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La Voz de Gran Canaria

Ciudad e isla "beautiful"

Ciudad e isla "beautiful" ANDRÉS RUIZ DELGADO

Por lo que se deduce, es necesario llegar de afuera para apreciar en todo su sentido los atractivos de nuestra ciudad y de la Isla. El adjetivo más al uso de los masivos visitantes del Queen Mary 2 y de otros cruceros turísticos que cada vez recalan con mayor frecuencia en el puerto de La Luz, se concreta en "Beautiful" (precioso). Quedan maravillados de los encantos de esta urbe atlántica y de Gran Canaria en su conjunto. No sólo por sus paisajes. También por la noble y efusiva acogida de nuestro pueblo. Esto no es pronunciado al azar, o como simple cumplido. Muchas de esas personas extranjeras, de elevado poder adquisitivo, se sienten verdaderamente prendados. Y prometen volver. Lo dicen de corazón, un cachito del cual dejan entre nosotros, conforme aseveran sus expresiones y exultante satisfacción.

Quienes hablan el castellano, ese idioma universal, para nuestro orgullo, que se extiende por los continentes y en especial por el americano, lo reflejan de modo clarísimo: "La Isla me enloqueció y pienso volver". Esta frase, que recogemos de la puntual crónica informativa de LA PROVINCIA / DLP, fue pronunciada por una pasajera de nacionalidad mejicana que, con su marido, celebraba con este especial viaje su trigésimo aniversario de boda. Y añadía: "La gente es muy amable. Tienen las mejores playas del mundo. Maspalomas es precioso y eso que yo conozco todos los mares del sur. Es delicioso observar la armonía del paisaje, tan ordenado de palmas [palmeras] y ficus". Dos jóvenes, así mismo nacidas en México lindo, se mostraban encantadas con la estampa histórica de Vegueta, una preciada joya de nuestro acervo que haríamos bien en conservar y preservar con máxima diligencia, cuando el "urbanicidio" prospera en una época de especulación desenfrenada. ¿Acaso son nuevos estos testimonios encomiásticos sobre nuestra ciudad y la Isla? Ya los primeros cronistas llegados fueron perceptores de sus excepcionales condiciones y de ello dieron cuenta en sus narraciones históricas. Era como si se hubiesen encontrado con un paraíso, las Hespérides, la imaginada Atlántica, los Campos Elíseos -"morada de bienaventurados"- que evocaran filósofos y poetas de la antigüedad, desde Plinio a Platón, Homero, Plutarco, Horacio, Plauto, Hesíodo, etc., etc., "con lluvias suaves, vientos benignos, suelo feraz, atmósfera tranquila".

Y tan amigo suyo estimó el Cielo,
Que de su voluntad, no cultivadas
Las tierras, entendió dar nobles frutos,
Y las incultas vides sus tributos
.

(cita de Cairasco de Figueroa, según se ha verificado, traducida de versos de Torquato Tasso).

En cambio, esos encantos de que se percatan quienes, ahora o en el pasado, pisaron nuestra Isla, otros, en el propio entorno, los truecan por muecas o denostaciones. No sabemos apreciar objetivamente lo que tenemos de auténtico valor. Estamos en posesión de un espíritu de carácter negativo, como si preponderaran las fealdades o estropicios por los cuatros costados. Es evidente que se han perdido huellas, vivas y generosas naturalezas. Es el tributo a un desordenado desarrollo, cuando las edificaciones masificadas se han extendido comiéndose partes sensibles de nuestro territorio. Sin embargo, al unísono, han surgido establecimientos de reconocida rentabilidad donde antes sólo había eriales. Gracias a ello -hay que reconocerlo- ha sido posible la expansión y el fortalecimiento socioeconómico de la Ciudad y de la Isla, en beneficio de sus poblaciones y actividades. Un bien material, cierto. Pero sin el cual nunca se habría alcanzado el nivel de vida y presencia internacional de que hoy disfrutamos. Son las dos caras de la moneda.

"Beautiful", exclaman, admirados, quienes vienen de afuera. Eso significa que, a pesar de todo, seguimos conservando al menos preciosos lugares de aquellos supuestos paraísos, que Ptolomeo situaba como la región más occidental del mundo conocido. Tenemos esta gran urbe atlántica, con ansias de constante progreso y concepto de universalidad. Poseemos una isla auténtico continente en miniatura, por la diversidad en su reducido perímetro. Única, con dicha específica fisonomía, dentro del Archipiélago. No le volvamos la espalda. Ofrezcamos a quienes nos tienen por tierras predilectas la mejor acogida y la más esmerada imagen. Sin permitir nunca - tampoco frenos al progreso- que las mixtifiquen de tal manera que de paraíso o Afortunadas sólo lleguen a quedarnos las azules aguas de este mar ("el gran amigo de nuestros sueños", según entonara Tomás Morales), que deja blancas estelas en su regazo, con el acariciador arrullo de su oleaje. Que en ocasiones se vuelve bravío, como para despertarnos de abstraídas dormideras.

Esforcémonos en mejorarlas, dotándolas de las más atractivas condiciones posibles en todos los aspectos. Incluso en el campo del saber y la cultura, que tienen acreditas raíces entre nosotros desde eminentes periplos antecesores, a pesar del aislamiento geográfico. Hoy, en esto, ya no estamos confinados. Disponemos de una Universidad en pleno auge, a la que encuentran acceso generaciones de estudiosos y que, a su vez, se proyecta permanentemente hacia los estamentos sociales. Base sólida para creciente prosperidad, hoy y en el futuro. De ella brotarán, sin duda, fructíferas mieses. Y entonces, como en el verso de Amaranto Martínez de Escobar, aquestas tierras nos parecerán más hermosas y radiantes. Para que así el "beautiful" nos siga alegrando el oído y haga que tintineen, de gozo, los corazones.
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