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La Voz de Gran Canaria

El ocaso de Soria

El ocaso de Soria El presidente del Gobierno de Canarias, el tinerfeño y tinerfeñista Adán Martín, adoptó este sábado una de las decisiones más cantadas del último año, la ruptura del pacto con el Partido Popular y, por tanto, la destitución de los tres consejeros que esa formación mantenía en el Ejecutivo. Es una ruptura que trae dos sellos de fábrica: el resultado electoral del 14 de marzo de 2004 y el proyecto de urbanización del istmo de Santa Catalina, en Las Palmas de Gran Canaria.

La crisis del pacto de Gobierno en Canarias tiene un nombre propio, si de encontrar víctimas se tratara: José Manuel Soria. El líder del Partido Popular isleño se ha ganado a pulso la expulsión de su partido del pacto de Gobierno, lo ha colocado en una situación de complicada crisis interna y ha dibujado la trayectoria que ya sigue su propio final como político de éxito que fue.

El triunfo de los socialistas en marzo de 2004 colocaba al PP en una situación de debilidad ante su socio, Coalición Canaria, que también ha vivido en este año su particular calvario interno. Soria aguantó el temporal del batacazo electoral como pudo los primeros meses, pero su particular manera de interpretar en clave canaria las instrucciones de la sede nacional de su partido de demonizar a Rodríguez Zapatero, se le ha vuelto en contra.

Es inadmisible e incompatible con la necesaria coordinación institucional, la actitud de enfrentamiento permanente de uno de los socios del Gobierno de Canarias con el Gobierno de la Nación. De nada han servido las continuas advertencias del presidente Martín porque cuando Soria se lanza al galope es imparable.

Pero fue la operación del istmo, la acción que más bochorno local, nacional e internacional ha supuesto para Canarias en mucho tiempo, la que marcó el declinar definitivo del pacto. José Manuel Soria y la alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria, Pepa Luzardo, fiaron todo su crédito político a esta operación, declarada ilegal por las instancias europea y española, y tensaron tanto la cuerda que, al romperse, les ha dejado del lado del trozo más pequeño.

La quiebra de la relación entre Soria y el consejero Mauricio -con el que pactó acuerdos que el propio líder conservador ya relata dentro de su plan de venganza- también ha resultado definitiva en esta crisis política.

Adán Martín gobernará ahora en solitario con los apoyos del PSC, que tendrá unos meses para evaluar el impacto electoral que le supondría entrar en el Ejecutivo. CC inaugura, desde este sábado, un nuevo capítulo dentro de su atolondrado periodo de sucesivas crisis sin cerrar. El PP inicia la marcha hacia los fríos bancos de la oposición, en expresión muy socorrida de Soria, lo que le va a acarrear a su líder muchos problemas internos. Que casi un centenar de personas, entre cargos públicos, asesores y asimilados vayan al paro es una bomba de relojería en el seno de una formación que creía que su presidente no llevaría a tales extremos su pecado de soberbia.

Soria inicia su ocaso político, y lo hará haciéndose fuerte en Gran Canaria, desde donde defenderá un discurso cada vez más radical y cada vez más interesadamente insularista. Su crédito se acaba, pero no parece haberse dado cuenta.
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