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La Voz de Gran Canaria

Un Gobierno autista, según

Un Gobierno autista, según JOSÉ A. ALEMÁN

El otro día les dije cuanto le conviene a Adán Martín aventar el fantasma del insularismo para esconder vergüenzas. Pero no creo que le sirva ya demasiado hacer pasar por insularismo lo que, en realidad, son críticas a su gestión. Un recurso sobado que ni siquiera vale para ocultar que el insularismo que haya o pueda haber es un problema político que corresponde solucionar al Gobierno de Canarias y no al de Merimé.

Hay que generalizar la negativa a aceptar que las críticas al Gobierno sean desautorizadas por insularistas. Y advertir que si eso era posible antes de Internet, éste constituye un poderosísimo medio que permite a los canarios de todas las islas contactar y hablar libremente. La eliminación del condicionante geográfico de la información, tan determinante en los medios tradicionales, permite no sólo la existencia de periódicos digitales sino la conversación directa entre la gente e implica la posibilidad de recibir información de primera mano sin más intermediario que los teclados. A través de la opinión de los lectores sobre los contenidos informativos del periódico digital o mediante el chateo circulan hoy elementos de juicio que le impiden al Gobierno vacilarnos.

Cada vez tiene, pues, el Gobierno menos posibilidades de escaquearse vía el pleito. De eso se olvidaron el PP y las organizaciones empresariales grancanarias afines, que se lanzaron al ruedo a denunciar desequilibrios. Los mismos empresarios que semanas antes, mientras Soria mantuvo la mano en el Gobierno, guardaban un interesado silencio, lo rompieron cuando vieron en la expulsión del PP un quebranto para ellos. Si se fijan, los empresarios y el PP eligieron para el duelo el arma del insularismo que el Gobierno aceptó de inmediato, sabedor de que los empresarios no van a por él sino que pretenden apretarlo un poco para que no los deje en la orfandad; dándole, además, la oportunidad de acallar otras críticas que sí pondrían el peligro al conchabo político-empresarial que les interesa mantener con cualquier Gobierno.

El episodio más reciente del esperpento fueron las embestidas de Mauricio y Fernando González contra los políticos y empresarios de su isla. Levantaron más polvo para que se note menos que es eso, una pelea de intereses enfrentados que también son los suyos. No debió parecer suficiente pues acto seguido vino Paulino Riverto a amenazar con desvelar la trama de empresarios compinchados con el PP y a los que responsabiliza del “rebrote” insularista. Que la desvele, si se atreve, pero no por eso debemos caer en su batalla porque, en realidad, no hacen sino como los machos de algunas especies de aves que agitan sus plumas para intimidarse mutuamente y negociar la sustitución de lo que les funcionaba tan bien bajo el extinto pacto CC-PP. Los animalitos se conocen y sus salidas a la palestra pública a decirse de todo es una mascarada. Dicen que en las porfías quien más grita no tiene por eso más razón pero sí más razones. En eso están, a ver si nos enganchan por algún sitio.

De qué van los unos y los otros, se percibe sin mayor esfuerzo a poco que observemos y sigamos los grandes temas, los asuntos a los que el Gobierno presta atención. Las infraestructuras, el gas, los puertos de Arinaga y Granadilla, qué hacer con los cuartos de la RIC para no tener que devolverlos, Marruecos, el istmo de Santa Catalina, la energía eólica, la UE en lo que toca a los grandes empresarios que esperan sus dineros como agua de mayo y una fiscalidad ventajosa, los trenes y los tranvías... En definitiva, cuanto sume cantidad de ceros a la derecha en beneficio de quienes se han instalado en lo alto de la pirámide, que son quienes pelean. Desde allí no cesan de aplaudir del buen momento económico de las islas, que es sólo el de ellos.

Todo cuanto queda de ahí para abajo parece no interesarle al Gobierno y a sus becarios fijos o estacionales. No entienden la perplejidad de quienes se preguntan qué casta de bienestar económico es ése en el que sigue aumentando el número de pobres, en que los comedores de caridad se ven desbordados y en el que es cada vez mayor el número de ciudadanos a los que no llega el sueldo (o los varios sueldos familiares) a final de mes. Por no hablar de paro y de empleo precario. El deterioro de la Sanidad es tan evidente que escasean los especialistas en la medicina pública sin que preocupe ni mucho ni poco porque hay afán de favorecer a la privada, como se advierte más en Tenerife que en Gran Canaria. Centros de las islas no capitalinas han tenido que recurrir a la contratación de especialistas de otras islas para que se desplacen y pasen consulta una o dos veces por semana. Sin contar la de jóvenes, no sólo médicos por cierto, que están cogiendo la chaqueta para otros lugares porque aquí no encuentran con qué. A Dios gracias, el mundo es ancho.

La revista a esos aspectos que afectan a la calidad de vida no tenidos en cuenta sería interminable. El autismo del Gobierno y sus becarios, notorio. Pásalo.
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