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La Voz de Gran Canaria

Política y editoriales

Política y editoriales

TERESA CARDENES

¿Es bueno que el Gobierno de Canarias opine sobre la política editorial de los medios de comunicación? A través de José Miguel Ruano, un grancanario amamantado en las entrañas de la extinta ATI, el Ejecutivo canario quiso dejar claro ayer en el Parlamento que "condena, reprueba y rechaza cualquier planteamiento editorial que menoscabe la unidad de Canarias". Lo hace en relación con la última ocurrencia del periódico El Día de suprimir la palabra "Gran" del nombre de Gran Canaria. Hay estupideces que se califican solas, y esta última de El Día, directamente en el terreno del delirio, no hace sino coronar un rosario de cantinfladas, como aquella otra de referirse permanentemente a los grancanarios y a su isla como g.canarios y G.Canaria.

El caso es que no ofende quien quiere, sino quien puede. De modo que su aberrante, continuado e histriónico discurso del despojo canarión, con denuncias de tanta enjundia como el presunto expolio de las sedes consulares, más induce a chanza que a cualquier otra reacción humana. Entre otras cosas, porque tomar en serio semejantes muestras de insignificancia intelectual no contribuye sino a darles una carta de naturaleza que no tienen. En una iniciativa que no tiene precedentes, por primera vez un Gobierno canario proclamó ayer su distanciamiento frente al pleitismo sobre el que descansa la política editorial de El Día.

El gesto podría considerarse valioso en la medida en que contiene una apuesta clara por la unidad de Canarias y ayuda a distinguir lo que dice El Día de lo que piensa la fracción tinerfeña del Gobierno, incluido, en teoría, su presidente. Pero no nos engañemos. Durante años, ATI retroalimentó muchos de los dislates proclamados por ese periódico, hasta tal punto que resultaba imposible distinguir quién alentaba a quién. En algunos casos, con severos ataques al mínimo respeto democrático exigible, como cuando El Día retrató en primera, acusándoles de traidores a Tenerife, a aquellos diputados socialistas que se disponían a dar su apoyo en el Parlamento a la ley que segregó las dos universidades. El gesto de ayer implica indicios de cambio. Si bien, dados los antecedentes, permítanme el escepticismo ante los golpes de pecho.

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