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La Voz de Gran Canaria

Qué tropa

Qué tropa FRANCISCO J. CHAVANEL

Tras un largo carrusel de entremeses la amputación de Ican es un hecho. Dice Paulino Rivero que la gente se llevará una grata sorpresa con María del Mar Julios. Que no se la esperan. Que Julios es un océano de lujuria política acumulada y que, con sus encantamientos, logrará atraer a lobos universitarios y a empresarios machitos de la pandilla. Vale.

El ceremonial en el que se formalizó la gestora fue el de siempre. Invitados apesebrados que llegaron en manadas: manadas de pingüinos con chaqués y manadas de cacatúas policromas, porque el pesebre va a las bodas, o a los entierros, como si se tratara de un carnaval, ansioso por dar el golpe definitivo al menos una vez, antes de que lo metan en la tumba.

El ejército que le presenta Mauricio a Gran Canaria es de aúpa. Aparte de los suyos, los tres o cuatro que le han acompañado en todas sus indesmayables evoluciones (traducir evoluciones por deslealtades, a conveniencia), Fernando González, Diego León, Aurelio Ayala, Gonzalo Angulo, y la recién fichada Victoria González (esposa de su hermano Antonio Manuel Mauricio), todos los demás merecen el premio al desaliento.

La propia Julios, como el ex alcalde de Arucas Froilán Rodríguez, estuvieron con Román Rodríguez, fueron sus amigos, y le prometieron el flujo salado de una ilusión inconcretable. Rosario Chesa procede del Partido de Gran Canaria de Onelio Ramos y está ahí porque antes el PP no la aceptó. Rafael Medina Jaber, José María García Quer y Adrián Mendoza, son secretarios de confianza de Julio Bonis y Luis Hernández, dos que merecen capítulo aparte. Beatriz Calzada entra en el bombo de la mano de Bravo de Laguna, desde los tiempos de la arribada jinetera de Soria y de cuando Mauricio era El conseguidor. Mónica Santana se traslada desde IGC. José Perdomo Negrín desde Ingenio, ayuntamiento en el que dio de comer al hambriento, razón por la que Carmelo Ramírez lo metió en los tribunales por manirroto. José Castellano aterriza desde el movimiento vecinal. Y Arcadio Domínguez, Eusebio Batista y Paula Monzón, son testigos directos de la decapitación a Olarte, maquinada por Bonis y Hernández para entregar la presidencia del Ejecutivo a Mauricio/Adán Martín en 1999. Ya saben lo ocurrido: carta bomba de Olarte y Román que emerge de la chistera.

Son todos, desde el primero hasta el último, una colección fatal de traidores. Ninguno ha sido coherente con las ideas con las que iniciaron su travesía política, y todos, a excepción de una leve minoría, viven del erario público. Los ubicó allí quien los captó, ese espectáculo entre Diana Cazadora, Manolete, David de Donatello, y el Papa Borgia, que es nuestro consejero de Economía y Hacienda. En esos nombres reside toda la fuerza última del mauricismo de los años postreros. Ninguno de ellos posee el valor del prestigio, ninguno aporta credibilidad, competencia profesional, currículum de esperanza. Todos, de modo venial o mortal, engañaron a sus líderes, se vendieron con ese sentimentalismo latino en el que parece que la culpa siempre es del otro. Ésa es la gestora que va a limpiar el maldito nombre de Ican, la que va a devolverle en 2007 el control de la Región a ATI, según promesa cervantina de Mauricio.

¿Y qué añadir sobre Julio Bonis y Luis Hernández? Sobre todo del primero. El intermediario de la operación ha sido Froilán. No le ha costado mucho al médico para convencerles de que Román será perseguido mientras viva, y que ese acoso les afecta a ellos y a sus cosas. No tuvieron elección. Entre la Ican de Ramírez, que siempre los vio como un ente extraño a ellos, y la tranquilidad de portar una imitación a la vieja brillantina del poder, eligieron lo último. Román casi se muere. La vida es cabrona, amigo. Cuando permites que otros te hagan las estrategias, te hagan creer que serás presidente, contabilicen como tuyas alianzas imposibles, cuando no cedes un milímetro y el precipicio asoma a la vuelta, cuando se llega de cualquier manera, por una jugada del destino, a las alturas de la gloria y no se le concede importancia debida a un hecho sobrenatural, llega ese justo momento en el que suena la orquesta y ya nada de lo que digas merece atención.

El día en que Rodríguez no aceptó la consejería de Economía y Hacienda, temblé. Supe que un ejército de saqueadores se quedaba con todo y que no habría alma humana capaz de detenerlos. Ni prensa de papel, ni empresarios de primer nivel, ni luciérnagas de la ambición, soportaron la primera embestida. Ahí los vemos ofreciéndose cómplices a Mauricio, sargento de la plantación, cuyos servicios, obvio, han sido contratados por ATI, pobrecito al fin, consumiendo sus últimas ensoñaciones en el púlpito de la intocabilidad, traicionando a todos, a los amigos que ya no quedan por estafar, traicionando los intereses primarios de su isla y de un sentido solidario de la Región, pues, oh mezquina existencia, toda su mercadería desaparecería en el exilio si no fuera el felino enfermo que es.

La nulidad de la tropa, la evidencia de que es un ejército invalidado para obtener votos, justifica lo que toda Gran Canaria sabe: la consolidación de la abducción de Soria por Coalición Canaria.
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