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La Voz de Gran Canaria

Líos estatutarios

Líos estatutarios ÁNGEL TRISTÁN PIMIENTA

Es muy probable que ATI intente convertir la reforma del Estatuto en uno de los temas estrella de la marca nacionalista de aquí al final de la legislatura. Resulta obvio: el actual mandato, gris y muy ´administrativo´, donde aun se están cocinando los conceptos, no tiene ningún atractivo para el electorado. El electorado grancanario está en principio perdido para la causa gracias a la escisión producida en CC. ´Nueva Canarias´, liderada por Román Rodríguez, y ´Compromiso Gran Canaria´ , la organización que está montando Nardy Barrios constituyen un serio drenaje de votos para una Coalición que ha perdido buena parte del poder local que la sustenta y que ha quedado en manos del arrastre que puedan conseguir María del Mar Julios y José Carlos Mauricio. En Tenerife, la adjudicación a la ´banca´ de Hecansa y Socaem, dos brillantes jugadas que llenan de contento a los círculos áticos porque disminuyen la ´capitalidad´ de Las Palmas, no son suficientes para movilizar a las masas, que por otra parte están siendo ´infectadas´ por un virus ecologista que se manifiesta cíclicamente a través de grandes concentraciones de protesta, que han tenido tres mojones
destacados: el tendido eléctrico al sur, el superpuerto de Granadilla, y el rechazo a una autopista tangencial que atravesaría la vega lagunera. El nerviosismo ha afectado a la columna vertebral de ATI, que ve peligrar su monopolio y que adivina un cambio de marea. Un reciente comunicado resucita los fantasmas del contubernio judeomasónico y echa las culpas, muy en la línea con el testamento de Franco, a elementos marxistas leninistas. Y es que de lo que hubo, siempre algo queda. Las raíces de ATI se hunden en la huerta del tardofranquismo. Fueron alcaldes y cargos públicos náufragos de la UCD los que descubrieron un bote salvavidas que, para pasmo y contento de los fundadores, fue adquiriendo condiciones
de trasatlántico.

Pues entre las crisis internas, que tienen ensimismados a los palmeros, absortos a los herreños y preocupados a los majoreros; a lo que hay que sumar el jaleo sin fin de Lanzarote y las vinculaciones con el ´pilismo´; el fin del adormilamiento de los socialistas, que recuperan su condición de oposición con viento favorable, mediante la llegada a las islas del ´efecto Zapatero´, y la aparición de un frente cívico que por primera vez no responde a las instrucciones áticas y que logra reunir a decenas de miles de personas en cada convocatoria ... los estrategas nacionalistas están tocando a rebato e intentando recomponer el puzzle. Es inevitable, porque es elemento inseparable del juego de la guerra, inventar rápido un enemigo exterior con un par, o tres, de buenas causas bélicas. Así pues, a esto responde la creciente crispación artificial contra Madrid: Un buen nacionalista ha de tener polémicas con el Gobierno central, aunque haya sido su culpa que en ocho años no se haya construido la cuarta presa de La Aldea, la de Salto del Perro, y se hayan perdido millones de metros cúbicos de agua en el mar. Y qué mejor que convertir en piedra de escándalo la reforma del Estatuto de Autonomía.

El PSC, que fue quien abrió la puerta a la reforma estatutaria, porque José María Aznar la había cerrado bajo 17 llaves, incluida la de José Manuel Soria, considera que parte sustancial de la modificación tiene que ser un sistema electoral que, como mínimo, incorpore una circunscripción regional, y que flexibilice los topes para que la Cámara pueda ser más representativa... y permitir la forja de mayorías plurales.

A esto, el estado mayor ático ha dicho rotundamente que no, y ha buscado mil subterfugios para explicar lo inexplicable. Uno de ellos es que la ley electoral es una cosa y el Estatuto otra... obviando perversamente que sin embargo las circunscripciones sí que son materia estatutaria, y que nada impide, si hay buena fe, actuar en paralelo. Y es que esto es el meollo del nuevo Estatuto. Nada de lo otro tiene una importancia que no sea circunstancial. Accesoria. Lo fundamental son los equilibrios políticos en la Comunidad y el grado de representación de las fuerzas en liza.
Lo demás es, en el mejor supuesto, técnicas de perfeccionamiento, que están muy bien, pero que políticamente no son decisivas para el ser o el no ser: vincular la seguridad a la policía autonómica es tramposo, y además, tampoco la policía autonómica que se está planteando responde a las singularidades del Archipiélago. Extrapolar el modelo de la Ertzaintza o de los Mossos de Escuadra es un tic... centralista.

En la calle este asunto se recibe con frialdad. El ambiente no se acaba de calentar. Las reivindicaciones que se entienden son las elementales del discurso nacionalista: Canarias y Madrid, y el elemento mercantilista sobre el que tanto se ha insistido: la capacidad de presión y de conseguir mayores contrapartidas. Por ello, la decisión de Juan Carlos Alemán de romper las negociaciones sobre el nuevo Estatuto hasta que se incorpore un acuerdo explícito sobre la reforma electoral deja a Adán Martín sin una gran baza política, porque el consenso entre los dos grandes partidos nacionales es imprescindible para llegar al Congreso con posibilidades de no hacer el ridículo.
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