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La Voz de Gran Canaria

Jugar con fuego en Canarias

Jugar con fuego en Canarias

NICOLÁS GUERRA AGUIAR

Cuando dos partes de una misma unidad (Canarias) manifiestan especiales sensibilidades que a veces se traducen en justificados enfrentamientos dialécticos, los rectores políticos han de ser exquisitamente cuidadosos para evitar flagrantes desequilibrios que los acrediten. Y si nos limitamos a una situación mucho más concreta -diferentes consideraciones entre Gran Canaria y Tenerife-, puede romperse la muy delicada igualdad por la que mayoritarios sectores de población luchan en ambas islas, aunque a veces parece que lo que se busca es eso, el intencionado desacoplamiento.

A nadie se le esconde que la fragilidad es, precisamente, uno de los elementos caracterizadores de las relaciones entre Tenerife y Gran Canaria. Y aunque no es el momento para entrar en pormenorizados detalles, no debe olvidarse que situaciones de frecuentes roces son fomentadas para provechos económicos y grupales más interesados en que la conciencia regional no arraigue entre los canarios: mientras mantengamos posturas a veces antagónicas, menos serenidad tendremos para un riguroso análisis de nuestra situación actual. O lo que es lo mismo, los provechos de tales enfrentamientos serán monopolizados por aquellas minorías que, desde tradiciones de siglos, colocan sus beneficios privados por encima de los generales.

Viene a cuento lo anterior porque, al final, se confirma lo que aparecía como pura especulación manipuladora, es decir, se vuelve real lo que se desmentía con la boca pequeña frente a quienes alzaban la voz y denunciaban el tremendo desajuste: una buena parte del presupuesto que envía Madrid para transporte público se destinará al tren que unirá La Laguna con Santa Cruz. A mí me parece correcto que los políticos de Tenerife luchen por el engrandecimiento de su isla siempre que se trate de política cabildicia, a fin de cuentas en aquella tierra tienen sus votos. Pero cuando se abandona desde el Gobierno regional el equilibrio a que antes me referí, se está jugando con fuego.

Es el caso concreto de ATI, con muy buenos resultados: no olvidemos que de los tres parlamentarios que su Coalición Canaria tiene en Madrid, dos son tinerfeños y uno de ellos, el señor Rivero, es además el presidente de la misma. Cuando no se tienen sólidas ideologías; cuando filosofías políticas que defienden el bien común no son las bases de su pensamiento, lo normal es lo que están haciendo: buscan para Tenerife todo lo que puedan conseguir, aun a costa del perjuicio y menoscabo de las otras islas.

Lo que sí sorprende es que el tercer diputado y algún senador sólo denuncien el agravio en Gran Canaria y no en Madrid, que fue donde se firmó el desvío de tantos millones para el tren: a lo mejor es que Coalición no contó con ellos (a fin de cuentas, ya están semidesgajados). Pero si fue así, ni se les sospecha tan siquiera una velada amenaza de romper el grupo parlamentario ante incorrectos comportamientos e injustas consideraciones de lo que es el bien general.

Y aunque se dice que los pueblos tienen lo que se merecen, no han hecho méritos los grancanarios para tales desequilibrios y abandonos. El señor Rodríguez, don Román, parece que actúa con especial ingenuidad o disimulada complacencia, pero bien es cierto que podría delegar en el segundo miembro de la lista por Gran Canaria porque no se puede estar en misa y repicando, no es posible defender los programas en Madrid y a la vez dar cuerpo y coherencia en nuestra isla a la neonata formación política que preside.

Me sorprende, también, el silencio -consciente o no- de los psocialistas, más obnubilados ahora por seguir manteniendo en el poder regional a quienes no se caracterizaron con el juego limpio y noble cuando fueron sus aliados en el Gobierno del señor Saavedra: se me esconden los altos conceptos de servicio y responsabilidad de que hacen gala, toda vez que su incondicional apoyo a las políticas interesadas de ATI no refleja -precisemos- una visión comunal o de comunidad en la que han de estar presentes todas las islas del archipiélago. O tal vez sea que se conforman con las antesalas del poder, muy limitada estancia para tomar decisiones de peso e impactar ante los canarios con programas que han de responder a lo que significa la "S" del PSOE: si apoyan los presupuestos de ATI están en contradicción con su más elemental esencia ideológica. Y es que, quién lo duda, sus intereses son diametralmente opuestos, salvo que se hayan producido metamorfosis en las ideas o éstas ya no existan.

Pero también el Gobierno de Madrid juega con fuego cuando confirma que no hubo malas interpretaciones en la distribución de la partida presupuestaria: había dado su visto bueno para que una parte muy importante del dinero se destinara al tren. Los tinerfeños de ATI saben vender -es su tradición-: todo tiene un precio. El apoyo en Madrid (Parlamento, Senado), pues, no obedece más que a la obtención de bienes materiales para la isla de Tenerife, la única con la que tienen compromiso directo. Ayer fue Socaem. Ahora está en juego la Escuela de Servicios Sanitarios y Sociales (probable envío a Tenerife).

El Gobierno de Canarias, en definitiva, no busca el equilibrio: muy al contrario, fomenta los enfrentamientos. ¿Qué es, si no, aquello de que el decreto regulador de las licencias comerciales "se hizo pensando en Tenerife", según el señor consejero de Economía? ¿Que dónde se oculta la Coalición Canaria de Gran Canaria? Pues ya lo ven: bajo la "siempre nevada frente hermosa" del Teide, que diría don Cristóbal del Hoyo, vizconde del Buen Paso: en Tenerife. Allí están sus beneficios. Pero sus votos los obtuvieron aquí.

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