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La Voz de Gran Canaria

La sandez

La sandez JOSÉ A. ALEMÁN

No pensaba ocuparme más del viajecito gratis total del macho Soria a Austria y Noruega. Entre otras cosas porque ya los lectores lo han enjuiciado con tal rotundidad que poco iba a añadir yo. Me limité a subrayar el bloqueo político de la isla provocado por la política del PP y a recordar que los políticos responsables, cuando llegan a ese punto de bloqueo, deben echarse a un lado y dejar a quien venga detrás el intento de romperlo y superar la situación.

Si se fijan, el viaje en sí refuerza el bloqueo porque a ver cómo aborda ahora Soria decisiones del Cabildo que afecten a los intereses de Björn Lyng, después de haberle pagado éste unos días ciertamente inolvidables. Cómo va a justificarlas ante una opinión alerta en caso de ser favorables al empresario noruego; y cómo lo hará ante el propio Lyng, de rechazarle sus solicitudes. Está cogido y así no se puede gobernar.

No pensaba volver sobre el asunto, les dije, pero la insultante columpiada de Larry Álvarez, secretario de Organización del PP, me hizo cambiar de idea. Porque calificar de “sandez” la legítima y obligada exigencia de explicaciones a un cargo público por actuaciones que suscitan serias dudas acerca de su integridad ética es mucho más que un flatus verbi. Revela concepciones políticas ajenas al respeto debido a la ciudadanía, a la oposición que la representa, al prestigio institucional de la corporación, a quienes lo votaron de buena fe y a la militancia del PP; aparte del que debe tenerse a sí mismo Soria en cuanto político electo.

Si ya de por sí tiene tela calificar de “sandez” el ejercicio de la función política de oposición, no quiero ni contarles de las presiones y apercibimientos a otros políticos y a medios de comunicación para impedir que trascendiera un hecho que ha tenido, gracias en parte a los torpes e irritantes intentos de ocultarla, mayor eco del que cabría esperar. Sorroballar a la gente no resulta recomendable. No son pocas las actuaciones discutibles y hasta dudosas a que ha dado lugar Soria y que habrán de verse seguramente en los tribunales, aunque hayan pasado en alguna medida desapercibidas para el gran público. Como hubiera pasado ésta de no ser tan patente el desprecio hacia la opinión pública demostrado por los mandarines peperos. Larry Álvarez ha demostrado que su relevancia en el PP no se la ha dado la inteligencia política ni su saber estar y proceder.

A partir de ahí, resulta irrelevante el juicio que le merezcan a Álvarez los cien días de gobierno de Adán Martín, tras el rompimiento con el PP. No es resultado de ningún talento analítico sino hijo del despecho y el rencor. Y de la ignorancia, porque los cortes entre etapas políticas, al igual que entre eras históricas, no son limpios ni tan drásticos. Decir que tras la expulsión del PP el Gobierno ha sumido a Canarias en la zozobra no se le ocurre ni a quien asó la manteca. Al Gobierno no hay por donde cogerlo con o sin el PP a bordo. Si Larry quiere hablar de “zozobra”, es muy dueño en el buen entendido de que venía de atrás. No sé si el Gobierno canario está al servicio de Zapatero, como afirma; aunque sí creo, para qué engañarnos, que se pondría a ello muy gustoso de serle demandado. Como lo estuvo en los días de Aznar.

Diréles, por último, cuanto llamó la atención que no fuera Soria quien hiciera la valoración de los cien días últimos del Gobierno. Le correspondía como cabeza de su grupo parlamentario y en cuanto presidente de la isla más desfavorecida por la política ática. No se atrevió. Pero hay en su partido, sin duda, personas en las que delegar de mayor significación orgánica y social, además de credibilidad pública, que un comisario de Organización con el hábito perruno de llevarle al amo el periódico y la cartera. Quizá fue que no se prestaron; o que Soria no los considera de su confianza, lo que no deja de ser un honor para ellos.

Así, acompañaron a Álvarez en su comparecencia la ex consejera Águeda Montelongo y Jorge Rodríguez. Para hacer bulto. Montelongo no abrió la boca, no fueran a recordarle las “zozobras” que provocara su gestión “social” en el Gobierno; y en cuanto a Rodríguez, de natural locuaz, hizo alguna que otra aclaración de menor cuantía: estaban allí obligados por su dependencia de Soria, más nutricia que política, sin que pueda afirmarse ni negarse su acuerdo con el análisis larriano.
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