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La Voz de Gran Canaria

El primer mamotreto de Las Palmas de Gran Canaria

El primer mamotreto de Las Palmas de Gran Canaria Probablemente el scalextric, en sus primeros tiempos llamado "el puente", fue el primer mamotreto de la ciudad moderna que por aquel 1974 empezaba a ser Las Palmas de Gran Canaria, pero entonces a nadie le importó. Poco tiempo antes, algo más de un cuatrienio, el Ayuntamiento había iniciado el entubamiento del Guiniguada y su posterior cubrimiento para convertir la desembocadura del más célebre barranco de la capital en la autovía que conectase el acceso centro de la Isla con la ciudad.

Pero entonces a nadie se le ocurrió decir una palabra más alta que la otra porque de lo que se trataba era de solucionar los graves problemas de tráfico en la zona, nada menos que un cruce de tres carreteras que tenía que regular un guardia con gorro tipo salacot subido a una tarima y generalmente inmerso en un ataque de nervios. Cuentan que algún guindilla de esos de antes llegó a tal estado de tensión que decidió bajarse de aquella especie de escupidera al revés y dejar a los automovilistas procedentes del sur, del norte y del centro metidos en el monumental atasco que se formaba en el entorno de la plaza de Las Palmas y los mercadillos un día sí, y otro también.

Tras la construcción del scalextric los conductores fueron más felices, pero también se perdió la oportunidad, hasta ahora irrecuperable, de que el Guiniguada experimentase una remodelación que resaltase sus virtudes paisajísticas o se resolviese la trama urbana manteniendo el característico puente de Piedra y resaltando el teatro Pérez Galdós como pieza central del entorno. Pero hace treinta años nada de eso importaba y sí seguir adelante con la segunda circunvalación de la ciudad (la primera había sido el paseo de Chil), iniciada con la Ciudad del Mar, entre San Telmo y Torre Las Palmas, y con la avenida marítima del sur, desde Vegueta a San Cristóbal. Lo peor de aquel primer mamotreto no fue sólo su enorme presencia física en sí misma, sino que no sirvió para resolver todos los problemas de tráfico de ese entorno. Como suele ocurrir con casi todas las obras de infraestructuras (ahora mismo, la Circunvalación necesita de una cuarta fase para acabar con los embotellamientos de la plaza América, el cuento de nunca acabar), terminó resultando insuficiente para absorber toda la circulación y las incorporaciones a la avenida marítima eran insuficientes, en un único carril y, en el caso del sentido sur, tras un irregular recorrido junto a la calle Mendizábal, el Mercado de Vegueta y la parroquia de San Agustín.

El "puente", llamado así en 1974 por la población porque tal infraestructura no era habitual en las carreteras que el todopoderoso MOPU (el Ministerio de Fomento de entonces) construía en las ciudades tal mole, también ha sido una trampa para la avenida marítima, entonces desahogo fundamental para los conductores de la Isla. Cualquier accidente, por leve que fuese, implicaba el atasco del año en la ciudad. El último que se recuerda fue en marzo de 2001, al atravesarse un camión que inutilizó sus tres carriles (el tercero, añadido en 1997) y atrapó a miles de vehículos hasta El Sebadal. Abierta la Circunvalación, su presencia sobra más que nunca.

Y su desaparición sólo traerá aplausos.
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