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La Voz de Gran Canaria

Odiar a Mauricio

Odiar a Mauricio JOSE A. ALEMAN

Los políticos suelen decir a quienes les interrogan lo de me alegro que me haga usted esa pregunta. Yo no soy político, pero deseaba que algún lector me largara un alegato como el de ayer, tan trillado y pueril que no logra siquiera ofender para responder algo parecido.

Según este lector, odio a Mauricio hasta el extremo de la manía persecutoria. Me imagina atormentado al irme a la cama, me recomienda que vaya al psiquiatra y olvide a Mauricio, se pregunta en cuantas columnas he dejado de mencionarlo y reafirma que lo mío no es opinión, sino persecución. Agüita con Freud.

Aunque no me crea, no odio a Mauricio. El odio es incómodo y destructivo del placer de vivir. Sólo lo desprecio porque conozco su trayectoria política y el daño cruel que ha hecho a muchos. La ruindad no se odia sino que se compadece al ruin. Desde sus días de secretario general del Partido Comunista de España (PCE) y supuesto delfín de Carrillo, época en que perseguía a los nacionalistas (entre los que no figuro, conste), hasta su conversión en ariete de los grandes dineros y su alianza con ATI le he visto engañar y apuntillar no pocas carreras políticas que hoy necesitamos por el error garrafal de confiar en él. De lo que no les culpo porque Mauricio posee una inteligencia privilegiada y tremendas dotes de persuasión de las que sólo me salvó el hecho de conocerlo desde la infancia. Con lo que ni les cuento la fecha que lleva la carta. A algunos advertí del riesgo que corrían y me dijeron que estaba loco.

No me quita el sueño, bonito fuera, a estas alturas. Sólo me ocupa cuando aparece en los periódicos y por la razón elemental de que es mi trabajo. Podría entrar en su vida privada, pero ni lo he hecho ni lo haré: sólo enjuicio lo que hace públicamente y refleja la Prensa. No figura entre mis temas de conversación con los amigos. No quiero perderlos.

La cuestión es que me siento obligado, como periodista y ciudadano, a prevenir de lo que hay. Me sería mucho más cómodo y rentable (en términos de dinero, dejémonos de paños calientes) callar y ni les digo de elogiar sus cancaburradas. Pero tendría que cambiar de oficio. Podré parecerle obsesivo, pero no hay otra forma de contrarrestrar los infinitos medios del poder, de que dispone Mauricio a su antojo y entre los que figura la nómina de estómagos agradecidos con cargo a nuestros impuestos, en la que no sé si figura el lector de marras, tan preocupado por unos insignificantes folios de crítica en una Espasa de propaganda.

En el caso de Mauricio trato de transmitir una inquietud legítima. Porque es el consejero de Hacienda responsable de los mayores golpes propinados a La Caja de Gran Canaria. Fue él quien armó la gran escandalera con las mafias empresariales del Sur grancanario; entre otras acciones tan conocidas que no es precisa la exhaustividad. Cuando menos cabe pensar, con la lógica cartesiana de la Europa aceptada, que no ha mostrado la prudencia y discreción propias de quien lleva algo tan delicado como la Hacienda y la Economía canaria al golpear una y otra vez a una entidad financiera. Hasta el punto de que no pocos sospechan que Adán Martín lo hizo consejero para premiar el daño que hizo a La Caja canariona. Nunca reflejé esta mala idea y agradezco al lector la oportunidad de hacerlo.

Por otro lado, nueva inquietud, diréles que cuando se habló del chalet de Mauricio, él mismo salió a la Prensa con que no tenía idea de los precios del suelo ni de los costes de construcción y que se limitó a aceptar el favor de un amigo. ¡Quién tuviera amigos tan desinteresados! Tampoco he entrado en este asunto, por lo que aprovecho para decir que me parece feo que un cargo público acepte ese tipo de favores de un amigo que se mueve justo en el campo de sus competencias donde es protagonista muchimillonario. Sin contarles que confesara ignorar los precios del suelo y de la construcción poco antes de ser nombrado consejero. ¿Tengo que ir al psiquiatra por creer que el conocimiento del mercado es, por decir así, de obligado cumplimiento en Canarias para ocupar ese cargo? Estamos en las manos de quienes estamos por la estulticia de personas como este lector. Y eso sí que no lo arregla un psiquiatra.
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