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La Voz de Gran Canaria

Por una nueva clase política

Por una nueva clase política JOSÉ A. ALEMÁN

No comentaré la sentencia de la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial para la que este periódico, Carlos Sosa y yo mismo no le hemos faltado a José Miguel Suárez Gil, presidente de la Cámara de Comercio. Aunque, lo reconozco en mi caso, no fuera por falta de ganas.

El fallo es explícito y no precisa comentario alguno. Pero si he de hacerlo, subrayaría la sensibilidad de la sala, de la que careció el juez de Primera Instancia, al remitirse al contexto del conflicto empresarial y político de los artículos que tanto ofendieron a Suárez Gil, quien cuantificó su honor en 30.000 euros. Pero, ya digo, no comentaré la sentencia porque, al fin y al cabo, Suárez Gil ocupa un segundo plano en el tinglado político-empresarial que nos aflige, donde se apaga su estrellita, y no hay que preocuparse por medios días habiendo días enteros.

El episodio y el personaje deben englobarse en la preocupante situación general que afecta también a las administraciones insulares y municipales. Sin ir más lejos, los periódicos de ayer daban cuenta de la que anda medio armada en Firgas alrededor de su alcalde, Santiago Arencibia; de la denuncia al Ayuntamiento de Santa Brígida ante el Tribunal de Cuentas por irregularidades y de que siguen coleando en Gáldar las cuadrículas mineras con su trasfondo de uso de información privilegiada. Eso, insisto, sólo en los periódicos de ayer, que también informan de un nuevo incidente entre concejales teldenses que no por tratarse de cuestión de protocolo deja de reflejar tensiones que tienen que ver menos con simples desacuerdos políticos que con la forma de gestionar el suelo. No ganamos para escandaleras. No podría decirles el alcance de la infección que casi siempre se genera alrededor del suelo y las expectativas de especulación.

Pero hoy no quisiera ir por ahí sino admitir que no es justo meter a todos los políticos en el talego. Los hay que trabajan bien para sus convecinos y en aquello en lo que creen. Abusamos, los periodistas, es verdad, de la generalización; pero puedo asegurarles que la gente tiene criterio para discernir y diferencia entre las cúpulas y sus cortesanos y los que están tan a pie de obra que no los invitan a suites de lujo ni a viajar a todo trapo. Como mucho les cae algún caldito de pescado.

Por fortuna, algo se mueve. Se mueve, por ejemplo, el alcalde de Agüimes, Antonio Morales, que lleva camino de convertirse en referente de la decencia política. La firmeza con que se enfrentó a los manejos y modos caciquiles de José Manuel Soria en el Polígono de Arinaga resulta alentadora. Hace unos días, Morales publicó un artículo que es una clara y reconfortante toma de postura política y ética ante los irritantes y deprimentes tejemanejes de la vida pública en las Islas y las actitudes a adoptar frente a ellos.

Con frecuencia se nos acusa de no ver sino lo negativo. Podríamos replicar que es tan tremendo el acoso que apenas tenemos tiempo de ejercer algo parecido a la legítima defensa contra esta gente y sus maquinaciones. No damos abasto, qué quieren. Hoy, por ejemplo, pensaba escribirles sobre lo dicho por Luis Soria, consejero de Industria, acerca de las prospecciones petrolíferas cerca de Canarias. Para él, la existencia de petróleo sería la panacea de la dependencia energética exterior de Canarias. Lo que me pone, de nuevo, en la tesitura de no saber si pretende tomarnos el pelo o si sólo ocurre que él es así. De ser él así, sería el único que se cree la milonga de que, de haber petróleo, se rebajará la factura energética de las Islas. Para empezar, no se le reconoce al Gobierno canario capacidad de decisión respecto a las prospecciones, con lo que ya me contarán lo que vendrá después. Como siempre, el planteamiento torcido de la cuestión con el dibujo de una perspectiva halagüeña y falsa –el llenado de los depósitos por cuatro perras- sin entrar en si son o no irreconciliables la extracción y la actividad turística y la conservación del medio natural.

El tema se las trae. Sin embargo, para que no me acusen de oponerme a que Canarias sea una potencia petrolífera, opté por echarle un cuarto a la esperanza menos negra de una nueva clase política que tenga en la cabeza algo más que sus cuentas corrientes. Aunque no sean tan corrientes como las del común de los mortales, que cada vez llegamos peor a fin de mes.
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