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La Voz de Gran Canaria

Siempre encontraremos un traidor

Siempre encontraremos un traidor FRANCISCO J. CHAVANEL

Mi querido Adán: tu inquietud eleva mi precio, gracias. Ha de ser tu entorno, los lobitos/as que crías con tanto esmero, los que te envenenan contra mí. ¿Yo, conspirando contra mi sucesor?... Mírate: los desafortunados a veces traen la mala suerte contra sí mismos, y a mí me parece que te rodeas de gente que atraen el infortunio, la desgracia. Evítalos. El truco del buen poder es hacer que la gente dependa de nosotros y no su contrario. Eso fue lo que yo hice. Utilicé la generosidad y la honestidad de forma selectiva, desarmé a nuestras víctimas, en Gran Canaria incluso dijeron: "pues no parece que Hermoso sea tan chicha", pero jamás les mostré mi verdadero rostro, nunca llamé la atención a toda costa, no cometí el error de aislarme en el vacío, no aplasté totalmente a mi enemigo, y, Adán, sobre todo, no coloqué a mi familia en el Gobierno. Líbrate de sus caricias, te engañan.

Lo único cierto es que mi casa se ha convertido en un centro de peregrinación. Vienen todos y a todos los escucho. De repente, debe ser por tocarte las narices por esa fama que tienes de diletante, proclaman que he vuelto, que regreso a la política activa, que ATI saca a la calle a su Cid Campeador convenientemente resucitado. ¿Qué quieres que haga?: ¿le digo a Miguel (Zerolo) que se vaya a llorar al río, cuando tú lo maltrataste y le impediste el control directo de la Televisión Autonómica a través de Jorge Bethencourt?... ¿Es que ya no te acuerdas? ¿Cuántas cosas, de todo tipo, hemos impulsado Miguel, tú y yo? ¿Acaso no fuimos socios en determinadas empresas?... ¿Y a Jorge? ¿Cómo eres capaz de ningunearle? ¿Crees que es lo mismo que con Martín Paredes? No te entiendo: un hombre que da la cara por ti en lugares en los que tú no debes ir, y lo injurias timándole… Pero no te preocupes: no hablará; no hablará porque todavía queda sensatez en ATI. Alégrate de que vienen a mi casa y no a la de Ángel Isidro Guimerá, o a la de Juan Carlos Alemán, o a la de algún juez con síndrome garzoniano.

Pero lo peor que llevas es lo de Ricardo Melchior. Puedo oír las insidias de Pilar (Parejo). "Manolo no nos quiere; Manolo apuesta por Miguel, o por cualquier otra vía que no sea yo, o un hombre de tu confianza. Quizás quiera a Ricardo en el Gobierno, ¡lo que faltaba!". Tú disfrutas con la pinza Mauricio/Soria y su entreguismo, y te fastidia que Ricardo y Miguel hablen y te critiquen porque te pases los días en babia. A Miguel hay que fusilarlo porque es noctámbulo, juerguista, y voyeur de la buena vida, y así, con invectivas sobre su fachada te lo estás cargando ante el electorado, siendo como es el mejor cazador de votos que tenemos. Tu inquina con Ricardo es más simple; ni siquiera es tuya, tú no sabes porque lo detestas, es Pilar quien te inocula su mala sangre…, sí, Pilar, la que fue consejera de Ricardo en la anterior legislatura y que subvertía el orden establecido, ella presidente, Ricardo consejero, porque se sabía apoyada por ti desde la Vicepresidencia del Gobierno. Más o menos lo que ocurre ahora con Herrera Velázquez. La mujer consorte se siente presidenta…, en menudo lío te has metido, amigo mío.

Dime: ¿cómo has permitido que Paulino desmantelara las AIC? ¿En qué estabas ocupado mientras, para hacerte presidente a ti, aniquiló nuestra presencia en Gran Canaria y Lanzarote?... ¿Sabes quiénes también vienen a hablar conmigo? Los majoreros. Asamblea Majorera está en el callejón de salida; por muy inmobiliarios que sean no se fían de nosotros. ¿A dónde vamos con ese caminito que hemos trazado hacia la derecha carpetovetónica, ese pensamiento único donde todos han de ser como Antonio Castro, curitas y egipcios, santos pero con la mano puesta? Te recuerdo que el éxito de las AIC no residió en la homologación, sino justamente en lo contrario: en la convivencia entre heterodoxos. Fue posible cohabitar con Dimas, Ildefonso Chacón, los majoreros de Miguel Cabrera y sus chapuzas en Pájara, con Tomás Padrón, Olarte y Mauricio, todos hijos de su madre, porque le vimos las orejas al lobo de la transición, y porque hicimos del insularismo una doctrina, de modo que cada cual poseía el control de su casa mientras amamantábamos a los cabildos y a cada líder en su peñasco. Fuimos discretos y prácticos, y salvo pequeños escándalos, el mío de Maher, el de Tindaya de Lorenzo, el del Complejo Agroindustrial de Dimas, supimos resolver los problemas con generosidad, mano ancha y sin reproches. En cambio, ¿qué diriges tú?... Yo te lo diré: un gallinero.

Ese empecinamiento de Paulino, absorbido por las alucinaciones de Mauricio, de ir hacia un partido único, es una locura. Ese estatuto al que le llaman el plan Martinetxe en honor a tu apellido, plantea, entre otras cosas, la sumisión de los cabildos al Gobierno, lo que equivale a fumigarse todo el entramado que nos ha otorgado la supremacía tinerfeña sobre la región. Tú sabrás. Pero fíjate en dónde estamos. Apenas iniciados los primeros pasos patrióticos nos hemos quedado sin provincia oriental. Es para celebrarlo.

Por cierto: el recadito que me ha llegado de los tuyos es lamentable. Espero que sea un malentendido propiciado por los nervios. Que me venga a insinuar ahora que mis negocios privados corren peligro, que si en Granadilla puede desvelarse no sé qué, si tengo o dejo de tener parcelas en primera fila del supuesto puerto, esa mención babosa y asqueante sobre la ruptura de las leyes de la omertá, es denigrante para quien la usa. Menos intimidar y aterrorizar, amigo mío, dales de comer a tus cachorros, mantenlos ocupados como perfectos cortesanos, cuidadito con golpear al pastor para que se dispersen las ovejas… No te contaré a ti lo que he sufrido, conoces de sobra mis dramas personales igual que yo sé los tuyos…, después de eso, después de haber tenido a lo que más quiero en el mundo al borde de la muerte ya no me importa nada distinto a levantarme cada mañana y seguir respirando. No comprendas estas últimas palabras como un gesto de debilidad, te equivocarías. Aclárate: no regreso, Hermoso no vuelve, yo sólo soy un fantasma, alguien que existió alguna vez, una tibia reencarnación de un espíritu que tú, y el bosque en el que te enredas, están llevando al suicidio.

Consíderalo: en los últimos treinta años hemos sobrevivido gracias al odio a Gran Canaria y a que siempre hemos encontrado un traidor allí. Desde Las Cañadas hasta hoy la lista de desleales a esa isla es innumerable. Yo creo que son así porque viven con sentimiento de culpa desde la división provincial. Se sienten superiores y nos desprecian. Al traicionarse entre ellos nos conceden ciertas ventajas, pero es como si supieran que aunque les alcancemos ellos llegarán, pase lo que pase, antes a la meta. Yo fui presidente gracias a una traición y a Lorenzo Olarte. Tú gracias a Mauricio. En estos días observo embobado cómo intentan adiestrar en esa noble práctica a José Manuel Soria. Y la verdad es que promete, puede ser un excelentísimo traidor… Pero en el fondo, Adán, esas victorias son pírricas. Cada vez que captamos a uno de sus líderes los canariones dejan de fiarse de él y buscan a otro, y al final todo es volver a empezar hasta buscar al nuevo apóstata. Hazme caso: no hay región posible, sólo fragmentación, islas, y caudillismo; somos regiones desde nuestras diferencias, integrarnos supondrá una rebelión. Tú la provocarás con tus inhibiciones.

En apariencia estamos mejor que nunca. Pero contigo en el Gobierno hasta los triunfos se asemejan a una jornada de luto. Das tal sensación de duda que ya no sabemos si invadimos o si somos nosotros los invadidos. Por lo demás, déjame tranquilo. Yo no soy nadie. No quiero serlo. No lo seré. Ojalá que tu diletantismo no acabe entregándole el poder a una fuerza centralista.

Firmado: Manuel Hermoso
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