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La Voz de Gran Canaria

Qué hacer con El Confital

Qué hacer con El Confital ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA

Anda la oposición en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y algunos grupos ecologistas reivindicando la intocabilidad de la bahía del Confital. El mensaje es, quietos parados. Que no se mueva una piedra. Dejar todo como está. Algo que no es intrínsecamente bueno ni positivo para la ciudad. El PSC es el primero que debería recapacitar y aclararse, con un proyecto pormenorizado, sobre lo que conviene hacer allí. Pero dejando de lado la palabrería y las ganas, muy democráticas, por cierto, de incordiar a la alcaldesa, quien por lo que a ella respecta hace lo mismo desde siempre con sus adversarios políticos.

Es cierto que el proyecto estrella de César Manrique, apadrinado por Emilio Mayoral y Rafael Molina Petit, contemplaba algo en la línea de los lagos de Martiánez, pero a lo grande y con más protagonismo medioambiental, similar a lo que después el propio artista diseñó para Santa Cruz de Tenerife. Aquello era una operación de importancia, podríamos decir que dura, rompedora, que urbanizaba el territorio aunque primando la naturaleza; una naturaleza que era ´reseteada´ para conseguir un pulmón urbano.

La propuesta que ahora defiende Arcadio Díaz Tejera y los ecologistas que han ´tomado´ el lugar, es lo contrario absoluto. En todo caso, y después ´de mucho rogar´, aceptarían unos mínimos servicios higiénicos y un mini bar, como el de los hoteles, supongo. Y no parece que esa alternativa sea la más razonable si de verdad se quiere que el Confital sea de todos, porque para que lo sea tiene que ser accesible y cumplir una función urbana. No se le
puede tratar con el mismo criterio que al pinar de Pajonales o al Nublo. La belleza agreste y a la vez oceánica del sitio, su perfecto estado de conservación, no es incompatible con la creación de un conjunto de infraestructuras que respondan a necesidades objetivas de la población. Entre la construcción de hoteles que
se enroscaban a la ladera, eso sí, mimetizados con la piedra volcánica, tal y como se ´idealizó´ con mentalidad euro en los primeros mandatos del PP y el inmovilismo hay un término medio, que no parece que ahora sea ya la idea de César sino algo más ´blando´. Pero ese algo tiene que ser algo; y repartir distintos usos y grados de protección en todo el perímetro de La Isleta a partir de La Puntilla.

¿Cómo no se va a contar con un balneario en condiciones, y con bares y restaurantes, y con oficinas para la Policía Local, y con aparcamientos para vehículos, y con paradas de guaguas, y con parques infantiles, y con zonas para juegos de playa, y con un área para acontecimientos musicales, y con una conexión con el istmo...? Es absurdo que los mismos que defendían el Woomad en la playa ( o el guineo continuo en el parque de Santa Catalina, con daño cierto a la salud de los vecinos a los que se les niega el derecho al descanso cada dos por tres) se opongan en redondo a permitir algunas de estas actividades en el Confital, que se llama Confital, según las crónicas de la historia de la Ciudad, porque siglos atrás una de las bromas pesadas que solían gastarse
era regalar ´confites´ que no lo eran, eran piedras de ese sitio, disfrazadas, con brillo añadido, que rompían muchos dientes. Desde hace mucho tiempo el Confital tiene una historia relacionada con el ocio capitalino.

Por supuesto, la Isleta en su conjunto se ha salvado de convertirse en un risco suburbial, como los de San Juan y San Nicolás, en buena parte debido a la presencia militar justo en los años de mayor desarrollo portuario. Y aunque el Puerto, por el Este, presiona para seguir conquistando parcelas para su expansión, el conjunto de las ´Montañas Coloradas´ y el Confital gozan de un amplio consenso político y social para su conservación...
después de algunas ideas descabelladas - para algunos no eran descabelladas sino un pelotazo de tamaño sideral- que preveían, cómo no, chalés, campos de golf y algún hotel justo en los llanos que son ahora campo de maniobras y prácticas del Regimiento de Infantería Canarias número 50. Pero parece que ya esas ocurrencias no gozan de la admiración papanata que fue tan habitual como herencia del hambre negra de la guerra y de la lógica obsesión por el desarrollo. A estas alturas de la historia ya no prima cualquier desarrollo sino el desarrollo sostenible, y en ese criterio de ´sostenibilidad´ no se incluye destrozar el paisaje de las lomas de picón que es uno de los emblemas más característicos de la Isla, y de Canarias. ¿Se imaginan ustedes aquellas laderas llenas de construcciones?, ¿creen que sería sensato extrapolar el modelo del extrarradio de Vegueta?

No obstante, la respuesta sensata a un extremo no es defender otro extremo. El Confital lo que necesita, de momento, es debate, una discusión en la que participen todas las partes representativas de la sociedad. El Ayuntamiento no debe perder la oportunidad de ´abrir el melón´ y llamar primero a los demás partidos políticos
y después a colectivos profesionales, asociaciones vecinales, sectores relacionados con el medio ambiente... Un gran acuerdo sería un buen paso.
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