces estrella, fiscales ´indomables´, periodistas salvadores y comunistas confusos que aceptaron el mando estratégico de José María Aznar y su consigna de "váyase señor González" ha dejado la sensación de ser aquellos días el lado oscuro de la fuerza, unos tiempos insólitos en la vida nacional. No fue tal cosa, como luego se ha visto. Sí es verdad que esa conspiración, que adulteró el resultado de las elecciones mediante la creación de una falsa información en caudales de seguro éxito intoxicador, no se ha repetido a la contra con posterioridad. Pero sí se ha demostrado hasta la saciedad, en Península pero ahora en concreto en Canarias, que los escándalos, el soborno, la prevaricación, el cohecho, el robo, el tráfico de influencias, el chanchullo, no tienen ideología. No debió acusarse al PSOE en su momento de ser "el partido de la corrupción", de la misma manera que ahora no debe decirse lo mismo del PP. O de Coalición Canaria, que también empieza a acudir a los juzgados.

La ´trama eólica´ o la ´operación Faycán´ no tienen nada que ver con el partido. En los dos casos unas personas, un ex director general de Industria y una concejala, están acusados de montar un tinglado, junto con sus respectivas parejas y una red de cómplices o tontos útiles, para llenarse los bolsillos a espaldas de sus propios correligionarios. Las escuchas telefónicas han registrado, en ambos episodios, diálogos increíbles que parecen demostrar que éstos ni son buenos tiempos para la poesía ni lo son para la ética y las buenas costumbres. Los valores que han sido la pauta de la civilización, desde la más remota antigüedad, se han trastocado.

Tampoco puede decirse que la grabación que recoge como el líder popular en Fuerteventura, Domingo González Arroyo, y un compañero, ofrece "un kilillo", un solar y otras golosinas a un concejal independiente para que apoye una moción de censura en Antigua se haya hecho con conocimiento del partido. "Las cosas del marqués", dice algún compañero, que no oculta su estupor. Pero estas cosas acaban por convertirse en una bomba lapa con amplia y destructora onda expansiva. El aforamiento del personaje puede retrasar el enjuiciamiento, pero parece que no hay dudas acerca de cuál será el final. Una ´cinta´ acabó con Dimas Martín, o al menos congeló unos años su actividad política.

La reacción de José Manuel Soria tanto en la trama Eólica como en la teldense ha sido contundente: al separar preventivamente a los imputados, al no dudar del recto proceder de los jueces, fiscales y policías, al apoyar las comisiones de investigación, al pedir mano dura contra los corruptos... ha actuado con habilidad, inteligencia y prudencia, contribuyendo, por otra parte, a aislar a los infectados por el virus. Ha procedido con sensatez y previsión ´a futuro´. La experiencia le indica que es inútil, y encima boomerang, negar las evidencias y echar las culpas a un contubernio judeomasónico, sobre todo cuando las escuchas telefónicas revelan datos tan minuciosos y concretos que sobran las palabras que no sean de asco y reprobación.

El trabajo a destajo de la Fiscalía Anticorrupción, y el hartazgo de los profesionales de la Justicia, cansados del pavoneo de la impunidad, está provocando el efecto de que los ciudadanos pierdan el miedo a hablar, y de que muchos asuntos comiencen a salir de los cajones y archivos. De muchos cajones y muchos archivos. Aparte de lo que queda en Telde, donde era ´vox populi´ lo del cobro de comisiones, hay otros muchos ayuntamientos con escándalos ´de hormigón´ en fase latente.

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