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La Voz de Gran Canaria

Ejemplar pregón del catedrático Maximiano Trapero en las Fiestas Fundacionales de Las Palmas de Gran Canaria

Ejemplar pregón del catedrático Maximiano Trapero en las Fiestas Fundacionales de Las Palmas de Gran Canaria

La continuidad de los pregones seguirá teniendo sentido, a mi entender, si en ellos se transmiten las ideas de la tolerancia, de la convivencia más provechosa, la de compartir un amor por la ciudad en la que se vive". Con esta declaración de intenciones, el prestigioso catedrático de filología española, Maximiano Trapero, integrada dentro de un amplio texto con carácter más pedagógico, dieron comienzo ayer las Fiestas Fundacionales de la ciudad.


Trapero, de origen leonés aunque residente en Gran Canaria desde hace décadas, leyó el pregón que sirve de preludio a las fiestas de Las Palmas de Gran Canaria ("para mí, el centro del mundo"), y aprovechó para hacer un llamamiento a la tolerancia, después de haber sido él mismo víctima de una agresión xenófoba a manos de unos jóvenes tinerfeños sufrida en la capital santacrucera hace pocos meses.

Al acto, celebrado en la plaza de Santa Ana, acudieron unas mil personas, aunque la mayor afluencia se registró casi al final del pregón, con la llegada masiva de los devotos de José Vélez, cantante que cerró esta primera jornada festiva. Entre la clase política se produjo casi lleno, con la presencia, incluso, del presidente del Cabildo, José Manuel Soria, ausente en ediciones anteriores.

Tras la introducción de la alcaldesa, Pepa Luzardo, Trapero leyó su pregón, que tituló Sobre los primeros nombres de una ciudad atlántica, un texto sobre los topónimos de la capital lleno de referencias a su especialidad, la lengua española. Antes de meterse de lleno con el lenguaje, el catedrático aprovechó para situarse en escena, no en Santa Ana, sino en Canarias, y en Gran Canaria, en concreto, tierra de la que se siente uno más. "Porque más importante me parece a mí el hecho de haber decidido voluntariamente el lugar de residencia que la sola circunstancia del nacimiento [...]; el que ha decidido residir, convivir, en un lugar diferente al de su nacimiento es doblemente afortunado, porque tiene dos madres. Ser de un lugar, proclamarse ciudadano de un lugar es querer serlo, y serlo porque se quiere".

Sin renunciar a su origen peninsular, Trapero proclamó, tras casi 40 años de residencia en las Islas, sentirse tan canario como el que más. "Yo he tenido que aprender a ser canario, pues no fue ése un sentimiento que me fuera dado por nacimiento. Pero creo haberlo logrado por el conocimiento ancho y profundo que me he procurado de sus identidades. [...] Mi canariedad es, pues, fruto del conocimiento".

Antes de entrar con la toponimia, Trapero no quiso desaprovechar el momento para echar un piropo a su ciudad adoptiva. "¡Pero qué gusto pronunciar un nombre hermoso, corto, claro: Las Palmas!" Tras un repaso al desembarco de Juan Rejón que dio lugar a la fundación de la ciudad hace 528 años, el pregonero no olvidó referirse a los ataques del ultrachicharrerismo al nombre de esta Isla. "¡En 1402! Mucho antes, casi un siglo antes de que las islas fueran sometidas por completo a la corona de Castilla. ¡Casi cien años antes de que se hablara el español en todas las Islas, ya una había recibido el nombre de Gran Canaria! ¡Y hay por ahí quien en estos tiempos pretende que se borre por decreto un nombre que tiene seis siglos de historia!" La frase fue saludada con aplausos por el público.

Tras la historia, el pregonero volvió a la actualidad, a vueltas con la toponimia, y llegó hasta el Istmo. "En los tiempos actuales es palabra que se repite mucho, o mejor que se escribe mucho, lo es por un proyecto de altas y grandes miras, de resonancia internacional, y que sin embargo no acaba de encontrar la conformidad de todas las voces locales con autoridad para manifestarse, ni de calar en el entusiasmo general de la ciudadanía", dijo sin que la alcaldesa evitara arrugar la frente.

Se despidió Trapero, aunque casi no pudo hacerlo porque el viento le voló el discurso, haciendo un llamamiento generalizado a ciudadanos y administradores para que el casco viejo de la capital logre el título de Patrimonio de la Humanidad que se pretende. "No es nuestra ciudad, desde luego, ni Toledo ni Santiago de Compostela. Pero tiene algo de que las demás carecen: una historia que se prolonga en América".

Antes de que Trapero ocupara el atril, Pepa Luzardo aludió a la aspiración de la ciudad para convertirse en Patrimonio de la Humanidad. "Por ello, Las Palmas de Gran Canaria debe ser consciente de los grandes retos que debe afrontar hoy si, de verdad, quiere seguir enriqueciendo su legado urbano en este siglo XXI", dijo la alcaldesa, asegurando también que "la capital asiste a una nueva y verdadera refundación".

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