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La Voz de Gran Canaria

De cementerios y monumentos

De cementerios y monumentos JUAN ANTONIO MARTINEZ DE LA FE

Pese a los años que uno acumula, la lectura de la prensa no deja de sorprendernos. En el rincón menos esperado, en el suelto minúsculo de cualquier página, aparece la noticia que llama la atención.

Uno, ingenuamente, pensaba que los tiempos en que se sometían a votación cuestiones que nada tienen que ver con ella habian pasado a la historia. Don Agustin Millares Carlo contaba, acompañado de la correspondiente carcajada, la anécdota de unos intelectuales votando si Dios existia o no. Y más cerca de nuestra época sucedió aquella no menos famosa votación de un consistorio sobre si Colón había estado o no en Gran Canaria, con independencia de los datos objetivos y documentales que se pudieran aportar. Dios no existe y Colón no estuvo en Gran Canaria por decisión mayoritaria. ¡lncreible!

Nos encontramos ahora en una situación que nos recuerda en gran medida estas sonadas votaciones. Resulta que un ayuntamiento, por votación de su mayoria absoluta, decide que el cementerio de la localidad no reúne los requisitos para ser declarado bien de interés cultural. Rango que le proporcionaria una beneficiosa protección. No dispone uno de más datos que los que recoge la noticia. Pero. tal y como está redactada, se desprende que no vale de nada el que exista una Universidad, con profesionales cualificados, que puedan emitir un dictamen sobre si el tal cementerio merece o no ser declarado bien de interés cultural. No señor: eso se decide por votación.

Schiller tenia mucha razón cuando afirmaba que los votos se deben pesar, no contar. Al menos en este caso. Para más inri, alegan los ediles de la mayoría gobernante que el camposanto de la localidad no reúne los requisitos que pide la ley canaria de patrimonio histórico para ser declarado BIC en la categoría de monumento, pues, según se recoge en la información periodística, “no posee valor arquitectónico, ni artístico o arqueológico”. Olvidan que. aparte de tales aspectos (ojo: el arqueológico no está en el texto referido a monumentos), figura, en último lugar, si, pero como elemento a tener en cuenta, el valor social, que pudiera, tal vez. haber pesado a la hora de llevar a cabo tan votada decisión.

No es cuestión aquí y ahora de entrar en si realmente el cementerio reúne o no los requisitos de un monumento a conservar; especialistas son quienes han de determinarlo. La cuestión se sitúa en si la opción corresponde a una decisión política sin que ésta se encuentre sustentada y avalada por el dictamen de personas cualificadas. Un monumento no lo es ni deja de serlo por una votación mayoritaria. Como ocurre con la existencia de Dios o la presencia de Cristóbal Colón en Gran Canaria, no son temas que dependan del mayor o menor número de votos. No sé por qué. pero este asunto me trajo a la memoria lo que dijera Fernando Chueca: “En España, cuando no hay dinero. los monumentos se hunden solos. Cuando lo hay, es peor, los estropeamos nosotros”.
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