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La Voz de Gran Canaria

No enmendalla

No enmendalla FRANCISCO POMARES

Paulino Rivero debe saber perfectamente a qué esta jugando: anteayer, en medio de la preocupación general por los atentados de Londres, seguía instalado en el discurso de la confrontación con esos siete empresarios grancanarios a los que sigue sin identificar. No sólo no aprovechó Rivero la oportunidad que brindaba el triste
momento para un llamamiento a la concordia, sino que insistió en reiterar sus argumentos sobre el chalaneo político de la confederación y el PP. Eso sí, adelantó que estaría dispuesto a zanjar la polémica si alguien aporta cifras que demuestren desequilibrio en las inversiones.

Rivero sigue llevando el ascua a su particular e indigesta sardina. Sabe que en Canarias no hay más datos sobre inversiones que los que proporciona el Gobierno, y sabe perfectamente que en esos datos, Gran Canaria no sólo no ha resultado perjudicada en el sumatorio de los últimos diez años, sino todo lo contrario. Son precisamente esas cifras las que han llevado a Soria a manifestar su desconfianza hacia los datos del Gobierno, que hasta ayer eran aportados también por los tres consejeros del PP. Son las mismas cifras que han provocado que Ricardo Melchior se olvide por un momento de la foto con Bill Clinton y pida explicaciones a Adán Martín en un tono muy agresivo, insistiendo en que quiere las cuentas partida por partida...

En realidad, todo esto es pura fanfarria. Fanfarria de Rivero, de Soria y de Melchior. Porque la radicalización del pleito no depende de los equilibrios reales o ficticios en las cuentas del Gobierno, sino de la percepción de la ciudadanía. Las cuentas del Gobierno podrían ser absolutamente equilibradas en el reparto de las inversiones, y existiría desequilibrio si todas las carreteras de Canarias se adjudicaran a la misma empresa, o a empresas de una única isla, o mayoritariamente controladas por capital de una isla. Los ciudadanos y los empresarios tienen la certeza de que el equilibrio no es que Tenerife y Gran Canaria sumen idéntico gasto en todas las partidas y en todas las anualidades -eso es tan banal como absurdo: no haría falta un gobierno para
aplicar así el presupuesto, bastaría con una máquina calculadora- sino que el Gobierno dirija esta región con sensibilidad hacia todas las islas, vocación de equilibrio y un reparto sensato en el que se prioricen las verdaderas necesidades y no la clientela.

Eso no se logra a base de reparto presupuestario milimétrico: hacen falta muchas más cosas. Hace falta que en Tenerife la obra publica no sea toda para Traysesa, por ejemplo.
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