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La Voz de Gran Canaria

Y encima se llevan a Bill Clinton...

Y encima se llevan a Bill Clinton... TERESA CÁRDENES

Me estoy planteando, lo confieso, hacerme fabricar una chapita revestida de titanio que dé testimonio universal de mi Rh canarión, así como una camiseta con una foto de Bill con la leyenda "Yo sobreviví a la visita de Clinton a Tenerife". Tal vez de este modo pueda superar sin visitar a un psicoterapeuta el trauma de grancanaria consternación en que me sume cotidianamente la visión de este Gobierno mefistofélico que tan pronto nos cambia
el domicilio fiscal de Socaem como nos desacelera la economía sin que nosotros, pobre pueblo sojuzgado, podamos hacer otra cosa que enrolarnos en una corte que llore a gusto sobre el hombro derecho del presidente Soria. No tiene nada que ver.

Pero ayer me ofusqué hasta el límite del ansiolítico al comprobar, con mi declaración de la renta en la mano, cuán paupérrima es mi deducción por compra de vivienda en comparación con el pingüe negocio de un vecino de planta que, camuflado tras su SL, pudo comprarse el ático de mis sueños con sus ahorros RIC. Ya en pleno frenesí fiscal, ofendí de pensamiento a todos los antepasados del actual ministro de Hacienda por obligarme a declarar si tengo casa propia o de alquiler, lo que de ser cierto me convertiría de inmediato en chivata de un hipotético casero, mientras los empresarios de Canarias se lamentan de no tener ya en qué gastarse la dichosa Reserva para Inversiones.

Mi cabreo fue a más despuésde comprobar que la jueza que va a ocuparse de la violencia contra las mujeres empieza a trabajar sin despacho, ni ordenador, ni equipo psicosocial, porque el presupuesto de Justicia no ha dado todavía para tanto. Por no hablar del año, ¡2008!, que se ha puesto como meta el hospital Negrín para acabar con las listas de espera. Pero entonces, exhausta ya en medio de tanta calentura tributaria, social y sanitaria, reparé en el ungüento adormecedor del pleito. Pensé en mi chapita y en mi camiseta y di las gracias
en silencio a Soria, a Luzardo y a Mario Rodríguez por aliviar mi atormentado espíritu.
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