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La Voz de Gran Canaria

La locomotora tinerfeña

La locomotora tinerfeña

FRANCISCO J. CHAVANEL

La Caja de Tenerife tiene previsto ganar en 2006 unos 90 millones de euros netos, casi 18 más que en el ejercicio anterior. El dato lo propaga Rodolfo Núñez, presidente de la entidad, el cual, en el programa de radio que dirijo, dejó manifiestamente claras las enormes diferencias que existen entre las dos cajas canarias. Mientras la grancanaria superará a duras penas los 36 millones de ganancias, confirmando una muy leve recuperación y al mismo tiempo una incapacidad competitiva preocupante, es evidente que las diferencias entre ambas se agigantan a cada nuevo periodo, y que es esa misma desproporción lo que impulsa al poder político tinerfeño a abandonar su vieja idea de fusionarlas. ¿Para qué?.

Hace siete años los datos arrojaban números justamente al revés. La Caja grancanaria era la más rentable de España, y la tinerfeña se hundía en los últimos puestos del ránking. Por entonces la fusión beneficiaba a la rémora bancaria de la isla picuda, que esperaba aprovecharse del impulso ajeno, modos y maneras bastante familiares por estos lares. Sin embargo ahora la rémora es la local, permanentemente intervenida por el Banco de España, y dirigida por dos comunistas ortodoxos, Antonio Marrero y Juan Manuel García Falcón, puede que estupendos asesores financieros de Hugo Chávez, Evo Morales y Fidel Castro, y pacatos y con cerebro de mesa de noche para el escenario de economía liberal en el que nos movemos.

Esa distancia, unos 9.000 millones anuales de las antiguas pesetas, es abrumadora. Extrapolando esos números a diez años vista, la Caja tinerfeña, con un consejo de administración influido (como todos) por la voluntad política preponderante, concede al empresario chicha una ventaja crediticia por encima de los 600 millones de euros, con los que podrían comprar si quieren la isla de Gran Canaria, que es de hecho lo que empiezan a realizar, pues ahí están las primeras penetraciones de sociedades tinerfeñas en Gran Canaria.

Si además consideramos que la Caja grancanaria es un muerto, donde todo lo que se decide depende de Madrid, debido a los caprichitos que se dieron los personajes impuestos por Mauricio, autores de concesiones de créditos multimillonarios a amigos y simpatizantes políticos, contemplamos a su homónima tinerfeña libre como un pájaro, en manos de profesionales que saben muy bien cómo efectuar su trabajo, ganando mercado en el Archipiélago a cada día que pasa –incluso financiando equipos deportivos locales-, sosteniendo con créditos blandos la política ática de convertir a Tenerife en la única isla de referencia, y a Santa Cruz en la capital indiscutible.

No es un dato definitivo pero nos aproxima a una realidad que muchos se niegan a ver. Gran Canaria ya casi es un actor secundario, y los principales responsables de la situación son la horda de representantes públicos que nos ha tocado en la última década. Lo peor es que la mayoría de ellos espera seguir pactando con ATI para sobrevivir.

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