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La Voz de Gran Canaria

Candidaturas patéticas

Candidaturas patéticas

JOSÉ A. ALEMÁN

Tras los dimes y diretes últimos, es evidente que ATI-CC quiere que Adán Martín repita de presidente. Y una vez colocado su candidato en la línea de salida, ordenó silencio hasta finales de este año para impedir a otros posibles aspirantes situarse también en ella.

Nada tengo contra la candidatura adánica y menos a favor. Me da igual Juana que la hermana en esta autonomía sin compostura. Porque no es cuestión de presidenciables sino de que el sistema no funciona como marco integrador; salvo para los negocios.

En Gran Canaria, por ejemplo, se sabe que los áticos no aceptarían un candidato nacionalista canarión. No sé qué piensan de eso los icánicos y los nacionaleros de las demás islas. Del PP no les hablo y en cuanto al PSOE es una putada a López Aguilar intentar traérselo a ver si reanima al muerto. Eso toca hacerlo al conjunto de la clase política canaria que lo mató, no a un Mesías para encima crucificarlo. Y un poco más allá de los partidos y de su entorno está la gente de a pie que acepta, burocráticamente diría, que alguien ha de ocupar la Presidencia porque es lo mandado. No hay más.

La impresión de que esta autonomía va contra Gran Canaria está generalizada y no importa quien sea presidente porque está montada así. Modificarla es tarea ardua que nadie se plantea acometer. Para qué. Pasividad que no le impide a El Día, editorialmente necesitado de “enemigo exterior”, continuar cultivando el imaginario chicha del “sanedrín de Vegueta”. Con éxito pues el otro día, en Santa Cruz, me hablaron de tan siniestro órgano dando por descontada su existencia. Callé, claro, pues no estoy por contrariar las convicciones profundas del prójimo y perderlo de amigo. Quien calla no siempre otorga; a veces sólo está harto.

No creo ya en la unidad de un archipiélago donde se maneja el dislate pueblerino como dato incontrovertible. Sigo considerando necesaria la unidad, pero resulta tan imposible que no merece la pena perseverar. Tiré la toalla ya que la unidad es afán colectivo o no es. Y no es. Quedé out respecto a este asunto pues sería incoherente apostar ahora por la doble autonomía. No me provoca.

Sobre el papel, la reforma estatutaria debería enmendar estas cosas. Pero no necesitamos construcciones teóricas y leyes sino actitudes de grupo y aptitudes personales de miras amplias y visión de Estado; es decir, una cultura política (y de la otra) que no poseen más allá del rifirrafe puntual quienes han de aprobar la reforma. Nada que hacer por ese lado.

La ausencia de debate estatutario sólo ha generado como propuesta de la sociedad incivil, más que civil, quitarle el “Gran” a Gran Canaria y ordenar la enumeración de las islas por tamaños. Ahí está, dicen, la clave de bóveda de la reforma. Patético pero es lo que despachan.

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