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La Voz de Gran Canaria

Proyectos serios para el desarrollo de Las Palmas de Gran Canaria

Proyectos serios para el desarrollo de Las Palmas de Gran Canaria

JOSÉ M. BALBUENA CASTELLANO

Mucho se habla de la Gran Marina, del Frente Marítimo y de lo que habría que hacer en la zona de Las Canteras, La Isleta o el Confital. El ayuntamiento ha errado el procedimiento para llevar adelante su proyecto, donde, además de irregular, ha dilapidado mucho dinero de los contribuyentes. Causa cierta irritación oír las propuestas que se ofrecen donde se pone mucho énfasis en la construcción de centros comerciales, de grandes hoteles, de edificios de veinte o treinta pisos, como si el espacio que se le pone a tiro al ayuntamiento capitalino, al Cabildo Insular o a la Autoridad Portuaria sólo sirviese para hacer realidad la frase "el tiempo es oro", o "business is business". Y, bajo mi punto de vista, no es eso.

La vida sí que es oro, trabajar para que el ser humano tenga calidad de vida, sí que es oro. La dinámica de querer convertir todo en oro y ambición es bastante equivocada y el tópico de que todo eso conlleva riqueza es sólo una falacia. Será riqueza para unos pocos pero no para la mayoría.

En un proyecto global sobre cualquiera de estos puntos de la ciudad que he mencionado los promotores tendrían que ser generosos y pensar, no sólo en el aspecto mercantil o inmobiliario, sino en otros aspectos que son los que verdaderamente enriquecen a la población.

Sé que existen propuestas de proyectos para desarrollar el llamado Frente Marítimo de Las Palmas, que comprendería desde el Puerto a la Playa de La Laja. He visto incluso algunos que si se llevaran a cabo constituiría para la capital grancanaria el revulsivo que necesita para convertirla en una de las urbes más atractivas y prósperas de este lado del Atlántico. Ahí entrarían diques tipo Jarlan, para defender la costa, islas, canales, lagos, puentes, espacios para ocio, minigolf, áreas de servicios, etc. Proyecto a largo plazo beneficioso para residentes y visitantes y de gran impacto estético y funcional. Pero nuestros políticos municipales, autonómicos e insulares prefieren mirar hacia otro lado y defender otros intereses. Tienen escasa visión de futuro, o se dedican a pegar patinazos o a hacer el ridículo.

Las Canteras, su playa, su paseo, su entorno, necesitan una moderna remodelación que tenga que ver, no solamente con arquitectura y urbanismo, sino atendiendo a otras necesidades de la población que allí vive, o se aloja. Y lo mismo digo para otros distritos, como el parque de Santa Catalina o alrededores, o La Isleta, Tampoco tiene que atenderse de forma especial al llamado ocio nocturno. Entonces, ¿de qué hablamos?
.Hablamos de que, de la misma forma que nos estamos adentrando en una sociedad oscurantista e ignorante, donde se desprecian los valores éticos y morales y se atiende a otras cuestiones alienantes para el ser humano que en nada contribuyen a su enriquecimiento espiritual, mental e intelectual. Nuestros representantes políticos nos están llevando al mercantilismo, al consumismo, y a hacernos creer que en una democracia todo es válido, incluso favorecer a las multinacionales o a los empresarios amigos. Es una manera de prostituir la democracia. Nos estamos introduciendo peligrosamente en una seudo democracia, o si ustedes lo prefieren, aunque es un tópico muy socorrido, en una república bananera. Existen indicios y ejemplos que así lo confirman, pero que no voy a tratar ahora aquí.

A las gentes decentes y con cierto sentido solidario y social les asombra que cuando se planifica un proyecto, una urbanización, un espacio libre, no se piense en los habitantes, en los seres humanos que viven en el entorno, o que puedan habitar esa zona.

La zona mencionada (Canteras, Santa Catalina, Isleta, Puerto) no tiene que ser un lugar para privilegiados. Ya está bien de mamotretos y de centros comerciales o de antros para complacer a quienes disfrutan de la vida nocturna.

Habría que pensar en una recuperación integral de estos barrios y estos espacios, dotándolos de elementos relacionados con la cultura, con los servicios sociales, con el deporte, con las necesidades de ocio y lúdicas destinadas a los mayores, a los jóvenes, a los niños. O pensar también en quienes nos visitan, sea en cruceros turísticos, o disfrutando de estancias de días o semanas en nuestra ciudad.

En ese sentido, yo propondría que se les entusiasme con exhibiciones folclóricas en el Parque de Santa Catalina, en la Playa de las Canteras; que se realice con ellos visitas a la ciudad, a nuestros museos y monumentos, a nuestras salas de concierto; a degustaciones de la gastronomía típica, etc.

Hay que crear bibliotecas. La gente que no lee se embrutece. El índice de lectores habituales en estas islas no es muy alto que digamos. Tenemos que conseguir amantes de la lectura en las escuelas, institutos y universidades, y en el mismo hogar, no para salir del paso en los estudios sino para toda la vida. No es mala idea convertir la zona aludida en un referente cultural donde no falten teatros, salas de exposiciones, museos, pinacotecas, canchas deportivas, e incluso recuperar buenas salas de fiesta o de espectáculos. Está pendiente el objetivo de sanear esas calles, mejorar la seguridad y la limpieza, volver a darle vida a esas pequeñas y medianas empresas que los grandes almacenes y capitales foráneos han hundido en la miseria.

No vivimos en un estado policial, pero es hora de que policías y jueces se ocupen de tanto personal indocumentado que pulula por las calles, que no tiene oficio ni beneficio, o que se dedica al tráfico de drogas, a la prostitución, al proxenetismo, al blanqueo de dinero, a la delincuencia organizada, etc. etc. En ello nos va nuestra seguridad e incluso nuestra supervivencia. Si alguien quiere estar entre nosotros, tiene que hacerlo de acuerdo con nuestras leyes, no con las suyas.

Existe mucha gente que clama orden, que clama seguridad, que clama justicia, pero no se atreve a manifestarlo. No basta con decirlo en el bar o en la tertulia con los amigos. Hay que expresarlo, demandarlo, y si hace falta, con contundencia.

En los nuevos proyectos debe figurar una acción especial para el barrio de la Isleta, de manera que contribuya a su desarrollo y a que sus moradores puedan acceder también a una calidad de vida. Tendrá que evitarse que se convierta en un gueto que vive de espaldas a lo que se cuece o proyecte en el resto del entorno, ajeno a esas perspectivas de progreso y de mejora. Ya tenemos en esta isla y especialmente en este municipio, bastantes zonas marginadas.

Otro aspecto que se tendría que tocar es el de devolver la tranquilidad a las personas que viven en las inmediaciones del Parque de anta Catalina con tanto mogollón y tanto ruido. El ayuntamiento no ha sido capaz de concebir un proyecto serio donde se construyan infraestructuras destinadas a la celebración de eventos, conciertos al aire libre, carnavales, etc. en una lugar donde no se moleste a nadie. Las asociaciones de vecinos de esta zona están más que hartas de esta situación y demandan un cambio.
Por otro lado, debería ampliarse el actual Museo Elder de la Ciencia, y la Tecnología, que ya de por sí representa un gran atractivo para esta zona, tanto para los foráneos como para los habitantes de la isla. El ayuntamiento en vez de facilitar su ampliación, le pone obstáculos. Tendría que dedicarse el edificio Miller a la ampliación del Museo, o habilitarlo para otras actividades culturales y no permitir que esté infrautilizado o se utilice para machangadas.

Es cierto que en este distrito al que nos referimos existen ya centros destinados a promover la cultura o las artes como el Auditorio Alfredo Kraus, la Regenta, el citado Museo de la Ciencia, pero está por venir el deseado Museo del Mar, una pinacoteca, un acuario, y cualquier otra iniciativa de oferta complementaria y diversa, o que sirva para dignificar la zona, para animar a los empresarios a invertir.

Este conjunto: puerto, comercio, cultura y ocio, racionalmente planificado, podrían regenerar definitivamente un espacio que malvive hoy en día y produce malestar entre los habitantes que allí viven y tienen que soportar trastornos, molestias o la desidia de las autoridades municipales.

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