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La Voz de Gran Canaria

La Televisión Canaria, bajo el dominio de ATI

La Televisión Canaria, bajo el dominio de ATI

ROMÁN RODRÍGUEZ

La Televisión Canaria es un formidable instrumento de comunicación cuya misión en esta tierra debe ser la de constituirse como un vehículo de difusión cultural y cohesión territorial, facilitando el conocimiento entre los canarios y potenciando la unidad de las islas. Ni el barco ni el avión pueden hacer tanto como la televisión para construir un sentimiento de unidad y cohesión entre todos nosotros. En ella debemos vernos reflejados todos los canarios; con ella deberíamos aprender más de cada uno de nosotros.

Pero para eso se necesita una conciencia muy nítida de este compromiso, un equilibrio exquisito para que su programación sea el fiel reflejo del devenir de nuestra propia sociedad, hecha con la misma proporcionalidad y simetría sobre la que se sustenta nuestra realidad social, económica y territorial.

Como a tantos canarios, lo que verdaderamente me preocupa es la falta de equilibrio informativo y económico que refleja la totalidad de su programación. La dirección de la Televisión Canaria parece estar preocupada sólo por lo que opine ese periódico, guía del insularismo de Tenerife, que insulta a las otras seis islas y a las personas sensatas de la isla a la que dice representar.

Es la segunda vez que ATI estropea este intento de contar con un instrumento de unidad y progreso común. Como presidente del Gobierno de toda Canarias, hace seis años me encontré con una televisión en una situación de bloqueo total. Consciente de su importancia, creí que lo mejor era que ese poderoso medio de comunicación quedara al margen de nuestras disputas políticas y que fuera dirigida por profesionales con una demostrada capacidad de eficiencia, compromiso y conocimiento de toda Canarias. Así lo hicimos y la televisión mejoró en calidad y en audiencia. Hoy, por el contrario, se ha optado por primar la fidelidad a ATI frente a la profesionalidad y por una dirección completamente sesgada: seis de los siete mandos directivos de la Televisión Canaria son de Tenerife.

Nadie puede negar que en la anterior etapa la televisión, pese a su modestia presupuestaria y dificultades, dio un salto cualitativo y todos los canarios la sintieron más suya. Comenzó a generarse una industria audiovisual competitiva y equilibrada, y de esta manera, además de comenzar a reflejar toda nuestra variada realidad, el esfuerzo económico que hacían todos los canarios revertía en la propia sociedad a través de la participación equilibrada entre islas de las empresas productoras a las que se encargaban la elaboración de los programas.

Pero el intento duró bien poco. Desde que comenzó la actual legislatura, ATI volvió a pensar que la tele les pertenece a ellos. Desde entonces, en una precaria situación de interinidad, el anterior Director General vivió sometido a un funambulismo imposible que al final le hizo caer de la cuerda. Veíamos entonces la deriva que se estaba produciendo.

Hasta hace 3 años el 70% de la producción audiovisual de la Televisión Canaria se hacía en Gran Canaria puesto que -por motivos de mercado- las productoras se habían instalado en esta isla. Ahora la situación es bien distinta, por decisiones políticas en Tenerife se realiza cerca del 90% de la producción audiovisual, una sola productora externa –muy cercana al mundo de ATI- realiza programas para las mañanas, las tardes y las noches de esa televisión. Esto ha provocado que se interprete la realidad de Canarias desde un solo lugar, lo que genera distorsión. Pero no les preocupa en exceso, porque en realidad, el cambio operado en la televisión sólo tenía un objetivo; controlar su gestión para beneficiarse política y económicamente de ella. Es una afirmación ésta fácilmente contrastable; basta con ver quienes monopolizan las informaciones y facturan por la elaboración de sus programas. La televisión está más politizada que nunca.

No importa que se haya perdido la mitad de la audiencia, al pasar del 14 al 7%, lo que demuestra la mala calidad del actual producto. Los políticos que han decidido este modelo no piensan en los espectadores, ni en el beneficio para todos los canarios, piensan en quienes deben recibir los encargos para hacer programas.

Siento gran aprecio personal por muchos de los trabajadores y responsables de ese medio de comunicación. Muchos de ellos reconocen que estos no son los mejores momentos de esa televisión. Algunos de sus responsables siguen haciendo lo que pueden, capeando este temporal a la espera de una nueva oportunidad. Lamentablemente, la politización y los intereses económicos están haciendo un enorme daño a la televisión pública canaria, que de no corregirse pronto se convertirá en irreversible.

Una vez más el gobierno de ATI ha optado por contentarse a sí mismo en los asuntos que gestiona, pero en 2007 los canarios tenemos la oportunidad de cambiar la situación cuando seamos llamados a las urnas.

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