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La Voz de Gran Canaria

Bueno, ¿y qué?

Bueno, ¿y qué? JOSÉ A. ALEMÁN

Traté de comentarle a un amigo que al invento de CC le quedan pocos telediarios a la mayor gloria de ATI y que están los nacionaleros en fase de devolverse las cartas y el rosario. No me dejó seguir. Íbamos por la calle y el hombre se detuvo sobre la acera, me encaró y dijo “bueno, ¿y qué?” encogiéndose de hombros. Acababa de hacer el mejor de los análisis políticos posibles. A mí no se me había ocurrido tan prodigiosa concisión porque los escribidores hemos de llenar un espacio, lo que requiere mayor número de palabras y oraciones y retorcer asuntos que, en realidad, sólo interesan a los directamente implicados.

La raíz del problema de CC, que no se plantea sólo en Gran Canaria, es el modo en que ATI ha instrumentalizado la coalición de intereses nacionalera con la que controla el Gobierno canario. Pero ocurre que tal dominio no hubiera sido posible sin la complicidad, el apoyo y la contrastada estupidez de quienes ahora se rebelan: los mismos que abominaban de quienes advertíamos de que ojito con ATI desde los tiempos en que José Miguel González, entonces consejero de Hacienda, comenzara a desmantelar la Consejería de Hacienda en Gran Canaria. Le salió bien y la estrategia de concentrar lo sustancial del poder administrativo en Santa Cruz de Tenerife continuó. Denunciarla suponía el anatema de pleitistas insolidarios por parte de quienes hoy nos censuran, qué cosas, que no planteemos batalla a toro pasado. Nunca quisieron admitir que el problema no era Tenerife sino un sector de acaparadores del poder político y económico nucleado por el pequeño grupo que manda en ATI conchabado con quienes en otras islas, como Gran Canaria, vieron la posibilidad de medrar asociados con los áticos accediendo a sus “obsesiones capitalinas”, expresión ésta que he oído más de una vez. Los actuales rebeldes estaban en eso, insisto.

El punto culminante del conchabo fue el reparto del territorio y de sus áreas de negocio anterior a las elecciones del 14-M, con el tándem Mauricio-Soria de pata grancanaria. En los momentos previos a las elecciones del 14-M, el proceso de apoderamiento del poder por la minoría oligárquica y su corte de especuladores con epicentro en ATI parecía culminado. Se daba por descontado el triunfo de Rajoy y pudo Mauricio desembarazarse de la cúpula insular grancanaria de CC que durante años le hizo la ola. Sus compañeros le estorbaban para su puesta en pie de las nada famélicas legiones del capitalismo salvaje y el respaldo de Madrid al pacto CC-PP y su entendimiento con Soria le parecieron suficientes para aplastar a los incordios, ya fueran políticos, ya simples periodistas. Pero la victoria del PSOE dejó en veremos buena parte de sus planes. Algunos perdieron el miedo y surgieron dificultades para avanzar en terrenos por los que se proponían ir de paseo militar. Lo que no implica descartar que pueda rehacer el tinglado mediante acuerdos con los psocialistas, que han de hacer todavía mucho para que nos fiemos.

El crédito de Mauricio (el político, del otro no sé) es escaso. Y no lo es menos el de sus rivales de CC, los rebeldes que pretenden redimirnos cuando el mal al que ellos contribuyeron está hecho. Además, se nota demasiado que les mueve menos nuestra felicidad que la de ellos, cifrada en no perder totalmente el machito. Una buena ilustración es la polaridad en la batalla de La Caja grancanaria. Por un lado Mauricio y sus huestes empresariales, en las que forman conocidos depredadores; y por el otro Carmelo Ramírez, su ex monaguillo. No nos sirve ninguno. No hay alternativa y se llevará el gato al agua el que disponga de más medios de persuasión, por emplear un eufemismo. Es decir, los económicamente poderosos. Soria se decantará por Mauricio, de acuerdo con lo que queda del guión modificado el 14-M. Salvo que la disminución de su poder lo impulse a hacerse él, directamente, con la entidad.

Quienes toleraron que se torciera el proceso de construcción autonómica para llegar a esta cosa, los hoy rebeldes de CC, no pueden venirnos con pachangas. Si se fijan, nada ofrecen fuera del restablecimiento de un equilibrio que nunca hubo, entre otras cosas porque ellos lo impidieron. Cualquier salida a lo de CC, su quiebra incluida, se despacha, en definitiva con el “bueno, ¿y qué?” del que arranca este comentario. Lo demás es palabrerío de escribidor que ruego me dispensen.
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