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La Voz de Gran Canaria

Todo es consecuencia

Todo es consecuencia ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA

Nada, o casi nada, es producto de la casualidad; nada surge por generación espontánea. Todo es consecuencia y causa de algo. El desastre de las carreteras del Norte de la Isla de Gran Canaria no ha aparecido de pronto, hale hop, de entre el vacío cósmico macaronésico. Años y años de incompetencias, de promesas vanas, de mentiras, de fijar otras prioridades, han dado lugar al caos. Con las culpas repartidas en porcentajes sismétricos: el gobierno central, que no licitó en esta comarca las obras que tenía que licitar, y el regional, que tal baila. José Manuel Soria ha ejecutado un movimiento clásico en la política de toma y daca: ahora pincha
a sus antiguos socios en los flancos, aquí y allá, "sin que tormenta ni bonanza su rumbo a torcer alcanza". Si un extraterrestre desembarcara de improviso en la Isla creería que el PP nunca, o al menos en los últimos diez años, ha estado cogobernando la Comunidad Autónoma ni al frente del Cabildo. Claro que extraterrestres, lo que se dice extraterrestres, debe haber bastantes, pero del propio planeta bananario.

Entre tanto vuelve a aparecer el tema de la nueva prisión provincial. Muy pocos discuten su necesidad: Salto del Negro está supermasificada, hasta extremos que han hecho intervenir a Amnistía Internacional y diversas ONG, y al Defensor del Pueblo, y al Diputado del Común, mientras más de mil presos canarios cumplen condena en la Península. Una medida provisional que negocia el Delegado del Gobierno, José Segura, es utilizar la Prisión Militar de la Isleta, que en realidad nunca se ha utilizado como tal, salvo un brevísimo período. Estas instalaciones pueden descongestionar los módulos del centro penitenciario, pero son insuficientes, aunque un
alivio. La ubicación en Juan Grande ha sido de inmediato rechazada por todas las fuerzas políticas del Sur: todos los partidos se han pronunciado en contra, en un pleno extraordinario y monográfico.

Los argumentos son los clásicos, los mismos que manejó Santa Lucía o Telde. Ya soportan bastantes ´servicios generales´, como las torres eólicas, el vertedero, la central eléctrica de Endesa, y consideran colmado su cupo de solidaridad. De nada importa que los técnicos hayan estimado que hay dos o tres ubicaciones posibles, que cumplen una serie de condiciones; de nada importa mezclar peras con manzanas, como si el sur no fuera uno de los grandes demandantes eléctricos de la región, como si no fuera uno de los grandes productores de resíduos sólidos y escombros, como si no le interesara contar con molinos de viento. Eso sí: que nadie toque las ayudas, los fondos de cohesión, que a ver qué cohesión necesita uno de los municipios turísticos más ricos de Europa. Si Interior sigue transigiendo, como transigió durante el mandato del PP, el problema se emponzoñará aun más...

Claro que siempre cabe el recurso de utilizar el recinto castrense de Lomas Coloradas como embrión de un proyecto más amplio y no solamente como un instrumento complementario. Y Menores. Releyendo viejos ´Apuntes´, algunos de hace más de una década ya se refieren al desastre de la política juvenil del Gobierno regional. Se les cambia la fecha y parecen escritos estos días. El motivo era el mismo: no es un asunto que goce de estrellato político ni presupuestario, se han hecho muchos cambios a tontas y a locas, se han desmontado los medios existentes sin habilitar los recambios...

No se puede decir que haya aguantado mucho, porque el problema no ha estallado ahora; lleva estallando una década, pero poco a poco, sin erupciones violentas, sino con episodios aislados: una fuga por aquí, un motín por allá, una violación, un ´pinchamiento´, unas acusaciones de malos tratos. Y siempre la disculpa tópica, pero que no llegaba a nada. Se va a hacer, se va a hacer.... pero no se ha hecho. Lo que asombra y aturde es que haya sido posible tanta desidia, tanto relajo, sin que los altos responsables políticos hayan tomado decisiones eficaces; sin que nadie haya acabado ante el juez o al menos sometido a escarnio en la plaza
pública. Y que, cuando la situación llega a un punto de explosión, se confunda la eficacia con el misticismo, como si todos los jóvenes dependientes del Gobierno fueran iguales. No es lo mismo un chico abandonado, al que hay que ayudar a sobrevivir en la selva, a progresar en la sociedad, por la vía de la adopción o de la tutela gubernamental, que un golfo o un delincuente con medidas judiciales que debe estar encerrado y vigilado, eso
sí, respetando todos sus derechos constitucionales, sometido a reeducación, por su bien y el de la sociedad. Pero no hay que asombrarse por el uso de medidas disciplinarias. Lo que ocurre es que éstas deben estar en manos profesionales. La protesta de unos internos porque no pueden fumar o tener televisión en sus habitaciones no deja de ser un esnobismo propio de un sistema donde y suele confundirse la velocidad con el tocino.

Educación podría ir analizando, con prólogo y epílogo, las causas y efectos del fracaso escolar puntero en España. Sería un buen comienzo para empezar a tener ideas claras sobre algunos extremos.
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