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La Voz de Gran Canaria

Estatuto o cáscara

Estatuto o cáscara ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA

El ´Comité de Sabios´ que ha elaborado el borrador de la reforma del Estatuto de Autonomía ha hecho, en verdad, una gran labor. A falta de los retoques que con toda seguridad introducirán las distintas fuerzas políticas, producto tanto de adiciones como de las características de un texto articulado, Canarias confirmaría, si el proyecto es finalmente aprobado, un autogobierno tal que podría rozar incluso, para algunos expertos, los límites constitucionales. Al ser apoyado, sin embargo, por el Partido Popular y por el PSOE, que sólo pone reparos a lo que considera algún exceso concreto, no se prevén serios recortes en su tramitación ni obstáculos insuperables en las Cortes. El Archipiélago tendría competencias en materias hasta ahora exclusivas del Estado, produciéndose un gran salto adelante con respecto al actual modelo autonómico, lo que daría paso a una nueva realidad política, propia de los países federales más descentralizados, y en ciertos aspectos, más profunda y asimétrica.

Pero el Estatuto quedará cojo si no se aprende de la historia y se acomete, en serio y con visión de futuro, la elaboración de un mecanismo electoral más representativo y acorde con los objetivos estatutarios. El actual, que fue quizás imprescindible en su momento, ha dejado de ser una solución para convertirse en un problema regional, aunque los insularismos nieguen la mayor y sigan, erre que erre, ciegos ante las evidencias. ¿Cómo es posible, entre otros misterios macaronésicos, que un Parlamento regional a estas alturas siga sin tener una circunscripción regional, complementaria y no excluyente? Los toques de atención se suceden cada vez con más frecuencia. Los escollos para la convivencia están ahí para el que quiera verlos. Se ha llegado a un punto en que la confianza ha desaparecido. A pesar de las buenas palabras
de los miembros del Gobierno, que simplemente se limitan a defender su permanencia, agarrados patéticamente a una roca en medio de un temporal con vientos huracanados y mar arbolada, la realidad es que sucesivos escándalos anclados en el ´pleito´ sacuden hasta los cimientos a la sociedad isleña. A su vez, el desmedido peso de las islas menores, la ausencia de mayorías homogéneas, el empate continuo que da lugar a grupos de fuerza contra natura... ha provocado una parálisis que está degenerando en frustración ciudadana. Ese ambiente ni lo oculta ni lo cambia la reivindicación de más madera. El trabajo de los expertos, y las declaraciones de los políticos, no han conseguido ganarse un hueco en las primeras
como sucedería en una situación de normalidad. La gente, ´pasa´.

Un asunto de tanta trascendencia objetiva no ha suscitado polémica apreciable, más allá de la anécdota de la policía autonómica, algo que tampoco ha calado socialmente. Sorprende ver la pasión con la que los nacionalistas defienden su creación, ante una indiferencia generalizada que cuando se torna en crítica suele adquirir las maneras de la burla y la gracieta. No porque se considere que no hace falta aumentar la seguridad, sino porque no se entiende que para eso sea preciso crear un nuevo cuerpo, cuando las locales podrían adaptarse a las características del Archipiélago sin los costes adicionales de un invento para la autoestima. Etc. Además, durante la entusiasta colaboración de CC con el PP el aumento de Policías y Guardia Civiles - cuya escasez se usa como argumento - no solo fue cero sino que hubo un descenso de casi veinte mil agentes. De aquellos polvos presupuestarios vinieron estos lodos delictivos ante los que tanto aspavientos
hacen los portavoces nacionalistas, que parecen caídos de una higuera.

Y ni siquiera esta cuestión consigue sacudir el sopor con que se observa el proceso ´federalizante´, aunque es probable que al final se logre caldear el ambiente por la ´ruptura´ entre el PSC/PSOE y CC: los socialistas se han convencido de que Adán Martín y Paulino Rivero los estaban entreteniendo y neutralizando con una posible crisis que les llevaría a compartir la tarta y han decidido hacer oposición como Dios manda. La primera confrontación seria es, precisamente, la acusación de que ciertas facetas de la actualización desbordan el marco constitucional. El tema no es menor en la estela del Plan Ibarretxe, y dará que hablar.

Pero en lo que toca a la sensación de pasotismo, no hay que buscar explicaciones esotéricas ni acudir al manido argumento
de que la democracia al final es un aburrimiento. En Canarias lo que está ocurriendo es que el Gobierno se ha separado de
la realidad y trabaja en otra longitud de onda. Por eso se ha perdido el interés ciudadano ante lo que no es fundamental y
prioritario, y por eso muchos conflictos se enquistan. Excelentes condiciones para que en algún momento pueda producirse un ´tsunami´.

Para los electores de Gran Canaria, por encima de ideologías, es obvio que los frecuentes comportamientos de desconsideración, rapiña y egoísmo son consecuencia de un sistema electoral que constituye una bomba de relojería adosada al armazón de la Autonomía. De una ´nacionalidad´ que lleva camino de ser sólo fachada.
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